28 de junio de 2022

Editorial

Sánchez y el PSOE no tienen remedio

España está condenada a soportar a un mal Gobierno, encabezado por un presidente dañino, hasta que se abran las urnas y pueda cambiarlo democráticamente

El PSOE ha optado por la huida hacia adelante tras su histórica derrota en Andalucía y, lejos de hacer autocrítica y mostrarse dispuesto a rectificar, va a perpetuar su hoja de ruta, sustentada en la propaganda para maquillar la realidad, la sumisión a socios perversos y el enfrentamiento como herramienta de movilización.
De todo ello han dado cuenta los distintos portavoces de las distintas izquierdas, en algunos casos con discursos tan delirantes como los de Adriana Lastra o Rafael Simancas: la primera achacó el contundente éxito de Moreno al auxilio económico del Gobierno central con los Fondos COVID; y el segundo fue casi más lejos al limitar el avance imparable del PP a una Comunidad y recordar que, en tiempos de dificultades, el votante se refugia en el Gobierno.
Si esto fuera cierto, ¿por qué Sánchez no deja de hundirse? ¿Y por qué no disuelve las Cámaras, convoca elecciones anticipadas y se libra de paso de los peajes de sus aliados?
Si a la ausencia de un ápice de autocrítica se le añade la falta de una leve contestación interna, con los barones autonómicos paralizados ante un tsunami que puede arrastrarles también a ellos, la conclusión no puede ser más descorazonadora: todo el PSOE está dispuesto a inmolarse con Sánchez, sin atisbo de queja, aunque ello borre su huella en comunidades y ayuntamientos y ponga en riesgo incluso la viabilidad de un partido histórico.
Que el propio Sánchez no haya sido capaz de comparecer en público demuestra que seguirá en la misma línea y que despreciará el mensaje de la sociedad, sistemáticamente clamoroso en su contra: gallegos, madrileños, castellanoleoneses y andaluces han emitido una queja formal ante la cual el Gobierno se muestra indiferente, cuando no agresivo.
Porque es inadmisible la incapacidad de traducir esa protesta en medidas concretas, para empezar de carácter económico: Sánchez no puede mirar para otro lado con la inflación disparada, el precio de los alimentos por las nubes y los impuestos desbocados mientras, a la vez, intensifica su desnortada agenda ideológica luchando contra problemas inexistentes o menores al lado de los que padece una inmensidad.
Si el actual presidente no quiere variar sus políticas, malo. Y si no puede, por el temor a perder el sustento de sus socios, peor. Pero en ambos casos el epílogo es el mismo: España está condenada a soportar a un mal Gobierno, encabezado por un presidente dañino, hasta que se abran las urnas y pueda cambiarlo democráticamente.
Porque esperar una reacción constructiva de Sánchez es inviable: está más cerca de repudiar a los españoles por no votarle a él que de escucharles y tratar de atenderles con la eficacia y humanidad que cabría esperar de su cargo.
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