25 de septiembre de 2022

Infantería polaca marchando en 1939

Infantería polaca marchando en 1939

Las consecuencias para Polonia de la Segunda Guerra Mundial

Ante el «ataque polaco», el führer dio luz verde a un ataque aéreo de una hora y la irrupción por la frontera de 54 divisiones, seis de ellas acorazadas y otras ocho motorizadas, comenzando la Blitzkrieg (guerra rápida)

El 1 de septiembre de 1939 Polonia era invadida por Alemania y comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Polonia había resurgido de sus cenizas en 1918, pero desde el fracaso bolchevique en 1920, la URSS de Josif Stalin ambicionaba la restauración de las antiguas fronteras del Imperio Ruso. A su vez, la nueva Alemania de Adolf Hitler, quien había subido al poder en 1933, creía en la reunión de todos los pueblos germanos y en la conquista de su «espacio vital» (Lebensraum) en el Este, rememorando su «Drang nach osten» histórico. Ambos vecinos firmaron en Moscú, el 23 de agosto de 1939, el Pacto Ribbentrop-Mólotov. El tratado era un pacto de no agresión, pero añadía un protocolo secreto en el que se detallaba la repartición de los territorios de los Estados soberanos de Estonia, Finlandia, Lituania, Polonia y Rumanía entre ambas potencias.
Pacto Ribbentrop-Mólotov Alemania nazi con la Unión Soviética

Pacto Ribbentrop-Mólotov Alemania nazi con la Unión Soviética

Respuesta alemana ante el «ataque polaco»

En 1937, Hitler había exigido la anexión de la ciudad libre de Danzig (Gdansk en polaco), que el Tratado de Versalles había puesto bajo protección de la Sociedad de Naciones, y el acceso ferroviario a través del corredor polaco. Al año siguiente, Alemania aplicó el Anschluss (anexión) de Austria, y poco después de los Sudeste, la región fronteriza, poblada por alemanes étnicos, de Checoslovaquia, siguiéndose con la desmembración de este país. Ante la dejación de Francia y Gran Bretaña, Alemania prosiguió su presión contra Polonia, amparada en su pacto con la URSS.
El 31 de agosto de 1939, un comando de miembros de SS, el servicio secreto del partido nazi, con uniformes polacos, se adueñaron de un puesto aduanero alemán y de la emisora de radio de Gleiwitz, un pueblo fronterizo de la alta Silesia, donde lanzaron proclamas en contra de Alemania y abandonaron los cadáveres de varios nacionalistas polacos asesinados previamente. Ese mismo día varios comandos brandeburgueses (servicio secreto del ejército), vestidos con ropas civiles, se adueñaron de puentes y estaciones ferroviarias. Ante el «ataque polaco», el führer dio luz verde a la Fall Weiss, que se inició con un ataque aéreo de una hora y la irrupción por la frontera de 54 divisiones, seis de ellas acorazadas y otras ocho motorizadas, comenzando la Blitzkrieg (guerra rápida).
Desde Prusia irrumpió el grupo de ejércitos del general Fedor von Bock, y desde Silesia y su aliada Eslovaquia, el grupo de Gerd von Rundstedt. Entretanto, el anticuado acorazado «Schleswig-Holstein», pero poseedor de una pesada artillería, cañoneó la fortaleza de Westerplatte, convirtiéndose su ataque en la primera acción de la guerra. En el bombardeo masivo de la Luftwaffe de las comunicaciones y centros de abastecimiento polacos, se destruyó la inofensiva ciudad de Wielun, matando a 1.200 de sus habitantes, para aterrorizar a la población y expulsarla a los caminos, imposibilitando los movimientos de las unidades polacas.

Invasión soviética de Polonia

El 17 de septiembre, de acuerdo con el Pacto Ribbentrop-Mólotov, los soviéticos entraron por la frontera oriental, adueñándose de las provincias del este y de las tropas polacas situadas allí. El 6 de octubre la campaña de Polonia había finalizado, el balance fue de 70.000 polacos muertos y 134.000 heridos; y 16.000 soldados germanos muertos y 32.000 heridos. Sin embargo, grupos especiales germanos habían iniciado la ejecución masiva de judíos y nacionalistas polacos para desarticular una posible resistencia.
Tropas del Ejército Rojo avanzando, invasión soviética de Polonia, 1939

Tropas del Ejército Rojo avanzando, invasión soviética de Polonia, 1939

En su parte, los soviéticos eliminaron a las élites polacas, el caso más clamoroso fue la matanza de Katyn, donde fueron asesinados 22.000 oficiales de las tropas rendidas por los soviéticos, para crear una nueva sociedad comunista, eliminando sus elementos contrarrevolucionarios. A su vez, en la parte ocupada por los germanos, se eliminó a la élite polaca (profesores, sacerdotes, profesiones liberales…) para reducir a su población a una masa amorfa de trabajadores esclavos, bajo el control de capataces alemanes étnicos y colonizadores alemanes. Después de seis años de guerra y ocupación, más de seis millones de ciudadanos polacos habían sido asesinados, casi la mitad de ellos judíos, en los campos alemanes de exterminio, asentados en el territorio ocupado.

Después de seis años de guerra y ocupación, más de seis millones de ciudadanos polacos habían sido asesinados, casi la mitad de ellos judíos

La identidad polaca en peligro

A nivel exterior, los polacos supieron salvar la representatividad de su soberanía cuando su jefe de Estado, el prestigioso químico Ignacy Moscicki, quedó retenido en Rumanía, pero aceleró su traspaso de poderes al portavoz del Senado, Wladyslaw Raczkiewicz, con libertad de acción en París, para que le sucediese en la jefatura del Estado. Sin embargo, será su primer ministro y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en el exilio, quien se convierta en el líder moral de la Polonia combatiente, el general Wladyslaw Sikorski. Este antiguo mando militar será el responsable de que Polonia, en cifras, se convierta en la tercera potencia aliada.
Sikorski (der.) visitando a las tropas polacas en la URSS en diciembre de 1941, tras la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países

Sikorski (der.) visitando a las tropas polacas en la URSS en diciembre de 1941, tras la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países

Primero en Francia, y luego en Gran Bretaña, Sikorski reconstruirá por dos veces sus fuerzas, tomando como base la amplia base de polacos de la diáspora, y los soldados fugitivos que huían por España hacia Portugal. De esta forma se articulará el I Cuerpo de Ejército Polaco, escuadrones aéreos y tripulaciones de la armada, que participaron en todos los frentes de la guerra. A estas fuerzas se añadirán las fuerzas del general Wladyslaw Anders, formadas en la URSS, con 96.000 supervivientes de los gulags soviéticos. Aquellos espectros andantes, como los describió Jozef Czapski en su libro En tierra inhumana, formaron el II Cuerpo de Ejército polaco, que se convertirá en mítico en su lucha en Montecassino. Las Fuerzas Armadas polacas en occidente llegaron hasta los 200.000 hombres.
Sin embargo, el sacrificio polaco no servirá para preservar la soberanía de su nación. Las reivindicaciones territoriales soviéticas serán aceptadas por sus aliados occidentales, a espaldas del legítimo gobierno polaco. La aceptación del cambio de fronteras, con su obligado traslado poblacional de millones de personas, fue el mayor realizado en la historia del continente. Sus antiguas provincias orientales, de población mixta, fueron «limpiadas» de sus elementos polacos, primero por los nacionalistas ucranianos y luego finalizada por los soviéticos. Polonia entraba en otra fase de su historia.
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