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En primera líneaEl marqués de Laserna

Imagen, sólo imagen

No reneguemos de las imágenes ni releguemos nuestros móviles pero, persuadidos del martilleo con el que el Estado intenta adoctrinarnos, analicemos lo que miramos y si además queremos profundizar más, abramos los libros y consideremos las ideas que en ellos se exponen

Parece que fue Einstein quien sentenció: «Una imagen vale más que mil palabras» y es muy cierto que la imagen ofrece de una vez un conjunto que al idioma le cuesta siempre definir y que además le puede obligar a ser extenso. Esa inmediatez es algo positivo pero la reflexión que exige la palabra y no digamos el escrito consigue profundizar más hondamente que la mera imagen.

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El Debate (Asistido por IA)

Además depende de si lo que se presenta es la totalidad o una parte y cuál. Imaginemos la contemplación de una estatua: es radicalmente distinta la visión de frente a la de espaldas o si se mira únicamente desde arriba. Cada una de las tres propuestas puede dar una noción distinta del mismo objeto y el ejemplo muestra que en la imagen cabe no sólo la intención sino también la tentación de tergiversar.

Los políticos que están muy pendientes de la opinión pública porque luego se traduce en votos consideran la imagen, esto es la televisión, el arma electoral por excelencia, hasta el punto que los gobiernos de cada una de las distintas comunidades han montado la suya propia para aleccionar a sus votantes. Bien es verdad que la TVE nacional demuestra una apasionada inclinación hacia el partido en el poder y el actual gobierno, que tiene solamente 121 diputados y está en minoría en el Congreso, la utiliza como portavoz y arma de propaganda siguiendo fielmente las doctrinas de Goebbels.

En todo caso, nuestra sociedad ha hecho suya la imagen como medio de expresión y casi con exclusión de cualquier otro; basta subir a cualquier transporte público para ver a todos los pasajeros embebidos mirando sus móviles. La cultura imperante tiene como norma contemplar y aceptar lo que ve sin análisis ninguno: lo que se ve es lo que es, el ser es su imagen.

No hay que olvidar que la cultura del bienestar como se denomina a sí misma, está volcada en hacer la vida agradable a las criaturas, objetivo de todas las culturas que en mundo han sido, pero obviando todo esfuerzo al individuo que es como proclamar que el fin del hombre es un sofá. Se muda actividad por pasividad, se niega cualquier esfuerzo y se exige del Estado que provea todo lo necesario. Bienes, habitación, alimento, futuro, incluso el pensamiento lo ha de facilitar el padre Estado, que ya no es subsidiario de la actividad de los gobernados. Se convierte así en el dueño y señor de los ciudadanos que a cambio de subvenciones entrega en un mismo paquete su libertad y su voluntad.

Para esta ideología la imagen es fundamental e igual que un eslogan sintetiza un mensaje, la imagen se convierte en consigna hasta constituir una doctrina de vida; ha sustituido a la lectura y también al pensamiento, no supone esfuerzo y una vez contemplada se olvida.

La política ha hecho propias las enseñanzas de los grandes conductores de masas del siglo XX, el comunismo con el estandarte del pueblo y el nacionalismo con la bandera de la nación y utilizan sin el menor empacho sus técnicas manipuladoras amparándolas ahora bajo la capa de democracia.

Para ello, la imagen presenta una ventaja insuperable: no necesita argumentos, no exige elaborados raciocinios, ahorra esfuerzos de comprensión, es inmediata y desdichadamente muy fácil de manipular como se sugirió antes con el ejemplo de la estatua.

Y actúa desde la más tierna infancia, el niño es un ser ávido de saber, tiene una inmensa capacidad de absorber conocimientos y con las imágenes lo realiza sin darse siquiera cuenta del acto que realiza. Además se habitúa a que su conocer venga por la vista en esas imágenes que presentan una única realidad, son incontrovertibles y quedan impresas en su memoria y entendimiento sin análisis. Cuando crezca y llegue a adulto formarán parte de su identidad sin que él haya llegado a ser consciente del proceso.

¿Por qué se considera que el Estado no debe tener periódicos propios y no se aplica la misma doctrina con la televisión? Se aborrece el Arriba y el Nodo de la época franquista y no se declara igualmente nociva la Radio Televisión estatal. Y hoy, años después del régimen nacido en el 36, a cualquier espectador ecuánime le pueden parecer un juego de niños las informaciones de aquellos órganos de expresión comparados con lo que presentan y dicen -también cuando omiten- los instrumentos de persuasión actuales.

Los partidos políticos abusan de la TVE cuando la gobiernan y la denigran cuando no la tienen, pero ¿Por qué no la suprimen? Es una palanca tan eficaz y útil para los partidos que la consideran como el Ministerio del Interior un instrumento más de poder.

Por todo lo dicho puede parecer que las imágenes son nocivas, pero pensarlo es un error como sería considerar malignos los automóviles porque hay accidentes. Todo lo creado es bueno y positivo pues es obra del Creador que sólo puede hacer el bien, lo negativo es el mal uso que de ello se hace. Ese mal uso de un bien es lo que llamamos el mal y es responsabilidad nuestra, no tiene entidad propia más que referido a un bien y es hijo de nuestras acciones. Somos los humanos los que hacemos los males.

Por tanto, no reneguemos de las imágenes ni releguemos nuestros móviles pero, persuadidos del martilleo con el que el Estado intenta adoctrinarnos, analicemos lo que miramos y si además queremos profundizar más, abramos los libros y consideremos las ideas que en ellos se exponen.

  • El marqués de Laserna, Íñigo Moreno de Arteaga, es académico de honor de la R.A. de la Historia
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