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24 de abril de 2024

En Primera LíneaMariano Gomá

Luis, Luisa o Luise, una primera impresión

Entre nosotros no hablábamos más que de jugar, pero yo personalmente empezaba a dudar de si lo que quería era tener lo que tenían Isabel y Pedro o lo que tenían mis mamás, aunque tampoco entendía la importancia de tener cosas o no tenerlas

Actualizada 01:30

Nací, no me acuerdo cómo lo hice, pero nací en este mundo, me llamaron Luis, Luisito y empecé a deambular por el capazo comiendo, llorando, haciendo caca y durmiendo hasta que poco a poco gateé, me levanté a caminar, corretear, tocarlo todo y romper lo que se pudiera. Mis madres, porque tenía dos madres, me mimaban, me llevaron a la guardería y parvulario donde compartía horas de juego con otros niños como yo.
Un día estaba en el pequeño jardín jugando a la pelota, dando patadas y volteretas cuando se me acercó una persona peluda y con barba para preguntarme si me gustaría jugar con muñecas y pasearlas en un capacito de ruedas. Yo miraba a la pelota pensando en qué habría hecho mal y si me iban a castigar, pero no, la persona de la barba que se llamaba Isabel tomándome en brazos me alejó de la pelota y me sentó en una sillita, me puso una muñeca de plástico en los brazos y me preguntó si me gustaba tenerla invitándome a que le subiera las falditas mientras Isabel me quitaba el dodotis para enseñarme que yo tenía cosas diferentes a la muñeca, que me tocara y tocara a la muñeca para saber qué me gustaba más y que ella, Isabel, me ayudaría tocándonos a la muñeca y a mí.
Yo no entendía nada y solo quería mi pelota cuando apareció otra persona también con barba que se llamaba Pedro y empezó a darle besos a Isabel y después a la muñeca y a mí. Recuerdo que me picaban los pelos de su cara y entonces me preguntó si me gustaba llamarme Luis siendo un niño o quizás prefiriera llamarme Luisa como niña y la muñeca, o ninguna de las dos cosas y llamarme Luise.
Al llegar a casa y ver a mis madres pensé si tendrían lo mismo que yo y les toqué la entrepierna por encima de los vaqueros dándome cuenta de que allí ni había nada que se notara ni bulto alguno. ¡Oh! Pensé que aparte de la pelota yo era diferente por aquellas cositas por donde hacía pipí.
Al día siguiente al llegar a la guardería, mis mamás y las personas de la barba cuchichearon primero y me dejaron allí sin que yo supiera muy bien si tenía que ir a buscar la pelota o la muñeca pero empecé a pensar si todos los niños que estaban allí jugando tendrían lo mismo que yo por lo que ni corto ni perezoso empecé a tocarles a todos la entrepierna para saber si tenían algo o no tenían nada.
Las personas de las barbas al verme vinieron enseguida a preguntarme qué hacía y si me gustaba. Yo no sabía si me gustaba o no, me encogí de hombros y me fui a por mi pelota hasta que nos llamaron a todos y en un corro sentados en el suelo empezaron a decirnos que tocáramos a los niños de nuestro lado. Después vinieron las preguntas de si nos gustaba tocarnos entre nosotros o si preferíamos tener ese pitorro o no tener nada, aunque nos siguiéramos haciendo pipí encima.
Ilustración: genero, educación sexual, infancia

Lu Tolstova

También nos preguntaron Pedro e Isabel si sería divertido que ellos nos tocaran también y nosotros a ellos. Yo seguía y mis amiguitos también, sin entender nada y en un momento vimos como los barbudos se bajaron los pantalones y nos enseñaron sus cosas con la gran sorpresa de que los dos tenían también lo mismo que yo, pero más grande, con la única diferencia de que Pedro tenía muchos pelos alrededor e Isabel no.
Creo que todos los niños estábamos un poco desconcertados al no entender el porqué de esos juegos que nos hacían cuando cada uno de nosotros quería la pelota o las muñecas o los lápices de colores. Entre nosotros no hablábamos más que de jugar, pero yo personalmente empezaba a dudar de si lo que quería era tener lo que tenían Isabel y Pedro o lo que tenían mis mamás, aunque tampoco entendía la importancia de tener cosas o no tenerlas.
Un día vinieron dos mamás a traer a sus niños porque eran amigas y me sorprendió porque ellas llevaban faldas como hasta la rodilla y sin nada hasta los pies metidos en unos zapatos altos y finos, y yo eso no lo había visto nunca porque Isabel, Pedro y mis mamás siempre llevaban pantalones vaqueros y zapatillas deportivas.
También en la guardería algunos niños llevaban pelo largo con trenzas y falditas y otros como yo lo llevábamos corto y con pantalones.
Isabel y Pedro nos preguntaban siempre qué nos gustaría más llevar, si la faldita y trencitas o los pantalones.
La verdad es que esas primeras impresiones de mi vida, cuando mis prioridades estaban en comer, dormir, hacer caca , jugar y dibujar con lápices de colores, se estaban convirtiendo en un montón de confusiones entre pelotas, muñecas, trenzas, pitos y corros de la patata para ver qué teníamos cada cual en la entrepierna.
Yo ahora espero solo ir creciendo y aprendiendo las cosas de la vida de un niño normal.
Continuará…
Dedicado a Ireno, Irena, Irene Montero por la experiencia que tendrá con sus hijos, hijas o hijes.
  • Mariano Gomá es presidente de Foro España y España Cívica
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