10 de agosto de 2022

El presidente chino Xi Jinping (izq.) y el presidente de EE.UU, Joe Biden

El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente de EE.UU, Joe BidenNicolas Asfouri, Nicholas Kamm / AFP

Juegos de Guerra: simulacro de conflicto en el mar de China

La realidad es que, en un conflicto sobre Taiwán, China consideraría todas las opciones convencionales y nucleares

Los tambores de guerra y el sonido de sables no paran de escucharse desde que hay guerra en Europa. Suena por todas partes. A veces son tambores lejanos.
No es la primera vez que desde esta colaboración se llama la atención sobre el peligro en el mar de la China Meridional, una región que comprende, siguiendo las agujas del reloj, a China, Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi, Indonesia y Vietnam.
Recientemente el Center for a New American Security en colaboración con el programa de la NBC Meet the Press ha simulado lo que ocurriría si China intentara invadir Taiwán por la fuerza y Estados Unidos acudiera en ayuda del gobierno de Taipéi.
El resultado del juego es que la escalada superaría con creces la actual situación de tensión en Europa.
La simulación planteaba una crisis ficticia ambientada en 2027, con el objetivo de examinar cómo podrían actuar Estados Unidos y China bajo determinadas condiciones y demostró que la modernización militar de China y su expansión en arsenal nuclear facilitarían que una lucha entre las dos potencias llegaría fácilmente a una guerra nuclear.
La estrategia bélica de China se basa en la capacidad de proyectar su poder militar convencional a varios miles de kilómetros de distancia, para evitar que el ejército estadounidense pueda contrarrestar eficazmente un ataque chino en Taiwán. Como añadido su creciente arsenal nuclear proporciona a Pekín una fuerza coercitiva y una capacidad bélica que podrían aumentar los riesgos de guerra y escalada.
Teniendo en cuenta la importancia política que el gobierno de Pekín otorga a la unificación con Taiwán, si el Gobierno chino decidiese invadir la isla, los más seguro es que sus dirigentes la hagan decididamente sin permitirse aceptar el fracaso. Una derrota perjudicaría gravemente la legitimidad del régimen comunista chino.
Por eso, un conflicto en la zona, contendría un mensaje muy claro: Si Estados Unidos y sus aliados salen en defensa de Taiwán deben conocer que los costes serán tan elevados que no les merece la pena enfrentarse a esta hipotética invasión.
Tras una decisión tan contundente entra en juego, estratégicamente, el uso de armas nucleares. Es la única forma de mantener a Estados Unidos y sus aliados fuera del conflicto.
Los expertos nucleares del Centro James Martin de Estudios de No Proliferación y la Federación de Científicos Americanos han identificado tres zonas de silos de misiles en construcción en la región de Xinjiang. El Financial Times daba cuenta de que China podría haber realizado pruebas de planeadores hipersónicos como parte de un sistema de bombardeo orbital. Hablamos de armas que podrían eludir las defensas antimisiles y arrojar armas nucleares a objetivos, dentro de los Estados Unidos.
El Departamento de Defensa norteamericano prevé que para 2030 China dispondrá de unas 1.000 ojivas nucleares, más del triple de las que hoy tiene. Basándose en estas proyecciones, los líderes chinos pueden creer que en solo cinco años dispondrán de los avances convencionales y nucleares suficientes como para poder luchar y ganar una guerra por la unificación con Taiwán, dejando a Estados Unidos y sus aliados sin capacidad de respuesta.
En la simulación a la que nos referimos, China lanza un ataque preventivo contra bases estadounidenses en el Indo-Pacífico, concretamente a la isla de Guam, que es la base avanzada de operaciones de Estados Unidos en Asia. Los chinos consideran que atacar Guam es más paralizante que otros posibles objetivos.
En respuesta, Estados Unidos atacaba barcos militares chinos en puertos e instalaciones circundantes, pero se abstenía de ataques a la China continental.
En una segunda fase de la simulación perciben estos ataques como ataques a su territorio, cruzando el umbral y en respuesta se agravan las cosas. El mando estadounidense responde atacando objetivos en la China continental y el equipo chino responde atacando lugares en las islas de Hawái.
Finalmente, la parte más alarmante de esta simulación fue que China consideró necesario amenazar con su armamento nuclear desde el principio para evitar el apoyo exterior a Taiwán. Esta amenaza se repitió a lo largo del juego, especialmente después de que la China continental fuera atacada. Los esfuerzos por erosionar la voluntad de Washington para su «no intervención» centraron más la atención de los estrategas chinos que la propia invasión de Taiwán.
En la vida real, aun con los avances de China en materia nuclear y el desarrollo de misiles hipersónicos, es poco creíble que Pekín actúe así, dada la doctrina declarada de su gobierno de no ser el primero en usar su creciente arsenal nuclear. Pero en un enfrentamiento por Taiwán, Pekín podría emplear las armas nucleares de forma limitada para hacer valer su determinación y mejorar sus posibilidades de ganar en el conflicto.
El temor de occidente al uso nuclear, aun limitado, por parte de China u otras potencias, como una Rusia acorralada por el transcurso de la ocupación de Ucrania, suscita una inquietud: ¿Cómo se desarrollaría una guerra después de un uso ese tipo? ¿Qué pasaría? ¿Un reset mundial?
Lo expuesto en estas líneas, detalla solo un simulacro, un juego de guerra para explorar posibilidades estratégicas. Pero la realidad es que, en un conflicto sobre Taiwán, China consideraría todas las opciones convencionales y nucleares. Y hoy a Estados Unidos se le acaba el tiempo para reforzar la disuasión y evitar un escenario así. Dentro de dos años, podría ser demasiado tarde.
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