Sin Pedro Sánchez, habría sido imposible
Conseguir algo no por quién eres, sino por quién estás emparentado es permisible en la empresa privada, pero delictivo si quien paga la cuenta es el ciudadano
Imagine por un momento que le apetece cenar esta noche en el restaurante que está más de moda en Madrid. Tendría que reservar, claro. Se le ha ocurrido la idea a las 10 de la mañana, así que llamaría por teléfono y, al otro lado, una amable operadora le diría que no hay sitio disponible hasta dentro de dos meses y medio. Podría conformarse con el «no» o podría decir que llama de parte de Kylian Mbappé. En ese caso, sus opciones aumentarían.
Esa forma de proceder ha sido la de Begoña Gómez para conseguir la mayoría de lo que ha logrado en su carrera profesional, porque no se abren las mismas puertas con tu nombre que cuando vas de parte del presidente del Gobierno. Me llamarán machista por decirlo, pero estaría escribiendo exactamente lo mismo si ella fuera la presidenta y él un añadido. De hecho, el caso del hermano es bastante similar: conseguir algo no por quién eres, sino por quién estás emparentado es algo permisible (aunque cuestionado) en la empresa privada, pero delictivo si quien paga la cuenta es el ciudadano.
Begoña Gómez solo es quien es por ser la mujer de Pedro Sánchez, que primero fue secretario general del PSOE y hoy es presidente del Gobierno. Nadie la conocía antes y nadie habría hecho negocios con ella si no fuera por la implicación, de forma directa o indirecta, de su marido. Por descontado, nadie le habría dado la opción de dirigir un máster en la universidad sin titulación alguna si su residencia no estuviera en el Palacio de la Moncloa.
Sobre todos los beneficios que ha obtenido Begoña Gómez por su relación con su marido tendrá que responder ante los tribunales. La Fiscalía, que ya sabemos de quién depende, tratará de salvar a la Primera Dama, pero de momento será juzgada por malversación ante un jurado popular. Así lo marca la ley, aunque no sea la mejor idea que una serie de personas anónimas juzguen sobre unos hechos que tienen cierta relación con la política. Y menos ahora que la política parece un partido de fútbol.
Como la Fiscalía apelará, la Audiencia Provincial tendrá la última palabra sobre la mujer del presidente. Será ella la que se siente en el banquillo, aunque el único responsable es Pedro Sánchez, porque Begoña nada habría conseguido sin su beneplácito.