03 de diciembre de 2022

Roberto Maroni

Roberto MaroniGTRES

Roberto Maroni (1955-2022)

Cuando el populismo gestiona con cordura

Cofundador de la Liga Norte y pieza fundamental de los Gobiernos de Berlusconi, inició en Italia las expulsiones de clandestinos

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Nació el 15 de marzo de 1955 en Varese (Italia) y falleció el 22 de noviembre de 2022 en Lozza (provincia de Varese)

Roberto Ernesto Maroni

Abogado de formación, militante de extrema izquierda en los setenta, cofundador de la Liga Lombarda en 1982, fue ministro del Interior en dos ocasiones (1994-95 y 2008-2011), de Trabajo entre 2001 y 2006 y presidente de Lombardía entre 2013 y 2018. Rigió los destinos de la Liga Norte entre 2012 y 2013.

Solía decir Roberto Maroni que Umberto Bossi era el padre de la Liga Norte y él, la madre. En todo caso, durante décadas el senatur –así se autodenominaba– ejerció de vocinglero y Maroni de prudente gestor, ya fuera en los sucesivos gobiernos presididos por Silvio Berlusconi o al frente de la región Lombardía. Un reparto de papeles conforme a los respectivos temperamentos de los protagonistas: resultaba complicado percibir una palabra más alta que otra en la boca de Maroni. En el caso de Bossi, se puede decir que era su razón de ser.
Ambos se habían conocido en 1979 y al año siguiente, según refiere Bruno Vespa en Storia d’Italia da Mussolini a Berlusconi, iniciaron su aventura política con la pintada «Liga Autonomista Lombarda» en el paso elevado de una autopista cercana a Milán. Una osadía, pues la Italia de 1980 aún se debatía en los terribles «años de plomo», sostenida por la solidez de la alianza tácita entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista para evitar el desmoronamiento de un Estado constantemente puesto a prueba.
Por lo tanto, la mejora de la autonomía lombarda distaba mucho de ser la prioridad de la élite. Tampoco de los ciudadanos. Sin embargo, Bossi y Maroni supieron detectar el creciente descontento de sectores de la población para con la burocracia –principalmente romana– y un sistema fiscal al que tenían por voraz: estaban convencidos de que se les extraía injustamente su dinero para mantener a flote a una Italia meridional supuestamente vaga y proclive al gasto.
El mensaje estaba pergeñado y solo quedaba captar el momento oportuno para sacarle el mejor provecho. El momento llegó en 1992, cuando los escándalos de corrupción que asolaban a los partidos tradicionales hirieron de muerte a los equilibrios políticos vigentes desde 1948. La Liga Lombarda quería influir en Roma, pero su ámbito geográfico limitaba su pretensión. Pero a finales de 1993 empezó a negociar, Maroni encabezando la delegación, con el proyecto reformista del democristiano Mario Segni.
En la Nochebuena de aquel año, Berlusconi decidió entrar en el juego político. Era la scesa in piazza. El magnate televisivo quería ocupar el espacio dejado libre por la Democracia Cristiana y se dirigió a Maroni. Este transmitió el mensaje a Bossi que, mediante uno de sus exabruptos, proclamó «¡Jamás con los democristianos!», sellando la alianza con Berlusconi. La peculiar coalición –de la que también formaba parte el «posfascista» Movimiento Social Italiano– ganó las elecciones de marzo de 1994 y Berlusconi premió a Maroni con la cartera de Interior.
El agraciado que, a diferencia de Bossi, era federalista pero no separatista, exhibió su solvencia en el palacio del Viminale. Mas el humor cambiante de Bossi le llevó a romper la coalición al cabo de siete meses, dejando a Italia en manos del centro izquierda durante más de un lustro. Como era previsible, incumbió a Maroni reconstruir la alianza con Berlusconi, que en 2001 le nombró ministro de Trabajo hasta 2006. De vuelta al poder en 2008, el «Cavaliere» le devolvió al Viminale.
En esta segunda etapa como ministro del Interior, Maroni promulgó dos duros decretos sobre seguridad pública y comenzó con las expulsiones de clandestinos con unos métodos que desembocaron en una condena por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Fue su última participación en el Gobierno. Entre 2013 y 2018 presidió la Región Lombardía. Seguro que no contemplaba semejante trayectoria en los setenta, cuando militaba en grupos de extrema izquierda.
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