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13 de junio de 2024

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Dr. Sánchez: el Ibex somos todos

El estacazo a bancos y eléctricas muestra lo que hay: una rancia empanada socialista que no entiende cómo opera una economía abierta

Actualizada 09:12

La visión de la economía del eventual presidente, sus socios comunistas y los tertulianos que les hacen el coro se basa en tres conocidas reglas de la MT (Macroeconomía Tontolaba):

1.-El dinero público no es de nadie. Crece en los melocotoneros y se puede gastar sin tasa.

2.-Los empresarios son unos pérfidos explotadores y cuánto más grandes son sus empresas y más dinero ganan, más cabrones son y más hemos de perseguirlos.

3.-La política económica debe consistir en freír a impuestos a las empresas y a las clases medias que han prosperado mínimamente; gastar todo lo que podamos en subsidios para fomentar el clientelismo electoral; maquillar el paro disparando el empleo público y olvidarnos por completo de la consolidación fiscal, porque cuadrar los balances es «austericidio» derechista.

Y en eso anda nuestro Sánchez, doctor cum laude en Economía merced a una tesis ya legendaria. Aunque no va a servir de nada, pues todo lo que hace atiende a las necesidades de mantener su tinglado radical, vamos a intentar impartirle al doctor una clase tipo Barrio Sésamo sobre la economía de mercado:

Admirable doctor Sánchez, las empresas del Ibex no son unos entes malévolos tipo Spectra, donde unos sinuosos malandrines antisociales se fuman un puro mientras planean cómo torturar a los consumidores. Las empresas del Ibex tienen accionistas. Muchos de ellos son particulares, como Epi y Blas, que se juegan ahí sus ahorros con el ánimo legítimo de obtener una ganancia. También, por supuesto, es lógico y normal que esas compañías busquen el beneficio, pues sin él simplemente acabarían despareciendo.

Las malignas empresas del Ibex generan además mucho empleo y el de mayores salarios. Si en España se da la desgracia de que solo el 5% de la población gana más de cien mil euros al año, como recordaba el Dr. Sánchez en el debate del estado de la nación, se debe en gran medida a que nos faltan empresas potentes, como las de su denostado Ibex. Esas grandes firmas españolas, algunas de ellas multinacionales, son también las que tienen mayor capacidad de invertir en I+D+i y constituyen nuestra vanguardia en innovación. Peluquería Mari Pili, Tatuajes Txomin y el Bar Paco están muy bien y resultan entrañables, pero nunca serán la locomotora de un gran país.

Sigamos con la clase Barrio Sésamo de Economía para Dummies alelados por Marx. «Las eléctricas» y «la banca», sus ogros particulares, Dr. Sánchez, son sectores estratégicos en todos los países avanzados del mundo. Las eléctricas españolas invierten fuertemente en mantener el sistema y constituyen el pilar de esa «revolución verde» con la que usted nos da la chapa propagandística cada día. Su valía se percibe en que han alcanzado un enorme éxito en su expansión internacional. En cuanto a los famosos «beneficios caídos del cielo», se trata de una caricatura zafia, propia de gañanes que no entienden cómo funciona el capitalismo y que añoran el multifracasado socialismo. Por su parte, los bancos operan como la savia que mantiene viva la planta del sistema económico.

Si se abrasa a impuestos a bancos y eléctricas se está dando un palo a la clase media que ha invertido en sus títulos bursátiles y a los empleados de esas compañías. Además, dado que vivimos –por ahora– en una economía de mercado, es evidente que esos sectores van a repercutir en el bolsillo de sus clientes el estacazo fiscal del Gobierno. Por último, hacerles la vida más chunga a bancos y eléctricas es poner palos en la rueda de la economía, pues son medulares para su funcionamiento.

El bolivarismo económico de eslóganes demagógicos justicieros ya ha sido ensayado. Sus resultados son infalibles: miseria galopante y pomada asistencial de Papa Estado, que convierten al pueblo en rehén de unas subvenciones que paga entregando su libertad al caudillo de turno.

Dr. Sánchez: el Ibex somos todos. El socialismo, en cambio, es una obsesión trasnochada de muy pocos. Hasta los comunistas chinos son capitalistas. Porque lo suyo, doctor, el estacazo fiscal confiscatorio y el putear a las empresas, simplemente no funciona.

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