Elogio casi absoluto de la soltería
Finalmente, en el apartado de las conclusiones, se nos decía que cada día 240 millones de personas en todo el mundo tienen relaciones de carácter íntimo y que al menos un tercio de ellas pueden sufrir a lo largo del año algún tipo de lesión a causa de las citadas prácticas
Las ventajas que ofrece la soltería sobre el matrimonio o sobre una posible vida en pareja son numerosas, yo diría que casi incuantificables, pero aun así la mayor parte de mis amistades desparejadas me suelen decir, con una cierta añoranza y melancolía, que desearían poder conocer hoy o mañana a alguien con quien iniciar una relación amorosa.
De nada parecen servirles los argumentos económicos, sociosanitarios e incluso filosóficos que, con la mejor de las intenciones, les expongo cada cierto tiempo en favor de una vida retirada y más o menos célibe. En ese sentido, suelo insistirles en que, lo mire uno por donde lo mire, casi todo son beneficios cuando uno ha optado de manera voluntaria por vivir solo o, a lo sumo, con una mascota.
Así, si un día decides ir a comer de menú a un restaurante, es casi seguro que siempre habrá una diminuta mesa cuadrada libre en la que te acabarán ubicando, por muy lleno que pueda estar el local en ese momento. Es cierto que esas mesas suelen estar situadas normalmente en un rincón, junto al cuarto de baño o al lado de los cubos de basura, pero yo creo que se trata de pequeños inconvenientes más o menos soportables y llevaderos.
Otra ventaja de la soltería es que cuando llega el fin de semana, no tienes que hacer planes para dos ni organizar posibles actividades compartidas, lo que te permite poder descansar por completo el sábado y el domingo. De ese modo, puedes ver por ejemplo las películas románticas alemanas de sobremesa de La 1 o las películas de amantes guapos y psicópatas de Antena 3, mientras haces la siesta en tu butaca orejera.
Además, si prefieres quedarte en casa no tienes que preocuparte tampoco ya por tu aspecto físico o por tu forma de vestir. De ese modo, si lo deseas puedes ir todo el día despeinado, con legañas o sin maquillar, portando sólo un pijama o un jersey roto y unos pantalones raídos, con la tranquilidad que da saber que nadie te hará ningún reproche por ello. Lo mismo podríamos decir si decides salir de casa e ir a dar una vuelta, pues puedes hacerlo sin acicalarte demasiado, aunque posiblemente no resulte del todo aconsejable ir despeinado o en pijama en la vía pública.
No puedo negar, en cualquier caso, que a veces las cosas compartidas se disfrutan más y mejor o que la vida conyugal estable puede reportar momentos de intimidad física y psicológica muy recomendables y satisfactorios. Pero incluso en este último punto la armonía o la salud no siempre están hoy cien por cien garantizadas, sobre todo desde que se han puesto de moda algunos de los juegos que practicaban en la ficción los popularísimos Anastasia Steele y Christian Grey, que pueden acabar llevándote directamente a la sala de Urgencias de un hospital.
Precisamente, hace poco leí un muy interesante estudio científico, A detailed look at sex injuries, que hablaba de los muchos peligros que, al parecer, conlleva una posible noche de pasión desenfrenada en nuestro propio hogar. Dicho informe alertaba, en concreto, de los posibles estropicios de mobiliario que puede llegar a provocar esa velada excesivamente romántica. Según este estudio, los objetos que pueden resultar más dañados durante una noche así serían la base de la cama –algo sin duda previsible–, así como también botellas, vasos de vino y tazas de té, además de marcos de fotografías, cajones de las mesitas de noche, floreros, sillas, paredes, puertas y ventanas.
En el citado informe, muy completo y detallado por lo demás, se enumeraban también los diez lugares que, en principio, serían los más peligrosos a la hora de intentar hacer efectiva esa pasión extrema, citándose, por este orden, el sofá, las escaleras, el coche, la ducha, la cama, una silla, la mesa de la cocina, el jardín, el baño y el armario –sic–. En cuanto a las posibles lesiones físicas que podrían quizás sufrirse en los momentos de mayor arrebato amoroso, la lista que aparecía en el estudio incluía esguinces de tobillo, torceduras en muñecas y rodillas, magulladuras en los hombros y en los codos, lesiones en los dedos, problemas musculares, molestias lumbares, tortícolis y quemaduras.
Finalmente, en el apartado de las conclusiones, se nos decía que cada día 240 millones de personas en todo el mundo tienen relaciones de carácter íntimo y que al menos un tercio de ellas pueden sufrir a lo largo del año algún tipo de lesión a causa de las citadas prácticas. En ese sentido, el problema principal ya no sería el riesgo de acabar en Urgencias de vez en cuando, que también, sino tener que explicar a los doctores el motivo concreto por el que se ha llegado hasta allí. Es igualmente cierto, no obstante, que viviendo en soledad o sin pareja podemos sufrir asimismo pequeños accidentes domésticos, sobre todo en la cocina o en el baño, aunque como mínimo resultan casi siempre algo más fáciles de argumentar o de justificar.
A un nivel ya estrictamente personal, debo reconocer, por último, que conozco a bastantes matrimonios y parejas estables que no sólo no se tiran los trastos a la cabeza, sino que incluso son razonablemente felices y hasta gozan en general de una excelente salud. Pero si algunos de ustedes se encuentran, como yo, firmemente anclados en la soltería desde hace décadas, por favor no desfallezcan y recuerden las sabias palabras del maestro Enrique Jardiel Poncela en ¡Espérame en Siberia, vida mía! en favor de ese camino: «Cuando almorcéis absolutamente solos es cuando podéis decir con razón que habéis almorzado con un amigo».
- Josep Maria Aguiló es periodista