30 de enero de 2023

Romualdo Alvargonzález

Romualdo AlvargonzálezFundación Alvargonzález

Romualdo Alvargonzález (1951-2022)

Naviero, empresario, financiero y filántropo asturiano

Llegó a ser Teniente de Navío, pero con 30 años vuelve a la empresa familiar a desarrollar labores ejecutivas junto a sus hermanos. Mantuvo siempre su vínculo con la Armada

Romualdo Alvargonzález icono
Nació el 21 de diciembre de 1951 en Gijón y ha fallecido el 31 de diciembre de 2022 en Cartes, Cantabria

Romualdo Alvargonzález Figaredo

El amor por el mar, la Armada y la empresa

Fue un empresario ejemplar que gracias a su buen criterio, siempre consultado con su equipo, supo ganarse al socio más complejo. Su vocación como marino le hizo mantener una vinculación con la Armada que le otorgaría la Gran Cruz del Mérito Naval en 2017

Romualdo Alvargónzalez era uno de los 11 hijos de Juan Alvargonzález de la Buelga (marino y naviero) y Dominica Figaredo Sela (de familia de la minería y la banca). Consolidó y desarrollo los negocios familiares, siempre conservando los valores heredados de su padre, focalizados en una empresa naviera que era de carácter local cuando los hermanos la recibieron de su padre, Naviera Alvargonzález S.A. , y participaciones financieras principalmente en Banco Herrero e Hidroeléctrica del Cantábrico potenciándolos hasta conseguir convertirse en una multinacional que engloba transporte de graneles a través de ERSHIP, inversiones financieras en EDP, energías renovables e inmobiliarias en USA y España. Era un hombre tremendamente empático, como consecuencia de vivir en su niñez con una familia muy numerosa, no solo de hermanos, también de primos. Heredó de sus progenitores el amor por el mar, la Armada y la empresa.
Mientras preparaba su ingreso en la Marina Española, cursó el primer año de económicas, pero al igual que su padre fue en la Armada Española donde se forma como persona y se embebe de los valores castrenses, llegando a teniente de Navío. Es en este momento donde con 30 años vuelve a la empresa familiar a desarrollar labores ejecutivas junto a sus hermanos, y es en este momento cuando decide acabar la carrera de Ciencias Económicas que había iniciado. Pero nunca abandonará su estrecha vinculación y su colaboración activa con la institución de la Marina, como lo demuestra el que le fue concedida la Gran Cruz del Mérito Naval 2017. Y es que era una persona que hizo suyos los valores de la Armada, ya transmitidos por su padre a todos los hermanos, y que influyeron de forma decisiva en la manera de hacer de la empresa familiar, con un sentido del cumplimiento del deber, una disciplina, una integridad, lealtad con sus socios y empleados.
Presidió la institución filantrópica fundada por su padre, www.fundacion-Alvargonzález.com y gestionada por su hermana Cecilia, continuando la labor benefactora ya iniciada con becas y premios relacionados con la Armada, y su historia, apoyando a instituciones como Museo Naval de Madrid, impulsando exposiciones en sus locales de Cimadevilla y promoviendo interesantes conferencias y publicaciones. Amante del arte asturiano y de todo lo relacionado con el desarrollo de la vida cultural de Gijón.
Hombre discreto, solidario, prudente, de profundas convicciones religiosas, y espartano en sus aficiones personales, he tenido la suerte de conocerlo, aprender de él en lo profesional, disfrutando también de su amistad, gracias a la estrecha relación empresarial que siempre unió a nuestras familias. Han sido muchos años juntos en España, Portugal, Brasil, República Dominicana, USA... Gracias a su buen criterio, siempre consultado con su equipo, su serenidad y prudencia en la toma de decisiones, de honestidad intachable, siempre supo ganarse la confianza y el respeto del socio o inversor más complejo.
Humilde en lo profesional, nunca buscó reconocimiento alguno que no fuera para «Alvargonzález», y como buen militar, consciente de la fugacidad de la vida, deja un equipo bien pertrechado, una empresa muy sólida y diversificada, y lo más importante, su orgullo, su vida, su hija Pilar, de la que siempre hablaba, con su carrera acabada y trabajando, lo decía, henchido, empavonado.
También disfrutaba hablando de sus hermanos, desde Juan, el mayor, hasta Gonzalo, el más pequeño a los que adoraba. De sus aficiones, qué decir: todas aquellas en las que tuviera tiempo para estar con sus amigos, y ahora más, era una máquina de hacer planes, ya se veía traspasando el testigo a las nuevas generaciones y con tiempo para volver cruzar otra vez el Atlántico a vela, como lo hizo en su día en el Juan Sebastián Elcano siendo guardiamarina.
Murió en la carretera pensando en disfrutar con sus amigos de un día de campo. Se le cruzó un remolque de heno en su carril, una fatalidad. No fue un golpe de mar. Se hubiera aproado. Y luego como él sabía hacer, tomaría la voz y pondría la caña en la vía.
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