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27 de febrero de 2024

Fotografía de grupo de la familia del Príncipe Heredero Alfredo de Sajonia-Coburgo y Gotha celebrando su mayoría de edad, Coburgo, 1892.

La familia del Príncipe Heredero Alfredo de Sajonia-Coburgo y Gotha celebrando su mayoría de edad, Coburgo, 1892.

Dinastías y poder

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En plenos festejos por las bodas de plata de sus padres ocurrió la tragedia: el cuerpo moribundo del joven heredero del ducado de Coburgo-Gotha aparecía desnudo, tendido en el suelo del palacio Friedenstein. Sólo una planta más abajo, en el salón del trono, todavía se escuchaba el sonido de la orquesta en el gran baile de gala organizado con motivo de la celebración. Lo que había ocurrido en el seno de la familia ducal no podía trascender.
Tan sólo unas breves referencias en la prensa de febrero de 1899 dan alguna pista de lo ocurrido. Alfredo de Sajonia-Coburgo, Affie, siempre fue un niño engreído y atolondrado. Nieto de la Reina Victoria y del zar Alejandro II tenía demasiada idea de su importancia. Su padre era el Príncipe Alfredo, segundo hijo de la Reina británica y duque de Edimburgo hasta su proclamación como soberano del pequeño, pero influyente, ducado de Coburgo-Gotha. Su madre era la gran Duquesa rusa María Alexandrovna, inmensamente rica y dueña de la más fascinante colección de zafiros de la época: su galería de joyas en Clarence House –residencia de la familia en Londres– era la envidia de sus cuñadas.
Príncipe heredero Alfredo de Sajonia-Coburgo y Gotha, 1893

Príncipe heredero Alfredo de Sajonia-Coburgo y Gotha, 1893

El matrimonio tenía además otras cuatro hijas, llamadas a tener notable importancia entre las dinastías europeas. La mayor, Missy, fue Reina de Rumanía y la más pequeña Bee, casó con el infante Alfonso de Orleans, servidor incondicional de su primo Alfonso XIII. Había otras dos, Ducky quien protagonizará escándalo matrimonial y posterior unión con su primo Kirill Romanov y Sandra, la menos guapa y más sensata de la familia.
Alfredo de Edimburgo y María se habían convertido en Duques de Coburgo en 1893 a la muerte de Ernesto II, hermano del príncipe Alberto, esposo de Victoria, de ascendencia alemana. Era por tanto su único hijo varón, Affie, quien estaba llamado a suceder a su progenitor. El joven, que había nacido en Buckingham en 1874, fue educado en Berlín y Potsdam para formarse como un buen teutón lejos de las injerencias británicas. Desde niño, los informes que llegaban sobre su conducta eran negativos. Ingresó en el Ejército del joven Guillermo II (su primo) y la situación se complicó: solitario, aunque pendenciero, dicen que comenzó a frecuentar la «Sociedad de los desahogados», un selecto club que agrupaba a los elementos díscolos de la realeza europea; vividores, juerguistas y aficionados al juego. En apenas una noche perdió centenares de miles de francos. Estaba demacrado y lucía una delgadez extrema. En los actos de jubileo por los sesenta años en el trono de su abuela Victoria en 1897, llamó la atención lo enfermizo de su aspecto.
La situación llegó a extremos alarmantes a comienzos de 1899. Sus padres aunque no bien avenidos, habían decidido festejar a lo grande sus veinticinco años de matrimonio. Lo hicieron en el palacio Friedenstein, elevado sobre la ciudad de Gotha como uno de los primeros palacios barrocos de Alemania. Asistirían, entre otros, el kaiser Guillermo, el gran Duque Sergio con su guapísima esposa, Ella, y varios representantes de la corte británica. El joven llegó apenas unas horas antes del comienzo de las celebraciones. Posó para una fotografía de James Russell, uno de los retratistas más demandados por la realeza, pero no se presentó al baile de gala. Decía que no se encontraba bien.
El príncipe Alfredo (en el borde derecho de la imagen) con su madre, hermanas y primas en la coronación del zar Nicolás II y la zarina Alexandra

El príncipe Alfredo con su madre, hermanas y primas en la coronación del zar Nicolás II y la zarina Alexandra

Fue un miembro del servicio quien encontró el cuerpo semiinconsciente del joven heredero en su dormitorio. Avisó a su superior y este a los duques que acababan de retirarse tras despedir a los invitados. Aquello era un escándalo. ¿Qué podía hacerse? Desatendiendo la recomendación del doctor Bemkart, facultativo de la familia, tomaron la decisión más desacertada: trasladar al joven, agonizante, al sanatorio de Martinsbrunn, en Meran (hoy Merano) entonces en el Tirol del Imperio Austrohúngaro. En tren no estaba lejos pero el estado de Affie era crítico. Sin embargo, la honorabilidad de los Coburgo prevalecía ante el escándalo. Ellos se quedaban en Gotha, en el colofón de sus festejos.
Murió a los dos días de su llegada, sólo acompañado del doctor y uno de sus criados. El escándalo entre la realeza resultó mayúsculo. Sus restos fueron devueltos a Gotha y enterrados en la bóveda de la Iglesia del Palacio. Times hablaba de un tumor en la cabeza, El Globo de una afección cerebral y La Época mencionaba una «larga y penosa agonía» (7 febrero 1899). Illustrated London News aludía a depresión nerviosa acompañada de insoportables dolores de cabeza (11 febrero 1899). Otros referían una afección crónica, reblandecimiento cerebral y sólo el español La Izquierda Dinástica, tomando como fuente los periódicos belgas, hablaba de suicidio provocado por escándalos de juego (La Izquierda Dinástica, 20 febrero 1899).
La relación entre Alfredo y María nunca se recuperó. El duque moría apenas unos meses después. Coburgo pasaba a tener una regencia desempeñada temporalmente por Ernesto de Hohenlohe-Langenburg, esposo de Sandra, una de las cuatro hijas del matrimonio. Después, asumió la soberanía de Coburgo-Gotha, el duque de Albany, nieto también de la Reina Victoria (hijo de Leopoldo, octavo hijo de Victoria) quien, tras su abdicación en 1919 terminará simpatizando con el partido nazi.
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