Qué suerte tener a Sánchez como enemigo
La inquina y los ataques de Sánchez y todo el Gobierno de la nación contra Isabel Díaz Ayuso la han hecho cada vez más fuerte. Con ella no vale el falso argumentario de «la derecha y la extrema derecha» porque ella tiene mayoría absoluta y a Vox votando contra ella con más frecuencia que a favor
Ya estamos a la espera de que el Tribunal Supremo sentencie al fiscal general del Estado. Creo que a estas alturas es improcedente especular sobre el sentido de esa sentencia. Los siete magistrados tienen una carrera prestigiosa que está en su recta final y no van a aceptar a estas alturas presiones de nadie para prevaricar.
Esta semana me llamó mucho la atención la proclamación de la inocencia de Álvaro García Ortiz hecha por Pedro Sánchez el pasado domingo en El País. No sé si el fiscal se quedó contento con ello. Pero sospecho que su defensa, personada en una abogada del Estado y –en la práctica– por su segunda en la Fiscalía General del Estado, no debió quedarse tan contenta. Es imposible que los magistrados del Supremo no se tomaran esta declaración de Sánchez como una presión del máximo representante del Poder Ejecutivo al más alto tribunal del Poder Judicial. Con amigos así, igual García Ortiz no necesita enemigos.
En este contexto y con esa capacidad que tiene Sánchez para abstraerse de la realidad que le rodea, le vimos el miércoles en el Congreso de los Diputados atacando a todos y cada uno de los presidentes autonómicos del PP. Imagino la alegría que debieron sentir todos ellos, uno a uno.
Hay una realidad que se ha ido demostrando a lo largo de los últimos años: la inquina y los ataques de Sánchez y todo el Gobierno de la nación contra Isabel Díaz Ayuso la han hecho cada vez más fuerte. Con ella no vale el falso argumentario de «la derecha y la extrema derecha» porque ella tiene mayoría absoluta y a Vox votando contra ella con más frecuencia que a favor. Los madrileños juzgan de primera mano y según todas las encuestas mantienen un sólido respaldo a una presidente autonómica que tiene más protagonismo en la vida política nacional que muchos ministros.
Por eso, si yo fuese el presidente de Andalucía, Castilla-León o Extremadura, todas comunidades destinadas a ir a las urnas en el próximo año, estaría encantado de los ataques de Sánchez. Que con lo que lleva puesto Sánchez tenga tiempo para acordarse de María Guardiola, por poner un ejemplo, sin duda, es un acicate electoral.
Y también es una razón que vuelvo a esgrimir como reflexión contra la propuesta política de Vox de reformar la Constitución para acabar con el sistema autonómico. Es evidente que el poder autonómico está resultando un contrapoder frente a la deriva anticonsitucional de Sánchez. No fue concebido así en 1978, pero es una realidad incuestionable hoy. Los ataques que sufre Díaz Ayuso permanentemente demuestran la fuerza que puede tener una comunidad como Madrid. Y le hacen mucho más fuerte que Alberto Núñez Feijóo porque tiene todos los instrumentos de un Gobierno para llevar adelante políticas que pueden competir con el mal Gobierno de Sánchez. Instrumentos que no tiene un partido político en la oposición. E igual que esto se aplica en Madrid, se puede aplicar en todas las comunidades autónomas de España. Por eso creo que todos los presidentes autonómicos del PP están deseando recibir más ataques de Sánchez. Creo que se los toman como una bendición divina.