03 de diciembre de 2022

Neptuno presenta ofrendas a Venecia, Giambattista Tiepolo 1748–50, óleo sobre lienzo, 135 × 275 cm, Palacio Ducal de Venecia

Neptuno presenta ofrendas a Venecia, Giambattista Tiepolo 1748–50Didier Descouens / Wikimedia Commons

El poder económico de Venecia: de perderlo todo a convertirse en centro turístico

Venecia pasó de ser una potencia mundial a una simple ciudad en decadencia. De todo a casi nada. Sin embargo, la nobleza veneciana supo amoldarse a las nuevas circunstancias

Durante este período Venecia no tuvo una expansión como el resto de Europa. Esta falta de expansión puede resumirse en dos causas. Italia, como estado unificado, no existía. Tendremos que esperar hasta 1870, época en la cual se unificó. Así, durante la expansión de Holanda, Francia, Inglaterra, Portugal y España, sobre todo en la vertiente colonizadora –Italia se quedó atrás, y Venecia se concentró más en la agricultura de la terra ferma que en conquistas coloniales, y uno de los motivos que provocó esta falta de interés colonial fue que Venecia ya había poseído colonias mucho antes que los países anteriormente mencionados–. No obstante, durante este período fue un puerto comercial muy importante junto con los de Génova, Estocolmo, Ámsterdam, Londres, Lisboa y Sevilla.
De 1600 a 1800, Venecia, junto con Vizcaya, fue un puerto potente, por lo que se refiere a los astilleros, al tener un excelente suministro de madera, materia prima fundamental para la construcción de barcos.
El norte de Italia, un gran productor textil durante años, vio cómo sus industrias quedaban reducidas a la insignificancia. Venecia produjo más paños a finales del siglo XVI que a finales del siglo XVIII. La caída de la producción entre 1614-50 confirma la crisis en la cual quedó inmersa Venecia. A todo esto hay que añadir las plagas del 1576-77 y 1630 provocaron penurias en la mano de obra, obligando a los nobles a dejar las ciudades y trasladando la industria a terra ferma. Esto supuso que la población, al desarrollarse, chocara contra un techo fijo de producción agrícola, que afectara la muerte negra y las incesantes guerras y que se diezmara la economía del país.

El declive de la economía

En 1602 Venecia perdió el comercio de las especies, pasando a manos inglesas y holandesas. La industria textil empezó su declive. Perdió la primera categoría como impresora de libros ante la renovación de la Iglesia Católica. Ámsterdam se convirtió en el centro de seguros marítimos en el continente, seguido de lejos por Venecia y Génova. A su favor tenía un comercio intenso de obras de arte, espejos, porcelanas y productos elegantes. La guerra de los Treinta Años privó a Venecia de sus más importantes mercados. El rebaje de la ley de la moneda turca incrementó el coste de la seda y del algodón para los venecianos.
Durante los siglos XVII y XVIII la economía veneciana se desdobló, quedando reducida a un papel de distribución regional, y de la ciudad engalanándose con espléndidos palacios a lo largo del Gran Canal, cafés, salas de juego y fastuosas celebraciones pre cuaresmales que duraban meses enteros, óperas, comedias y todo tipo de diversiones. Venecia se convirtió en una ciudad turística conforme sus acaudalados propietarios alejaban el capital del comercio para dedicarlo a la agricultura.
Industrialmente, Venecia poseía tres sectores fuertes: astilleros, vidrio y encajes, y pieles. El Arsenal se convirtió, con el tiempo, en la única gran industria de la ciudad al trasladarse el resto a terra ferma. En el Arsenal se construían dos tipos de barcos: Armeta grossa, (buques de vela) Armeta soltile (buques de remo).
En el siglo XVIII se trasladó la fabricación del vidrio a Murano, para evitar posibles incendios. En el siglo XVII el gobierno había prohibido el uso del oro y la fabricación del vidrio rojo. Esta práctica, fundir oro para obtener el color rojo, dañaba irremediablemente los pulmones, ocasionando la muerte en pocos meses. Es curioso leer el estatuto de Murano: «Si un soplador de vidrio llevara su conocimiento a otro país, en detrimento de la República, recibirá la orden de regresar. Si rehúsa hacerlo, sus parientes más próximos serán puestos, de modo que el sentido familiar del prófugo le induzca a volver; si a pesar de ello persistiera en su desobediencia, se tomarían medidas secretas para eliminarlo, dondequiera que se encuentre». Los artesanos estaban bien pagados y disfrutaban de grandes privilegios. Eso sí, no podían salirse de las leyes marcadas.
Los encajes de Burano no estaban hechos con bolillos sino cosidos. Aunque fue un gran comercio, los encajes casi desaparecieron, volviendo a resurgir en pleno siglo XX. Las pieles se curtían o confeccionaban en la Giudeca. El promedio de fabricación de paños de lana durante el siglo XVI fue de unos 28.000. Esto hacía que funcionaran unos 800 telares. Debido al conflicto que hubo con Francia, entre el 1793-96 Venecia tuvo que cerrar 482 telares. Con esto, en el 1799 solamente quedaban 374 telares abiertos en toda la ciudad, los cuales, poco a poco, fuero cerrando.
Para vivir con honor en Venecia hacían falta 1.500 ducados por año. Este nivel sólo lo tenían 40 familias. Las 47 familias inscritas en el Libro de Plata debían conformarse con menos. Ahora bien, el sueldo base de un obrero era de 160 liras anuales. De ellas 30 eran para la vivienda, 80 para comida y 50 para la vida cotidiana. El resto para el ahorro.
Venecia paso a ser una potencia mundial a una simple ciudad en decadencia. De todo a casi nada. Sin embargo la nobleza veneciana supo amoldarse a las nuevas circunstancias. Ya que ellos habían perdido casi todo y no poseían el suficiente capital como para salir fuera, decidieron transformar la ciudad para convertirla en un centro turístico con toda una serie de diversiones lo suficientemente interesantes como para que la gente acudiera. Con eso consiguieron aumentar su economía y lograron que los demás países dejaran parte de su capital en la ciudad, sin tenerse ellos que mover para conseguir dicho dinero. Además hubo un enriquecimiento de la ciudad gracias a la agricultura y a la construcción de naves. Esa fue la gran visión de futuro: la creación de una economía paralela gracias al turismo, por una parte, y la entrada de nuevas divisas a través del juego. Mientras los otros peleaban, Venecia ganaba.
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