27 de mayo de 2022

La bandera de Transnistria junto con la rusa

La bandera de Transnistria junto con la rusa

Conflictos postsoviétivcos

La guerra que dividió a eslavos y rumanos en Moldavia y que vio nacer un país no reconocido: Transnistria

A comienzos de los años noventa, una serie de guerras en el espacio postsoviético enfrentó a eslavos y rumanos en Moldavia

A la caída de la URSS a comienzos de los años noventa, una serie de guerras asolaron el espacio postsoviético de una forma tan dura que muchos estados quedaron comprometidos. Uno de ellos fue Moldavia.
La República Socialista Soviética de Moldavia se independizó en paralelo al resto de Estados que iban saliendo atropelladamente del socialismo científico, proclamando la República de Moldavia, territorio que mayoritariamente en su zona occidental era étnica, lingüística y culturalmente rumano, de hecho junto con Transilvania y Valaquia, Moldavia formaba el triángulo del origen rumano.

Eslavos y rumanos, separados

Sin embargo el río Dniéster, como en Ucrania el Dniéper, divide territorial y etno-lingüísticamente a los moldavos en dos grupos: rumanos al occidente y eslavos al oriente del río. Los eslavos del este del país están compuestos por cosacos, ucranianos y rusos que en la era soviética ostentaron el poder frente a la mayoría rumana que fue vista con temor por Moscú debido al enfrentamiento, con ruptura de relaciones incluso, entre la URSS y la Rumania de Çeauçescu.
De hecho, la caída en paralelo de la Unión Soviética y el socialismo rumano hizo temer a la minoría rusa por su futuro. Lo que temían era tanto la rumanización de Moldavia como la eventual unificación de Rumania y Moldavia que, automáticamente, sacaría a los eslavos del centro del poder en la nueva república postsoviética. Además, frente al nacionalismo rumano europeísta había que unirle el profundo apoyo al comunismo que se había dado en las regiones del este del país.
Los eslavo-moldavos se asustaron cuando el gobierno, mayoritariamente rumano, aprobó una batería de leyes que aseguraban la predominancia de los rumanoparlantes a nivel político y cultural. Se aprobó una nueva bandera muy parecida a la rumana y se aprobaron de leyes que hicieron que los eslavos de Moldavia entendieran que iban perder el poder sobre el nuevo Estado.
Uno de los factores determinantes fue aprobar el alfabeto latino que sustituiría el alfabeto cirílico heredado de la era soviética y que es el alfabeto eslavo por excelencia y con ello el idioma moldavo (rumano) pasaba a ser la lengua oficial. Esto apartaba de las esferas de poder eslavos ucranianos y rusoparlantes, que quedaban confinados en Transnistria, al este de Moldavia.

Control rumano sobre Moldavia

Con estos temores y frente a la estabilización política de Rumanía tras la caída del dictador Çeauçescu las tensiones llevaron a la guerra (2 de marzo de 1992 - 21 de julio de 1992), un conflicto armado de apenas 142 días en el cual los moldavo-rumanos junto con asesores de la República de Rumanía y voluntarios rumanos se enfrentó a las milicias eslavas del este del río Dniéster compuestos por eslavos autóctonos de Transnistria, pero también de voluntarios cosacos, ucranianos y rusos apoyados por el 14º Ejército ruso.
La guerra se vendió en Rumanía como una lucha por la liberación y pacificación de Moldavia. Algo que era visto como un patio delantero y un escudo que Bucarest pretendía establecer en su frontera con el mundo eslavo y soviético, ya que en algunos casos no estaba seguro qué rumbo tomarían los acontecimientos y si algún país, como más tarde Bielorrusia, continuaría con el comunismo como forma de gobierno.
Los rumanos pretendían asegurar su independencia y soberanía con una Moldavia controlada por la etnia rumana cuyo gobierno en Chisinau fuera cercano al de Bucarest. Mientras que Rusia temía que esta idea rumana acabase expulsando la influencia de Moscú en la región, ya que la derrota de los eslavos –muchos de ellos rusos comunistas y eslavos prorrusos– significaban un pivote en las regiones del centro de Europa, una antigua clave de influencia para Moscú, de tal forma que la ayuda a los transnistrios era básica.
Frente a esta creciente tensión, el pensamiento de los eslavo-moldavos pasó a una autonomía más amplia y de ahí al separatismo más visceral, haciendo que las protestas arreciaran hasta que se produjo la corta guerra civil. El conflicto se saldó con unos 20.000 muertos entre ambos bandos.
Cartel celebrando la separación de Transnistra de Moldavia

Cartel celebrando la separación de Transnistra de MoldaviaPicasa

Sin reconocimiento internacional

La guerra fue eminentemente urbana y en una corta franja de tierra entre el río Dniéster y la frontera ucraniana. Un terreno realmente pequeño y de escasa población en comparación con la más amplia zona del oeste del país, pero con una composición étnica compacta y con un sentimiento de abierto separatismo. Formó un muro de contención frente a los ataques de los moldavos que no pudieron cruzar el río y acabó derivando en una guerra de posiciones hasta que llegó Rusia.
La guerra terminó con una victoria de Transnistria que significó que Moldavia perdía el 10 % de su territorio y se convertía en un Estado de reconocimiento limitado que internacionalmente no existe. A efectos jurídicos y de la comunidad internacional es considerado territorio moldavo debido al principio de Utis Possidetis Iuris (prohibición de modificación de las fronteras heredadas) y cuya existencia se considera una violación del principio de integridad territorial.
El país quedó dividido en dos: Moldavia con capital en Chisinau y Transnistria con capital en Tiraspol con Ígor Smirnov como Presidente de la República Socialista Soviética de Transnistria. Este instó a Boris Yeltsin a que desplegara el 14º Ejército ruso en el territorio como fuerzas de paz. De hecho, a día de hoy y desde los años noventa, es una de las bases tradicionales rusas en el exterior, junto con la de Dusambé en Tayikistán y Tartus en Siria.

A pesar de haber tropas rusas, Moscú no ha reconocido al Estado, simplemente ha abierto un Consulado en Tiraspol

Por parte de la comunidad internacional se considera que el despliegue de tropas rusas en Transnistria es ilegal, ya que supone la presencia de tropas de un tercer país en un territorio no reconocido internacionalmente. Por ello se habla de ocupación militar ilegal parcial del país o, por lo menos, que este está bajo la influencia decisiva de Rusia.
A pesar de que existen tropas rusas en territorio de Transnistria, un país eslavo y comunista y uno de los únicos remanentes de la URSS que siguen existiendo en Europa, Moscú no ha reconocido al Estado, simplemente ha abierto un Consulado en Tiraspol, lo que ha generado la protesta del gobierno de Chisinau. Sin embargo, Rusia declaró que ese consulado depende de la Embajada rusa en Moldavia y que sirve a los intereses de los ciudadanos rusos desplazados en la zona y a sus soldados. No obstante, desde el Gobierno transnistrio se ha esforzado mucho por dinamizar y armonizar las leyes de Rusia en el territorio a través de la aplicación de la ley rusa y la derogación y prohibición de leyes que contradigan la legislación rusa, así como la oficialidad de la bandera de Rusia (aprobado por El Consejo Supremo de la República de Transnistria a iniciativa de su Gobierno).

Baza rusa en Europa Central

Cabe preguntarse si Transnistria es un Estado de reconocimiento limitado que actúa como un Estado libre asociado (como Puerto Rico, por ejemplo) o es una República federativa rusa extraoficial.
Sin embargo, en este maremágnum, Moscú usa el conflicto para asegurarse que Moldavia –y más tras la actual guerra de Ucrania no hará movimientos hacia Occidente (ingreso en la UE o la OTAN), ya que eso implicaría que Rusia reconocería a la República ya estabilizada a nivel administrativo y con capacidad de defenderse por sí misma y de atacar en conjunto con las fuerzas rusas desplegadas en la zona desde los años noventa.

Moscú usa el conflicto para asegurarse que Moldavia no intentará ingresar en la UE o la OTAN

De hecho, Transnistria sirvió como pinza a Ucrania durante mucho tiempo junto con las fronteras rusas y bielorusas, situación que se agravó para Kiev con la independencia de Donetsk y Lugansk y la adhesión de Crimea a Rusia. De hecho, se ha reportado una calma muy tensa en esas regiones del occidente de Ucrania que lindan con Transnistria.
Manifestación de oposición en Chișinău en enero de 2002. El texto de la inscripción dice "Pueblo rumano-idioma rumano".

Manifestación de oposición en Chișinău en enero de 2002. El texto dice «Pueblo rumano-idioma rumano»Kramar / Wikimedia Commons

En paralelo, Rusia también ha luchado por hacer que el conflicto se solucione proponiendo un estatus de autonomía amplio, pero asimétrico, de Transnistria que dejaría a Tiraspol a merced de Chisinau. Salvo por el hecho de que el parlamento de la región autónoma de Transnistria tendría derecho de veto sobre cuestiones constitucionales, de tal forma que protegería sus derechos sociales, étnicos, culturales e históricos y la formulación de la estructura territorial y administrativa del estado.
A día de hoy eso es lo que defiende Rusia en un proceso lento de pacificación que sigue el modelo moldavo de gagauzia y que podría acabar con el conflicto. Sin embargo, Moscú, y más en estas circunstancias, es consciente de que mantener una Transnistria independiente y con fuerzas armadas rusas en el territorio es un as en la manga que no va a dejar pasar y menos ahora con las duras sanciones y la guerra contra Ucrania. En todo caso Transnistria, si la cosa empeora y los Moldavos pretenden recuperar el territorio a las malas, tendrían su propia guerra ya que para Rusia Donetsk y Lugansk en Ucrania es como Transnistria en Moldavia: una cuestión estratégica irrenunciable.
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