04 de octubre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Contra el indulto

Imagínense ustedes la que se hubiera montado en España si cualquier Gobierno de derecha hubiera intentado indultar a cualquier político afín, aunque fuese por un accidente de tráfico sin víctimas mortales

Confieso que me ha dolido ver a dos amigos, antiguos diputados, en la lista de las cuatro mil personas que han pedido el indulto para un delincuente condenado a seis años de cárcel y 15 de inhabilitación por su participación en el desfalco de 679 millones de euros al pueblo andaluz y a todos los españoles. Es el mayor escándalo económico de la historia de España.
Me parece inverosímil que los políticos puedan pedir que se indulte a otros políticos que han sido condenados por el Tribunal Supremo con enorme firmeza. Porque lo que están diciendo al resto de los españoles es que la clase política está por encima del común. Y en ese sentido celebro ver la iniciativa de Alberto Núñez Feijóo de proponer una legislación que impida al partido en el Gobierno indultar a miembros de sus propias filas. Apuesto a que no llegará a ninguna parte.
En España hemos visto a políticos corruptos como Jordi Pujol sin llegar a sentarse nunca en el banquillo. Y ahora vemos que cuando un escándalo de la gravedad del caso de los ERE se sustancia con una condena así, el principal penado va a recibir un indulto ofrecido por un Gobierno de su propio partido. Y ésta es una manifestación de los fallos del sistema democrático que resulta extremadamente preocupante para quienes somos demócratas sin matices. Me preocupa porque da argumentos a los enemigos de la democracia y las libertades. Un sistema en el que un partido político puede indultar al dirigente de esa formación que con un inmenso desfalco contribuyó de forma incuestionable a que ese partido se mantuviera en el poder es un sistema que no funciona bien. Y no hay mejor argumento para los populistas de uno y otro signo.
Yo no deseo el mal a nadie, ni mucho menos la prisión. Pero cuando en un sistema pleno de garantías llega una condena así es porque la culpabilidad está probada. Aferrarse a que la minoría de los miembros del tribunal discrepa, es tanto como decir que nunca podrá haber una condena si no es por unanimidad. Y eso no es así en nuestro sistema. Afortunadamente.
Ahora, quienes dan tanto peso a esas 4.000 firmas se han encontrado, de repente, con una recolección alternativa de firmas que pide lo contrario: el cumplimiento íntegro de las penas. Esta iniciativa popular se puso en marcha en la plataforma 'Change.org' nada más conocerse la existencia de la primera recopilación. Ayer martes a las 18:30 horas, apenas dos días después de ponerse en marcha la recogida de firmas, sumaba 60.000 signatarios. Pero esta campaña tiene mucho menos interés para toda la agitación y propaganda que se hace desde las terminales mediáticas afines a la izquierda. Imagínense ustedes la que se hubiera montado en España si cualquier Gobierno de derecha hubiera intentado indultar a cualquier político afín, aunque fuese por un accidente de tráfico sin víctimas mortales. Ahora le sacan a relucir a Feijóo que el Gobierno de Rajoy indultó al alcalde y tres concejales del PP del municipio malagueño de Abdalajís (2.700 habitantes) por delitos de prevaricación urbanística entre 2001 y 2004 por haber concedido licencias de obra ilegales por falta de proyecto arquitectónico. No hubo ningún lucro para los responsables. En todo caso un lucro cesante para el ayuntamiento. Hasta los grupos municipales del PSOE e IU pidieron el indulto. Y pretenden compararlo con el mayor desfalco de la historia. Con un par.
En España, los gobiernos de centro derecha han sido mucho más cumplidores de la ley. Basta recordar el proceso por el golpe militar del 23-F. La primera sentencia del juicio de campamento fue recurrida por el Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo por considerarla muy blanda y en el Supremo se atendió a buena parte de las peticiones de la Fiscalía. Algunas penas fueron duplicadas. De todos los condenados, no hubo más que un indulto. Lo obtuvo Alfonso Armada y se lo dio Felipe González.
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