06 de octubre de 2022

Reunión de Ceaușescu, con el presidente de Corea del Norte, Kim Il-sung, en 1971

Reunión de Ceaușescu, con el presidente de Corea del Norte, Kim Il-sung, en 1971

Picotazos de historia

Las malas pulgas del dueño del coronel Corbu

La visita del presidente de Rumanía Nicolae Ceausescu a Corea del Norte abrió una nueva perspectiva que hizo que realizasen auténticas locuras por el culto a su persona

El matrimonio Ceaucescu, en 1971, visitó Corea del Norte. El contacto directo con Kim Jong Il, la megalomanía y el culto a la personalidad del dictador de Corea abrieron una perspectiva nueva a la pareja con respecto a su propia valía y grandeza. Desde la vuelta de ese viaje las anécdotas e historias de las locuras de la familia Ceaucescu llenan libros.
En 1978, el líder del partido liberal en la oposición de Gran Bretaña, David Steel (hoy Lord Steel) visitó Rumanía. Los Ceaucescu se volcaron con él y, el británico, deseando tener un detalle que mostrara su agradecimiento, les regaló uno de los cachorros de raza labrador que había tenido. Nicolás Ceaucescu estaba encantado con el regalo y llamó al cachorro «Corbu» (cuervo en rumano) por el color de su pelaje. Corbu pronto se convirtió en una figura conocida por los rumanos. Se le veía acompañando a sus amos o solo a Nicolás. También era fácil verle recorrer las calles de Bucarest en el asiento de atrás de un coche Dacia oficial que tenía para su uso. El perro tenía su propio equipo de veterinarios que, incluso, cataban su comida para comprobar que no estuviera envenenada. Al principio el pueblo le llamó «camarada Corbu», pero con el transcurrir del tiempo y aumentar la megalomanía y locuras del matrimonio, hasta el perro empezó a teñirse de un tinte siniestro y pasó a ser conocido como «coronel Corbu».
En 1977 se produjo un terremoto que afectó gravemente a la ciudad de Bucarest. Nicolás Ceaucescu aprovechó la oportunidad para iniciar unas obras, para crear una gran avenida inspirada en la de los Campos Elisios de París. En aras del proyecto se sacrificaron edificios históricos y 22 iglesias, incluso se obligaba a los propietarios de las viviendas a firmar un documento haciéndose cargo del coste de la demolición. La avenida terminaría en una gran plaza donde estaría el palacio del parlamento nacional. Más o menos donde se tenía pensado que se alzara el futuro edificio del parlamento se encontraba el hospital Brancovenesc.
Terminado en 1838 por la viuda del último miembro de la familia Brancoveanu, que reunió todas las posesiones familiares para crear un hospital que atendiera a los pobres y fuera facultad de medicina, el hospital era una maravilla arquitectónica. Tras los sucesivos gobiernos había sido adquirido por el Estado y pasó a ser la referencia médica en ortopedia y traumatología en Rumanía y había sido reformado hacía poco.
El viernes 26 de marzo de 1984 Nicolás Ceaucescu visitó el hospital acompañado por el «coronel Corbu». Ocurría que el hospital, como la mayor parte del distrito de Urano en Bucarest, tenía una plaga de ratas en el sótano del edificio y, para combatirlas contaba con un número de gatos que deambulaban por el hospital. Nada más iniciarse la visita el «coronel Corbu» vio a uno de los gatos y se lanzó contra él. Los animales se enzarzaron en una ruidosa pelea hasta que fueron separados por el horrorizado personal del hospital. Ceaucescu al ver a su adorado perro con el morro ensangrentado, furioso, dio media vuelta y abandonó el edificio. El lunes 29 de marzo de 1984 se inició la demolición de uno de los edificios más bellos de Bucarest, referencia médica de su país y que daba asistencia a más de 50.000 personas todos los años.
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