Javier Gil Guerrero, experto en Irán
Entrevista
Javier Gil Guerrero, historiador y analista geoestratégico: «Irán no ha sido derrotado completamente»
Irán ha pasado por muchas crisis en estos 40 años, pero siempre ha sabido adaptarse según relata en su libro La sombra del Ayatolá
«Sí, la República Islámica de Irán está consolidada», afirma el historiador y analista geoestratégico Javier Gil Guerrero, autor del recién publicado La sombra del Ayatolá. Una historia de la República Islámica de Irán.
Acto seguido, matiza: «bueno, evidentemente no soy adivino, pero ya son más de 40 años de historia de la República Islámica. 40 años en los que han vivido una serie de crisis, una serie de eventos que han cimentado una memoria colectiva y que también han unido a la población a la existencia de este régimen. Es verdad que la República Islámica se creó con un apoyo masivo de la población. También es verdad que hoy en día sobrevive: en contra de la población».
–¿Cuál es el resultado de las sanciones?
–El resultado es palpable, pues un hay aumento del paro, de la inflación, una disminución de las exportaciones, un aumento también de la corrupción. Irán se ve obligado a traficar: muchos de los intercambios comerciales no están permitidos.
–Sin olvidar el acoso israelí.
–También: la exitosa campaña israelí ha desmantelado todos estos tentáculos que la República Islámica había ido tejiendo en la región. Ya no cuenta con la dictadura de Bashar al-Assad. Hezbolá ha sido diezmada, Hamás en Gaza ha sido diezmada. Los hutíes han sufrido unos reveses importantes. La única pieza de esta hegemonía regional que Irán ha construido, que más o menos queda intacta, son las milicias en Irak.
–Por lo tanto…
–Estamos en un momento de marea baja iraní en la región, pero Irán no ha sido derrotado completamente.
–Volvamos a los orígenes. La singularidad de la revolución iraní fue que el régimen del Sha fue probablemente el único que fue derrocado desde el exilio.
–La revolución islámica es bastante sorprendente. No solo por el régimen político que se crea, sino también por la forma en que se produce: relativamente incruenta. No hay grandes masacres o matanzas en el proceso, salvo los hechos del cine Rex de Abadán en agosto de 1978 o Yalé en septiembre. Tampoco hay una gran represión contra los revolucionarios e implosionan las instituciones del Estado y el Ejército.
–También se puede decir que situó al islam como argumento político de primer orden. Nasser, adalid del nacionalismo árabe, no se servía de la religión.
–No, no. Bueno, sí que había una corriente que estaba en la oposición en algunos países, especialmente la que había nacido en Egipto, la de los Hermanos Musulmanes. Jomeini y otros líderes de la Revolución, otros clérigos y también otros pensadores que no llegaron a ver la revolución, fueron influidos por esta mentalidad de los Hermanos Musulmanes.
–En ningún caso esos movimientos tuvieron el impacto del giro estratégico de Jomeini.
–Sí, efectivamente. Lo que ocurre en Irán no es sólo una revolución política de un cambio de régimen. Lo que ocurre es una revolución también religiosa. Y el islam pasa a ser una religión profundamente politizada e ideologizada. Por eso la revolución islámica no es una revolución ultraconservadora o reaccionaria, porque Jomeini implementa y fomenta una visión del Islam completamente novedosa. Por eso los clérigos que son verdaderamente conservadores o tradicionalistas son los que se oponen.
José María Ballester en entrevista con Javier Gil Guerrero, historiador y analista geoestratégico
-Otra característica de la Revolución fue la creación de un ejército paralelo -los Guardianes de la Revolución- al margen del ejército regular. ¿No se fiaban de las Fuerzas Armadas?
-Bueno, efectivamente, una vez que triunfa la revolución, tenemos el ejército heredado del Sha, el Ejército Imperial de Irán. Ni Jomeini, ni los clérigos ni los revolucionarios se fían de las Fuerzas Armadas, porque el Sha es el que las había creado y es el que las había mimado. Gran parte del presupuesto de Irán iba para las Fuerzas Armadas. Estaba compuesta por oficiales generales profundamente leales, y tenían razón para hacerlo.
De hecho, en el verano de 1980 hay un golpe de Estado fallido por parte del Ejército que pretende dar marcha atrás y acabar con la República Islámica. Por eso crean los Pasdarán, que es un ejército paralelo, en sus inicios no profesional porque está compuesto por voluntarios y es un ejército profundamente ideologizado.
–¿Cuál era su misión inicial?
–No tanto defender a Irán como país, sino defender a la República Islámica como régimen, asegurarse de que la República Islámica sobreviva, porque ellos también se fijan en que han sido capaces de triunfar y acabar con él, porque al final las Fuerzas Armadas no defendieron la monarquía hasta el último hombre: terminaron rindiéndose.
–La primera gran prueba de fuego fue la guerra contra Irak. ¿Fortaleció a la República Islámica?
–Sí. Se podría decir que fortaleció la República Islámica y sobre todo, fortaleció a los Pasdarán. Los Pasdarán, antes de la guerra contra Irak, eran un cuerpo auxiliar, nada profesional, con diletantes al frente.
Al terminar la guerra con Irak son ya prácticamente el brazo armado más importante del país. Solo los últimos años son capaces de dirigir ofensivas que tienen un cierto éxito. Pero la guerra con Irak supone una profunda validación de la República Islámica.
–¿Por qué?
–Porque pone fin a 200 años de humillaciones en los que Rusia en el siglo 19, por ejemplo, había invadido Irán en varias ocasiones. En el siglo 20. Rusia también invade Irán en varias ocasiones. El Reino Unido también lo hace.
Tenemos un golpe de Estado patrocinado por Estados Unidos y es la primera vez en 200 años en los que Irán es capaz de resistir frente a un ataque extranjero por sí mismo sin ayuda de nadie.
–¿Sin la ayuda de nadie?
–Bueno, con la ayuda discreta y secreta de ciertos países, incluidos Estados Unidos e Israel. Pero es la primera vez en la que recuperan ese sentimiento de orgullo y de patriotismo nacional de que Irán por sí mismo ha sido capaz de resistir una invasión extranjera por primera vez en 200 años. Y eso queda ligado a la República Islámica.
–De lo militar a lo terrorista. ¿Fomenta Irán el terrorismo internacional y las tomas de rehenes en los 80 y principios de los 90?
–Sí. Mas una de las cosas que trato de demostrar con este libro, es que Irán no está en el origen de muchas de las crisis o muchos de los problemas de Oriente Medio. Irán lo que hace es aprovecharse de esas crisis y esos problemas; y, en muchas ocasiones convertirlos en crónicos y exacerbarlos.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, no es responsable de la Guerra civil en eñ Líbano, pero una vez que esta se produce, la República Islámica sí que interviene en esa guerra civil, la empeora e impide que el Líbano recuperara la normalidad, incluso hasta nuestros días, con la presencia de Hezbolá, una milicia que no obedece al Gobierno y que está financiada y armada por Irán.
–Esa política exterior fue probablemente consensual. Pero luego, dentro del régimen, había distintas tendencias y las sigue habiendo. ¿Por qué las experiencias democráticas o, digamos, aperturistas de razón ya no funcionaron?
–Porque no tenían la bendición y el apoyo del líder supremo. Al final, la clave es el líder supremo.
–Así sigue siendo.
–Es el que tiene la última palabra en política exterior, en política relativa a defensa y demás. En Irán hay unos debates muy intensos y acalorados sobre política exterior. Hay muchas facciones con visiones muy distintas sobre lo que tiene que ser la política exterior de Irán. Y estas disputas, estas discusiones no solo se dan en el Parlamento, se dan en los medios de comunicación, se hacen reuniones privadas y muchas veces han tenido consecuencias incluso violentas para los implicados. Por ejemplo, cuando Irán se abrió a negociar en secreto con Estados Unidos en los años 80.
–Una «guerra fría» que sigue sin resolverse. Por eso, uno de los capítulos del libro se titula “2022-2025, años horribilis. ¿Los están superando?
–Bueno, Irán ha pasado por muchas crisis en estos 40 años. Menciono la guerra en Irak o la época del terrorismo. Irán siempre ha sabido adaptarse. Pero es verdad que lo que ha ocurrido en los últimos cinco años no tiene precedentes.
–¿Cuál es el cambio cualitativo?
–En los últimos años, la gente antes protestaba por políticas concretas, por la represión en un cierto ámbito o la subida de precios en otro ámbito. Pero últimamente la gente en Irán, cuando sale a protestar directamente, grita en contra de la República Islámica, llama a la creación de un nuevo régimen y a la muerte del líder supremo. Y esto es algo que no tiene precedentes. Con lo cual eso indica una crisis.
Si a esto añadimos la presión externa por parte de Donald Trump en el ámbito de las sanciones económicas y la de Israel a la hora de desmantelar la hegemonía regional iraní, pues es es verdad que se enfrentan a un escenario especialmente delicado.