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José Manuel Cansino

El contubernio del BCE en la compra de deuda

Es fácil que la opinión pública se preocupe cuando la deuda pública acumulada por un país supera el 100 % de su PIB. Es paradójico que no repare en que para cualquier hipotecado, la deuda con el banco supera el 100 % de sus ingresos anuales

No son pocos los analistas financieros con eco mediático que denuncian presiones del Banco Central Europeo (BCE) contra la economía francesa. Presiones realizadas mientras que favorece a otras economías europeas más endeudadas como la italiana o la griega.

Los ratios de deuda pública sobre PIB de estos tres países son 113 % (Francia), 135 % (Italia) y 154 % (Grecia). En una lógica sencilla en la que el BCE está en retirada de seguir siendo el garante de la compra de toda deuda pública emitida, lo normal sería que las primas de riesgo o sobre precio a pagar a los compradores de deuda fuese en el orden de mayor a menor, Grecia, Italia y Francia.

Sin embargo, no es así. Los valores de las primas son de 80 puntos básicos para Italia, 78 para Francia y 67 para la muy endeudada Grecia. Quienes denuncian prácticas de favoritismo en el BCE dejan entrever que la autoridad monetaria con sede en Frankfurt estaría sobre comprando deuda griega e infra comprando deuda francesa. Las dudas se despejarían de saberse la cuantía de la deuda que el BCE compra directa o indirectamente de cada país. No es posible saber esto y, de saberse, alentaría las prácticas de los especuladores.

Es fácil que la opinión pública se preocupe cuando la deuda pública acumulada por un país supera el 100 % de su PIB. Es, sin embargo, paradójico que no repare en que para cualquier hipotecado, la deuda con el banco supera el 100 % de sus ingresos anuales (que vendrían al PIB de cada persona). También es paradójico que la preocupación sólo ponga en foco en el endeudamiento público y no también en el privado. Pero las cosas son así.

La pregunta que planteamos aquí es el por qué Grecia tiene una prima de riesgo inferior que la francesa y por qué en Italia, con un nivel de endeudamiento marcadamente superior al francés, la prima de riesgo es prácticamente la misma y la preocupación política y social, mucho menor.

La carga inmediata que supone el mantenimiento del estado del bienestar es una primera explicación. Además es bien conocida. La edad promedio efectiva de jubilación en Francia es de aproximadamente 60,7 años, en Italia de 67 años, y en Grecia también de 67 años. No obstante, esto sólo explicaría una cuestión coyuntural pues, en unos años, el peso de las pensiones de jubilación también sería determinante en Italia y Grecia.

Por otra parte, los niveles de déficit público en estos países no ayudan demasiado a explicar su diferente coyuntura; Grecia y Francia registran abultados pero similares déficit públicos sobre el PIB (5,4 % y 5,8 %, respectivamente) mientras que el Italia fue el 3,4 % en 2024.

Un hecho diferencial que golpea la economía francesa es la quiebra de su influencia colonial en África. Con esta quiebra ha venido también la pérdida de notoriedad del franco africano o «franco CFA». Estrictamente no es una moneda. En realidad son dos monedas, el XOF en África Occidental y el XAF en África Central. Ambas mantienen una paridad fija frente al euro (1 € = 655,957 CFA). La convertibilidad con el euro la garantiza el Tesoro francés. Si una de las zonas sufre un choque externo y no puede atender pagos en divisas, Francia se compromete a proveer euros al país en crisis para mantener la paridad. La mecánica asegura, además, la libre transferibilidad de capitales dentro de la «zona franco».

Comercialmente, el anclaje del Francia africano al euro reduce el riesgo cambiario para empresas francesas, pero el volumen comercial es, desde hace años, modesto en comparación con el que los países asociados mantienen con China.

Apenas unos días antes de la comparecencia de Macron en enero de 2025 frente a su cuerpo diplomático, tres de sus principales aliados en el continente, Senegal, Chad y Costa de Marfil, habían anunciado por sorpresa la retirada de las tropas francesas de su territorio durante el año. Este movimiento fue precedido por los golpes de estado respaldados por Rusia en Mali (2020 y 2021), Burkina Faso (2022) y Níger (2023), que auparon al poder a regímenes militares muy críticos con Francia. La crisis colonial es un golpe más a la economía gala pero no el más importante.

El por qué de la menor presión sobre Grecia que sobre Francia se encuentra en la gestión de la devolución de deuda que está haciendo el país heleno. En mayo de 2025, Grecia anunció su intención de reembolsar los 31.600 millones de € restantes del acuerdo sobre el préstamo de 2010 (el Greek Loan Facility –GLF–) una década antes de lo previsto. Esta medida se suma a la amortización anticipada de préstamos por valor de 20.100 millones de euros al FMI, completada en 2022, y también a los reembolsos anticipados del GLF por 5.290 millones en 2023. Grecia está cumpliendo adelantadamente con su calendario de pagos.

La diferente presión sobre las economías italiana y francesa es más difícil de explicar. La vida media de la deuda pública italiana es de 7 años; la de Francia de unos 8 años y medio. La prima italiana debería ser marcadamente mayor que la francesa pero sólo la supera en dos puntos básicos, esto es, en un 0,02%. Ahora bien, es muy difícil saber si el BCE está dejando de respaldar a la economía francesa por no ser capaz de encontrar un gobierno capaz de llevar adelante recortes en el gasto. Un recorte que la sociedad francesa está determinada a rechazar como si aún fuese una metrópoli extractivista.

  • José Manuel Cansino. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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