Una Misa en la Catedral de Tánger
Su acento no le delataba hasta que, en un momento de la homilía, queriendo decir «cumplir», dijo «acumplir» y ahí ya no tuve duda de que era francés. Un francés de una comunidad de franciscanos que en Tánger cree que la casi totalidad de las misas de la catedral se han de oficiar en español
Aprovechando el puente de San Isidro, mi mujer y yo decidimos saldar una cuenta que teníamos pendiente: nos fuimos a Tánger con nuestros amigos Marta Araluce e Íñigo de la Riva. Íñigo pasó hace más de medio siglo varios veranos de su infancia y un curso académico completo en Tánger, donde su abuelo, Ramón de la Riva, tuvo su último destino como diplomático: fue cónsul seis años. Le llegaron a ofrecer ser embajador en Dublín, pero por razones de salud de su mujer, pidió prorrogar su estancia en Tánger.
Nuestro plan era haber pasado Año Nuevo allí, pero por razones de salud mías, que ya tengo contadas, hubo que aplazar esa idea. Íñigo ya había intentado conseguir entonces lo que más quería: visitar el Consulado, uno de los edificios más notables de Tánger, manifestación evidente de que aquel territorio fue un protectorado español. La respuesta de la cónsul española fue nítida: que ella no iba a estar y que podíamos mirar el jardín desde la verja. Estas tropas de Napoleonchu son así.
Finalmente, mi amigo, firme en su empeño, logró que esta vez nos abrieran la verja del jardín y nos permitiesen pisar el interior. El 15 de mayo la cónsul no estaba fuera de la ciudad, pero había zonas del jardín a las que tampoco se nos permitió asomarnos porque estaba ella con sus invitados. Todo menos estropearles el aperitivo. Vade retro, Satana. Mi amigo alcanzó a enseñarnos el rincón del jardín donde antaño había una pequeña reproducción de la Cruz de los Caídos, algo que dibujó un gesto de disgusto en la funcionaria que había recibido instrucciones de que nos acompañara en estado de alerta en la incursión mínima. Obviamente, de aquel monumento conmemorativo no quedaban ni las raspas. Al poco de llegar, ya estábamos fuera.
Para todos, pero especialmente para nuestras mujeres que iban por primera vez, resultó una ciudad cautivadora, no solo por el imponente edificio consular que fue cabeza de nuestro protectorado. Por todos los rastros de España que hay en la ciudad y sus gentes. El colegio Ramón y Cajal, pegado al consulado y al que fue mi amigo. Por no hablar del Instituto Cervantes. O los edificios de estilo andaluz que se ven por toda la ciudad. La cantidad de personas que te dicen unas palabras en español, las cartas de los restaurantes –sí, de lujo, ya lo sé– en español, los restos de viejos carteles de publicidad en castellano, la kasbah o la medina… Un paraíso andaluz.
Pero hubo algo que fue, con mucho, lo que más me impresionó. Cuando ando por el mundo, consulto una APP muy efectiva llamada Misas.org para saber dónde puedo asistir al sacramento los domingos. En Tánger había varias opciones para la Misa dominical. Pero por razón de horarios y vuelos, la que nos resultaba más conveniente era la del sábado a las 18,30 en la Parroquia del Espíritu Santo. Allá fuimos y a la puerta del templo había el típico cartel informativo que nos hacía saber que, salvo una Misa los domingos, el sacramento se oficiaba siempre en castellano. Y para instrucción de los fieles, en ese cartel se informaba –por este orden– en español, francés, inglés y un idioma que no identifiqué, que esa parroquia –regentada por los franciscanos– era la catedral católica.
Se pueden imaginar nuestra alegría al ver que íbamos a asistir a Misa en español. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando entramos en la enorme catedral y vimos que se estaba rezando el Rosario en castellano. Posteriormente, seríamos unas 30 personas en el sacramento. Todos participábamos, menos dos mujeres vestidas como musulmanas que se fueron a la mitad. Me pareció que el franciscano que oficiaba debía ser español. Su acento no le delataba hasta que, en un momento de la homilía, queriendo decir «cumplir», dijo «acumplir» y ahí ya no tuve duda de que era francés. Un francés de una comunidad de franciscanos que en Tánger cree que la casi totalidad de las misas de la catedral se han de oficiar en español. Para reflexionar.
Ya me disculparán, pero es tanta la podredumbre que nos asuela, que quería encontrar algo de lo que hablar positivamente. Con alegría.