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Desde la retaguardiaMiquel Segura

Garrido o la taberna del puerto

Durante las sesiones plenarias esa señora se dedica a murmurar, cuchichear o soltar comentarios despreciativos hacia la persona que está en el uso de la palabra

Es público y notorio que el nivel de nuestra clase política -con las excepciones que confirman la regla- está más bajo que el de los embalses de Gorg Blau i Cúber en pleno verano. Es un tema recurrente en las tertulias, ya sean de café o de profesionales de la radio o la televisión. En este sentido estamos bajo mínimos y en zona de descenso.

Es nuestro plato de casi cada día pero el rifirrafe que tuvo lugar en el Parlamento balear el pasado martes supera todo lo visto y oído hasta ahora. Mercedes Garrido, nada menos que vicepresidenta segunda de la Cámara, hizo estallar al diputado Jordi López, del PP, durante una intervención de este desde la tribuna de oradores.

Quienes nos movemos por los ámbitos de la res pública -muchos más por obligación que por devoción- sabemos bien que esa señora es una maleducada de tomo y lomo. Sus modos y maneras se corresponden más con las de la tabernera del puerto que con las de un alto cargo parlamentario.

Durante las sesiones plenarias, cuando intervienen miembros de la mayoría gobernante, se dedica a murmurar, cuchichear o soltar comentarios despreciativos hacia la persona que está en el uso de la palabra. Su renyina no es captada por las cámaras, pero sí que molesta sobremanera a quien tiene tras su cogote a la vicepresidenta remolona. Esa actitud me recuerda un poco la de las monjas de los tiempos de la ominosa, que renegaban por lo bajini y, de tanto en cuanto, daban unos pellizcos a las tiernas alumnas que les hacían ver las estrellas.

Mercedes Garrido debería reflexionar porque no sabe estar en el lugar que le corresponde

Es una táctica que ningún responsable de partido o grupo parlamentario debería permitir. Pero en este PSIB que aguantamos y pagamos entre todos, ese modo de obrar está a la orden del día. El desagradable episodio que provocó que Le Senne rompiera las fotos de las denominadas Rojas del Molinar -un hecho execrable, que no voy a justificar- fue diseñado y preparado por Garrido y su compañera ibicenca, otra que tal baila.

Tratan de sacar a la gente de quicio -en el hemiciclo y fuera del mismo- y de vez en cuando lo consiguen. No sé qué clase de comentarios pudieron hacer que el aguante de López desbordara, pero tengo por seguro que eran inaguantables. Todo muy de mal gusto y harto decepcionante, especialmente si tenemos en cuenta que la orilla izquierda del Pecos mallorquín es un erial.

Baste ver cómo el delegado del Gobierno -una figura que hasta ahora se consideraba ajena a la política, la ocupase quien la ocupase- ha tenido que travestirse en líder de la oposición al Govern ante la nulidad de Iago Negueruela. Faltan el talento y la categoría, lo que provoca rabia y desesperanza en el ciudadano contribuyente. Mercedes Garrido debería reflexionar porque no sabe estar en el lugar que le corresponde.

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