08 de diciembre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

El más tonto de todos los tontos

Cuando se hace un impuesto expropiatorio, aunque no sea más que al 0,2 por ciento de los contribuyentes, lo que se fomenta es que esos ciudadanos acaben por llevarse su patrimonio fuera de España. Pero no a una isla del Caribe. Al mismo Portugal, donde socialistas y comunistas dan facilidades a las grandes fortunas.

Recuerdo bien aquel 16 de marzo de 2011. El director de ABC desde hacía pocos meses era Bieito Rubido y teníamos invitado en el Foro ABC en el Casino de Madrid al entonces lendakari Patxi López. Tuvo una intervención amable en las formas e inane en el fondo. Este político era el primer no miembro del PNV que ocupaba la Presidencia del Gobierno vasco y lo hacía gracias al apoyo del Partido Popular. La elección de Arantxa Quiroga como presidenta del Parlamento Vasco de verdad hizo creer que venía algo diferente. Fue un espejismo: tan pronto como Patxi formó Gobierno monocolor del PSOE gracias al apoyo del PP y UPyD el sueño de relegar al nacionalismo y promover el constitucionalismo quedó olvidado. A Patxi sólo le importaba estar sentado en la poltrona.
Tras las elecciones generales de 2016, en las que el PP perdió su mayoría absoluta, Pedro Sánchez ubicó a Patxi como presidente de las Cortes Generales, cargo en el que duró seis meses, el más breve presidente de la Cámara desde la restauración de la Monarquía en 1975.
Yo creo que no hay mejor muestra de la debilidad que atraviesa Pedro Sánchez que el que haya tenido que recurrir a López como portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados. Verdaderamente tiene que estar muy en parihuelas para nombrar a alguien así. La falta de argumentos de López es verdaderamente abrumadora, la incapacidad para argumentar un discurso, ni siquiera desde el punto de vista puramente ideológico, es demoledora.
Ayer tuvimos la noticia de que el Gobierno, a iniciativa de Unidas Podemos, los únicos comunistas en el Gobierno en Europa Occidental, han decidido crear un «impuesto de solidaridad» que según el podemita Nacho Álvarez «tiene un sello de Unidas Podemos muy claro». No lo discutiremos. «Impuesto de solidaridad». A ver si va a resultar que Lech Walesa inspira ahora al Gobierno español y yo sin enterarme.
Pero esta lumbrera de la Cristiandad que responde al nombre de Patxi López lo ha justificado también diciendo que «Unos se dedican a bajar impuestos al 0,2 por ciento [de la población], a los que más tienen. Cuando se hacen propuestas que benefician al 99,8 por ciento restante, a lo mejor no saben qué decir». Pobre hombre. Claro que sí. Lo que hay que decir es muy evidente. España es el único país de la Unión Europea que tiene un impuesto sobre su patrimonio. Que cuando se hace un impuesto expropiatorio, aunque no sea más que al 0,2 por ciento de los contribuyentes, lo que se está fomentando es que esos ciudadanos acaben por llevarse su patrimonio fuera de España. Pero no a una isla del Caribe, o a las Islas del Canal, no. Al mismo Portugal, donde gobiernan socialistas y comunistas dando todas las facilidades a las grandes fortunas. Con golpes como éste, lo primero que hacen los «ricos» es ver cómo van a gastar menos para poder compensar. Y ¿quién pierde cuando se gasta menos? Aquellos a los que un «rico» compra habitualmente, que no suelen ser grandes fortunas. Así que el primer perjudicado no es el supuesto «rico», que con un 3,5 por ciento menos va a vivir más o menos igual, sino los clientes de esos «ricos».
Verdaderamente, Patxi y sus jefes no son más tontos porque no entrenan. Veremos ahora si el PNV, los neoconvergentes –si no terminan de desaparecer esta semana– y sus votantes también tragan con esto.
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