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28 de febrero de 2024

La Cámara de Ámbar en el Palacio de Catalina. Placa autocroma de 1917, una de las pocas fotos en color que existen

La Cámara de Ámbar en el Palacio de Catalina. Placa autocroma de 1917, una de las pocas fotos en color que existen

Picotazos de historia

La cámara de ámbar o la octava maravilla del mundo que desapareció en la Segunda Guerra Mundial

El pequeño gabinete de quince metros cuadrados había crecido hasta cubrir una sala de cincuenta y cinco y para su construcción hicieron falta más de seis toneladas de ámbar y miles de piedras semipreciosas talladas y pulidas por maestros lapidarios

En 1707 el nuevo Rey de Prusia Federico I encargó al maestro arquitecto Johann Friedrich Eosander von Gothe la construcción de una cámara o gabinete para su residencia de verano, en el palacio de Charlotteburg en el distrito berlinés del mismo nombre. Eosander se apoyó en un maestro tornero de ámbar, Gottfried Wolffram, quien recientemente había entrado al servicio de la casa de Hohenzollern.
Ambos maestros construyeron una maravillosa composición en ámbar, unido con hilos de oro y adornado con piedras semipreciosas que forrarían una habitación del palacio de unos quince metros cuadrados. El resultado fue deslumbrante.
En 1716, estando de visita el Emperador Pedro I de Rusia quedó subyugado por la belleza de la cámara. El Rey Federico Guillermo I –conocido por la historia como «el rey sargento»– se la regaló al zar junto con un magnífico yate que le esperaba atracado en el puerto de Potsdam. Desde ese momento las relaciones entre Federico Guillermo y Pedro siempre fueron más que amistosas.
Durante años los maravillosos paneles permanecieron embalados o parcialmente exhibidos. No se encontraba una ubicación adecuada y hubo que esperar a la Emperatriz Isabel I (reinó de 1741 hasta 1762 ). Esta hija de Pedro I encargó al maestro Alexander Martelli el rediseño de los paneles para su instalación en una sala del palacio de Invierno de San Petersburgo (no el actual que es el cuarto palacio de Invierno, el anterior, el tercer palacio de Invierno) y, definitivamente, en el palacio de Catalina en Tsarkoye Selo.
Fotografía coloreada a mano de la Sala Ámbar original, 1931

Fotografía coloreada a mano de la Sala Ámbar original, 1931

La última sala, la del palacio de Catalina II, elegida para su instalación era cinco veces más grande por lo que se encargó al arquitecto Bartolomeo Francisco Rastrelli la obra, quien añadió los elementos arquitectónicos y los espejos. Federico II de Prusia, enterado del interés y molestias que los rusos se tomaban con el regalo de su padre, les ofreció los planos originales, piezas descartadas e inconclusas así como artesanos especialistas en la talla y pulido del ámbar y acceso sin restricciones a la zona del mar Báltico controlada por Prusia para el suministro de este preciado fósil.
Todo ello con idea de facilitar la instalación definitiva de lo que empezaba a considerarse entre las cortes europeas como la nueva maravilla del mundo. Como muestra de agradecimiento y respeto, desde principios del siglo XIX, en el centro de la sala de ámbar preside una miniatura en plata de la escultura ecuestre de Federico II que se encuentra en Berlín.
El resultado final fue de una deslumbrante belleza. Paneles y más paneles compuestos por piezas de ámbar tallado, de diferentes tonos y color, haciendo mosaico y composiciones, alternado con columnas doradas y espejos que daban una mayor profundidad a la sala. El pequeño gabinete de quince metros cuadrados había crecido hasta cubrir una sala de cincuenta y cinco y para su construcción habían hecho falta más de seis toneladas de ámbar y miles de piedras semipreciosas talladas y pulidas por maestros lapidarios.
Detalle de un de las paredes de la reconstruida Sala de Ámbar

Detalle de una de las paredes de la reconstruida Sala de Ámbar

La cámara fue una de las víctimas del conflicto que asoló a la humanidad desde 1939 hasta 1945. En 1979, el gobierno soviético intentó crear una réplica basándose en colecciones de fotografías, los planos originales y una única fotografía en color. Este proyecto pudo completarse gracias a la ayuda financiera de Alemania y hoy se puede admirar en la sala que ocupaba el original, en el palacio de Catalina.
La cámara original continua desaparecida. El ámbar es frágil, es delicado, por lo que, aún en el caso de que no hubiera sido totalmente destruido, su deterioro continuado en condiciones adversas de conservación hace que sea muy probable que haya desaparecido para siempre.
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