25 de septiembre de 2022

Grupo de personas esperando turno para obtener un plato de comida en los jardines de la embajada alemana de Madrid. Año 1936

Grupo de personas esperando turno para obtener un plato de comida en los jardines de la embajada alemana de Madrid. Año 1936Otto Wunderlich / IPCE

La actuación humanitaria del diplomático checo Zdenko Formanek en la Guerra Civil y la posguerra

Para numerosos diplomáticos extranjeros había estallado en el verano de 1936 una revolución social y política que amenazaba la vida de miles de españoles

La mayor parte de Legaciones y Embajadas representadas ante España, ante el estallido de una violenta represión en la zona republicana durante la Guerra Civil, decidieron apoyar una generosa política de asilo diplomático. Para numerosos diplomáticos extranjeros, había estallado en el verano de 1936 una revolución social y política que amenazaba la vida de miles de españoles.
Robert Flieder, el embajador checo, decidió trasladarse desde San Sebastián al sur de Francia, como el resto de sus colegas, dejando al frente de su Legación en Madrid a Zdenko Formanek (1889-1962). Este veterano diplomático –dotado de serenidad y buen juicio– protegió a más de 204 españoles, entre mujeres, hombres y niños, a los que salvaguardó de la violencia desatada en el Madrid republicano. En este sentido, actuó de acuerdo a los criterios de otros jefes de Misión como el encargado de negocios de Noruega, Félix Schlayer. Precisamente, este último le comunicó su descubrimiento de las fosas de los asesinados en Paracuellos del Jarama en noviembre, por lo que Formanek envió un informe a Flieder y al Ministerio de Relaciones Exteriores en Praga. A pesar de conocer estos hechos y otros ligados a la represión política, Checoslovaquia no rompió relaciones con el Frente Popular, ya que le beneficiaba que Alemania, en vez de dirigir sus ambiciones hacia ella, se concentrara en el conflicto español. Por ello, Praga no puso obstáculos en favorecer el comercio de armas con el gobierno republicano.
Zdenko Formanek y su esposa Eugenia Formenkova

Zdenko Formanek y su esposa Eugenia FormenkovaAntonio Manuel Moral Roncal

Ante el avance de las tropas nacionales sobre la capital, a comienzos de noviembre de 1936, Formanek consultó con sus superiores sobre la posibilidad de asilar a familias republicanas, pues creyó inminente la caída de Madrid. También realizó gestiones para salvar la vida de cónsules honorarios checos –españoles en su mayoría– amenazados en la zona vasca dominada por el Frente Popular. Pero las tropas nacionales no lograron entrar y las Legaciones tuvieron que enfrentarse al dilema de cómo evacuar a sus más de 10.000 refugiados.
Las excelentes relaciones oficiales entre Praga y Valencia fueron utilizadas por Formanek para lograr la salida de la mayor parte de sus asilados en abril de 1937. Una expedición partió de la capital rumbo a Valencia, donde un barco francés trasladó a los refugiados a Marsella, bajo su supervisión. Desde allí, las mujeres, niños y ancianos se trasladaron a la España nacional mientras 38 hombres en edad militar, acompañados de nueve mujeres, fueron conducidos hacia Sedmihorky, tal y como se estipulaba en el acuerdo de evacuación. A finales del mes de agosto, los diez militares asilados que aún permanecían en la Legación checa fueron traspasados a la Embajada francesa mientras –a petición del ministro socialista Álvarez del Vayo– Formanek era sustituido en su cargo por el escritor Z. Nemecek, un izquierdista favorable al Frente Popular. En el mes de octubre, el contraespionaje republicano interceptó dos cartas que demostraban que el diplomático checo ayudaba a otras Legaciones a asilar a personas de derechas, siguiendo consejos dictados, desde San Sebastián, por Félix Schlayer. A comienzos del año siguiente, Formanek abandonó el país, siendo destinado al Ministerio checo de Relaciones Exteriores.

Zdenko Formanek y su esposa fueron condecorados por los méritos contraídos por su labor de protección diplomática

El 27 de enero de 1939, Praga reconoció de jure a la victoriosa España nacional y, dos meses más tarde, informaba a Madrid que enviaría como representante a Zdenko Formanek, el cual regresó a su puesto, pese a que el escenario político sufrió una grave convulsión cuando, a mediados de mes, Hitler ocupó el resto del Estado checoslovaco. En consecuencia, la representación en España fue entregada a los alemanes, pero Formanek permaneció como hombre de confianza del Gobierno checo exiliado. Durante la Segunda Guerra Mundial, los franquistas aceptaron su estancia en Madrid a condición de que no ejerciera ningún tipo de actividad manifiestamente antialemana. Al ser un hombre discreto, recibió todo tipo de facilidades. Por decreto de 6 de septiembre de 1940, tanto él como su esposa Eugenia Formenkova fueron condecorados con la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia por los méritos contraídos por su labor de protección diplomática.
Formanek realizó toda clase de gestiones humanitarias con los brigadistas checos encarcelados en los campos de San Pedro de Cardeña y Miranda de Ebro. Su objetivo era evitar que fueran traspasados a los alemanes, ya que su destino era la muerte o los trabajos forzados. De esa manera, proporcionó dinero, mantas, ropas y alimentos a sus compatriotas mientras impedía su repatriación, lo que consiguió finalmente. Mantuvo intensos contactos con la Embajada británica, por lo que se sospechó de su colaboración en actividades de espionaje a favor de los Aliados. En julio de 1944, tras el desembarco en Normandía, fue reconocido como representante del auténtico gobierno checo.
Tras la guerra, la progresiva sovietización de Checoslovaquia y el golpe de Estado comunista en febrero de 1948 ahondaron la ruptura con la España franquista. Formanek se negó a volver a Praga, declarándose embajador en el exilio de una Checoslovaquia libre. A finales de 1949, Zdenko Formanek organizó y presidió un Comité de Asistencia a los Refugiados Checoslovacos, formado por ocho miembros. A pesar de ser anticomunista, estuvo muy poco vinculado al Comité de Naciones Oprimidas por el Comunismo que se organizó en España, y al que pertenecieron todos los embajadores oficiosos de los gobiernos exiliados de los países del Este europeo. Mantuvo una vida discreta hasta su muerte, como el caballero que fue.
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