29 de enero de 2023

Un hombre ondea una bandera de Chile en las calles de su capital, Santiago de Chile

Un hombre ondea una bandera de Chile en las calles de su capital, Santiago de ChileGTRES

El Debate en América

El doble estándar de la izquierda chilena

Aylwin, en su época, indultó a los asesinos de los escoltas del Presidente Pinochet y muchos exterroristas hoy son parte del Gobierno o «grandes personalidades»

El 14 de enero de 1993 llegó a vivir y a morir a Chile el criminal alemán Erick Honecker. También llegaría Margot, su mujer, llamada la «bruja púrpura» y quien fuera ministra de educación de la RDA.
Tras la caída del muro de Berlín, y tras la suspensión del juicio por violación a los derechos humanos en su contra, por parte de la justicia de la ya reunificada República Federal Alemana, Honecker aterrizó en suelo chileno.
En Moscú fue huésped del Embajador chileno, el socialista Clodomiro Almeyda, lo que generó una crisis diplomática con Alemania que quería juzgar a Honecker en dicho país.
En Chile ya había concluido el Gobierno militar y gobernaba el democristiano Patricio Aylwin, en coalición con la izquierda marxista que antes había sido parte del Gobierno de Salvador Allende.
En un año en que la izquierda chilena y el Gobierno del joven Boric ya inició los actos de conmemoración de los 50 años del golpe militar en Chile, la opinión pública chilena ilustrada analiza situaciones posteriores. Específicamente nos referimos al brutal doble estándar que existe en Chile hoy.
En efecto, en un penal denominado «Punta Peuco», día a día van muriendo los viejos soldados –entonces jóvenes– que tuvieron la responsabilidad de salvar a Chile de las garras del marxismo.
No hay duda alguna, qué de no haber actuado los militares en Chile, en Iberoamérica no solo Cuba, Venezuela y Nicaragua, estarían en la lista de países controlados por dictadores inescrupulosos.
Para los soldados chilenos octogenarios y nonagenarios no hay justicia.
Aylwin, en su época indultó a los asesinos de los escoltas del Presidente Pinochet y muchos exterroristas hoy son parte del Gobierno o «grandes personalidades».
Chile es un ejemplo de injusticia mundial. Allende llegó al poder con un 36 % de los votos y solo fue presidente gracias al apoyo de la democracia cristiana, que apoyó en el Congreso Nacional a la coalición marxista.
Allende en 3 años destruyó la economía, destruyó la agricultura, destruyó la industria, destruyó la convivencia entre los chilenos y se asoció con la Unión Soviética y sus líderes responsables del exterminio de millones de personas en Siberia y otros lugares.
Allende en Europa es considerado un ejemplo, como lo es para el presidente mexicano anti hispanista Andrés Manuel López Obrador.
Esto demuestra la ignorancia y la falta de rigor de catedráticos de importantes universidades, quienes influidos por la prensa y por el mundo progresista, hablan de lo que no saben o escriben de lo que no investigan.
El Gobierno militar chileno, como todo gobierno, cometió errores.
En Chile después del golpe militar hubo algunas situaciones de derechos humanos muy reprochables, pero estas deben ser analizadas en el contexto de la época, en que Chile estaba siendo infiltrado por soldados cubanos y bajo Allende apoyado nada menos que por el tirano Fidel Castro quien viajó a Chile por casi un mes a replicar la revolución cubana en suelo chileno.
Este año 2023, el Gobierno chileno, con dinero de todos los contribuyentes, lleva adelante un escandaloso programa de propaganda para ensalzar la figura de Allende y criminalizar la figura de Pinochet, que fue un soldado a quien las circunstancias lo llevaron a actuar junto a las Fuerzas Armadas chilenas, por lejos las más preparadas y más profesionales de América Latina.

La historia

La izquierda dura chilena, hoy en sociedad con el exterrorista Petro, quien recién viajó a Chile y gobierna Colombia, junto a la mafia castrista cubana y con Nicolás Maduro y Daniel Ortega, forman parte de una cáfila de ultraizquierdistas, ahora a disposición del salvador Lula da Silva, quien viene a «refrescar» los aires de la región, olvidando sus días en prisión.
A todo lo anterior se suma el hecho de que el centro-derecha chileno, incluyendo a muchos empresarios, le dieron la espalda a los antiguos militares, que han pagado con cárcel perpetua, acciones que la mayoría de los chilenos pidieron en su momento.
No faltan aquellos que están de acuerdo con el golpe militar, pero ahora desde oficinas elegantes o casas de veraneo, reprochan la dureza de algunas acciones. ¿Pretendían sacar del poder a los comunistas enviándoles una carta?
A 50 años del golpe militar en Chile, la historia de los hechos se ha escrito de manera sesgada e injusta. La izquierda chilena no se ha reformado y las élites europeas entendieron poco o nada del proceso chileno.
  • Andrés Montero es columnista, autor y empresario chileno
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