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El puntalAntonio Jiménez

Sánchez se resiste y Yolanda Díaz nos toma por 'gilis'

El maquillaje con el que Sánchez pretende blanquear el 'cerdanazo', con cuatro cambios en la dirección del PSOE, durará lo que tarde en desayunarse el siguiente sapo mañanero que le servirá la UCO o el Supremo

Hacer pronósticos con Sánchez es tan inútil como pretender acertar la combinación de la primitiva o el Gordo de Navidad por simple intuición, así que lo más razonable cuando se pregunta sobre qué cree uno que va a pasar es responder con la socarronería del «solo sé que cualquiera sabe».

A día de hoy tenemos a un presidente con varios plomazos en las alas atrincherado en la Moncloa dispuesto, mientras se lo permitan sus socios y aliados, a llevar esta legislatura imposible, muerta desde su nacimiento y oliendo a la putrefacción propia del muladar en que ha devenido, hasta el límite del 27 sin importarle el daño que este deterioro institucional junto a la parálisis en la acción de gobierno están causando a los intereses ciudadanos, a la democracia y a España. Y también a su partido. La hemorragia de una cornada en la femoral no se puede tapar con tiritas como pretende Sánchez purgando a media docena de afectos a las ovejas negras que él eligió para pastorear el rebaño socialista. Y esa es la operación cosmética con la que ha diluido en el magma orgánico del PSOE su responsabilidad política cuando esa asunción de responsabilidad es personal y tiene tres únicas salidas: dimisión, cuestión de confianza en el Congreso para que se retraten sus amigos de Frankenstein o convocar elecciones.

Todo lo demás es huir hacia adelante y fuegos de artificio. Humo frito, que es el que ha exhibido Yolanda Díaz con su fingida indignación sobre la insoportable e intolerable situación que provoca la corrupción que afecta a Sánchez y al PSOE . Tras ese alarde de postureo, una vez hecho el paripé, Yola Díaz miró para otro lado, se encastilló junto a los demás ministros de Sumar en su zona de confort gubernamental y se echaron unas cañas y dos de gambas a la salud de los ciudadanos a los que toman, como dijo Almeida, por gilipollas. La dignidad de romper un gobierno cuyo presidente vive bajo sospecha por la corrupción familiar y de su partido no forma parte de los códigos éticos y democráticos de la denominada «nueva política», que en eso es aún peor que la vieja. Cuando pisan moqueta ministerial arraigan como las acacias porque fuera, sin el pesebre, hace mucho frío aunque los termómetros alcancen los cuarenta grados de ahora.

Entre «mafia o democracia», el grito que más corearon los asistentes a la multitudinaria concentración de Plaza de España, está claro que los socios y aliados de Sánchez, una vez desahogados sus portavoces con falsos y cínicos lamentos y exigido, desde su habitual hipocresía, medidas reparadoras, han elegido seguir apoyando a don Vito y sus secuaces. Prefieren apoyar a un gobierno corrupto antes que dar la oportunidad a los españoles de pronunciarse en las urnas sobre si quieren o no la alternancia en el poder que es el principio básico de cualquier democracia seria.

El maquillaje con el que Sánchez pretende blanquear el 'cerdanazo', con cuatro cambios en la dirección del PSOE, durará lo que tarde en desayunarse el siguiente sapo mañanero que le servirá la UCO o el Supremo. Ya, ni tan siquiera sus medios afectos han desviado la atención del muladar hacia esa cumbre sevillana sobre el desarrollo que ha resultado ser tan irrelevante e inútil como casi todo lo que patrocina la ONU y en la que Sánchez ha jugado a líder internacional con escaso brillo. Le ha dado la oportunidad, sin embargo, de escaparse toda la semana de Madrid e intentar abstraerse del ruido mediático sobre la entrada en prisión de su mano derecha y persona de máxima confianza en medio de los peores augurios que sugieren las investigaciones judiciales del caso. Lo inmediato promete más convulsión política, más decibelios derivados del fragor del escándalo y más decadencia, pero Sánchez seguirá sin disolver el Parlamento y sin llamar a las urnas para no perder el poder e impedir así que Feijóo llegue a la Moncloa de la mano de Abascal, tal y como indican todas las encuestas y él mismo ha reconocido, cosa que le deslegitima democráticamente tanto a él como a su Gobierno.

Sánchez podrá atrincherarse y resistir, que en eso es cum laudem, como en mentir, como en carecer de escrúpulos y principios morales para rebasar líneas rojas con tal de seguir como presidente, pero no gobernará mientras la democracia y España seguirán languideciendo en este tórrido verano.

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