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José María Rotellar

La necesaria independencia del Banco de España

El problema de Escrivá es que hace tiempo que enterró sus conocimientos, su prestigio y el predominio de los argumentos técnicos debajo de la demagogia, el populismo y el servilismo

El nombramiento de José Luis Escrivá como gobernador del Banco de España fue polémico, pues suponía un ataque frontal a la independencia de la institución, al llegar directamente del Consejo de Ministros, de manera que rompía la independencia que tiene que imperar en los máximos cargos de todo banco central, por mucho que ahora sea una delegación del Banco Central Europeo, pero no deja de ser parte del mismo y su independencia es esencial. Por eso, dichos mandatos suelen ser largos y no renovables, para preservarlos de la influencia política a cambio de pactar el seguir en el cargo. Tampoco sirve tratar de poner como ejemplo a los cargos del BCE, porque la presión política tiene menos fuerza a nivel de Comisión Europea y queda muy diluida la que pueda ejercer cada gobierno de manera individual.

Ese candidato a gobernador no era por ello aceptable, simplemente porque siempre que se ha nombrado a un político en el Banco de España la independencia ha quedado mermada o la gestión no ha resultado eficiente, como sucedió con el mandato de MAFO. A Escrivá no le faltan ni conocimientos, experiencia o currículum para ello, porque esos importantes requisitos los cumple, aunque la soberbia en muchos casos le hace creerse más inteligente de lo que es y considerar al resto como ignorantes, erróneamente, pero no se trata de un problema de déficit de preparación, no. El problema de Escrivá es que hace tiempo que enterró esos conocimientos, su prestigio y el predominio de los argumentos técnicos debajo de la demagogia, el populismo y el servilismo hacia una política económica inaceptable.

Hemos pasado de un Banco de España despolitizado a otro en el que parece que impera mucho miedo y un férreo control sobre todos sus integrantes

Su reforma de las pensiones, simplemente eso, le invalidaba para ser gobernador del Banco de España, pues esa reforma sólo contribuye a acelerar los desequilibrios del sistema, a precipitar el estallido de su sostenibilidad. Por el camino asfixia a empresas y trabajadores con las subidas de las cotizaciones sociales, que sólo contribuyen a aumentar el desequilibrio del sistema, ya que frenarán la actividad económica y el empleo. Por otra parte, sus trifulcas en redes sociales con otros economistas o la frivolidad en los medios –como cuando dijo que la forma de la recuperación era como la de la lámpara de Aladino– merman la seriedad que debe acompañar a tan importantes cargo e institución.

Y esos temores se han materializado, ya que hemos pasado de un Banco de España despolitizado a otro en el que parece que impera mucho miedo y un férreo control sobre todos sus integrantes, de manera que da la sensación de que es una extensión más del Gobierno, como el CIS, como cada día lo parece más, desgraciadamente, el INE, y como ahora hemos visto que afecta, también, al Banco de España.

La presentación del último informe anual la semana pasada, al parecer mutilado en cerca de cien páginas, desembocó en la dimisión del Director General de Economía, el señor Gavilán, que tanto prestigio había dado a la entidad.

Tras el mandato de Pablo Hernández de Cos, el Banco de España recuperó muchísimo prestigio con una gestión impecable y un conocimiento competencial enorme que hizo que entre los antiguos bancos centrales nacionales de la zona euro fuese muy valorado, con un servicio de estudios independiente y del máximo nivel.

Ahora, todo eso parece echarse por tierra con el mandato del actual gobernador, que podría parecer que sigue actuando como si todavía fuese ministro, que podría hacer que el Banco de España, en lugar de independencia, tuviese una ejecutoria completamente política, partidista y populista durante su mandato. Si no fuese el BCE el responsable de la Política Monetaria en última instancia, Sánchez sería capaz de aniquilar la Ley de Autonomía del Banco de España y poner a Escrivá a imprimir billetes para monetizar la deuda y crecer insanamente, tal y como lo hace con el ingente gasto público. Gracias a Dios, eso ya no puede hacerlo.

Es una pena la pérdida de independencia del Banco de España, que su servicio de estudios pueda ver mermada su capacidad de análisis por la aplicación de una potencial censura política ante los análisis objetivos que realizaba, y la pérdida de grandes profesionales, como Gavilán. Ojalá haya una rectificación, porque es esencial que el Banco de España se mantenga independiente, pero parece difícil que eso vaya a suceder.

José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria

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