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01 de marzo de 2024

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Cinco hitos de la majadería política

El primero de ellos es llamar «coalición progresista» a una alianza que encarna lo más cavernario del panorama: separatismo de aire supremacista y comunismo

Actualizada 10:00

La indudable potencia mediática del Orfeón Progresista consigue que acaben dándose por buenos latiguillos políticos que en puridad constituyen épicas majaderías. Los políticos y tertulianos del sanchismo y el yolandismo repiten estos días cinco eslóganes que merecen un repaso aclaratorio:
1.- «Habrá un Gobierno de la coalición progresista». Así se suele referir Sánchez a su nueva sopa de letras. Pero su oferta es todo lo contrario a «progresista». Incorpora elementos tan reaccionarios como los comunistas, la ideología que más daño ha causado en la historia, y un separatismo catalán y vasco de ribetes supremacistas, que encarna la caverna pura. Progreso económico, tampoco. Lo que se propone es sangrar fiscalmente a las clases medias y a los empresarios para forjar una sociedad donde imperen la igualación a la baja y la subcultura del subsidio. No es una coalición progresista. Todo lo contrario: es una coalición profundamente retrógrada, o en todo caso «regresista».
2.- «Cataluña está mucho mejor que en 2017». Mayúscula mixtificación que repiten todo tipo de papagayos politológicos con suma solemnidad. La verdad es que Cataluña está mucho peor. Las empresas que se fueron nunca han vuelto. La inversión extranjera ha caído en picado. Barcelona se ha deteriorado. La división social en dos mitades no ha desaparecido y los que defienden hablar en español (primer idioma en la región) se ven cada vez más perseguidos y señalados. Lo que ha hecho el Gobierno de Sánchez es como si en el Chicago de los años veinte las autoridades policiales hubiesen dado barra libre a la mafia. Aparentemente bajarían los conflictos, pero gracias a tolerar el imperio del crimen. Cataluña está mucho peor, porque se ha aflojado el imperio de la ley para beneficiar a quienes aspiran a burlarlo. Las reformas de Sánchez han puesto muy barato dar un nuevo golpe separatista contra España.
3.- «Buscaremos un acuerdo dentro siempre de los límites de la Constitución». Frase favorita de Sánchez, que tiene un truco: los límites constitucionales los fijarán los peones que ha colocado el propio Sánchez en el TC para que retuerzan las normas al servicio de sus necesidades. ¿Qué es hoy constitucional? Pues lo que digan Pumpido, el leal fámulo del PSOE en el TC, y la politizada mayoría izquierdista que él encabeza, que incluye a un exministro de Sánchez y a una filonacionalista catalana que llegó desde la Moncloa. Estamos asistiendo a una reforma constitucional encubierta, que si sigue avanzando tendrá su clímax colando con eufemismos la amnistía y alguna forma de consulta proseparatista.
4.- «Hay que desjudicializar la política». Este mantra, que nuestra izquierda repite con ufana ligereza, es una auténtica barbaridad, pues si realmente se aplica acaba suponiendo la antesala de una dictadura. Si se sostiene que la política debe estar por encima de la justicia, lo que se está diciendo es que los políticos pueden establecer cuando conviene o no obedecer las leyes. La ley quedaría en suspenso cuando convenga a los intereses del autócrata de turno. Este es el disparate en que nos ha embarcado Sánchez.
5.- «La amnistía es positiva porque da una salida para que los que se han situado al margen de la legalidad vuelvan a la política». Esta perla es la frase con la que Óscar Puente, el nuevo bateador del sanchismo, ha justificado ya abiertamente la amnistía para Puigdemont. El razonamiento es algo así como si El Fary, que en paz descanse, se pusiese a escribir un manual de Derecho Romano. Ojo al argumento de esta eminencia: ya no hay que castigar al delincuente, aunque haya cometido delitos gravísimos, lo que hay que hacer es «darle una salida», aunque el precio sea pisotear la legalidad española y la labor previa del Supremo, el TC, el Rey, el Gobierno y el propio PSOE de entonces, que con Sánchez al frente apoyó la vía judicial y el 155 para frenar el golpe de 2017.
Pues bien, estos cinco latiguillos serán la artillería dialéctica con la que desayunaremos, merendaremos y cenaremos de aquí a la investidura de Sánchez. Pero el personaje va a sudar tinta: ERC y Junts suben la puja y ya le piden que añada a la amnistía un compromiso de referéndum. Por otra parte, y como quien no quiere la cosa, el Rey advierte certeramente contra el deterioro de las democracias. Tal vez Sánchez logre culminar su felonía antiespañola, pero esta vez no va a ser un paseo.
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