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23 de junio de 2024

El puntalAntonio Jiménez

Sánchez utiliza la guerra de Putin como excusa

El Banco Central Europeo retira estímulos y asoma por el horizonte el fantasma de la estanflación, pero ello no ha sido obstáculo para que Sánchez en otro alarde de irresponsabilidad haya anunciado el gasto, sin anestesia, de más de 20.000 millones de euros para políticas de igualdad

Actualizada 04:04

Sostengo desde hace tiempo que Sánchez tiene un jardín en salva sea la parte y mientras que no se marchiten las flores que le brotan en el lugar exacto donde la espalda pierde su casto nombre, a los demás nos seguirán dando por retambufa y él continuará cómodamente instalado en La Moncloa encontrando excusas y culpables a los que responsabilizar de su mala gestión política o económica. Sánchez lo aprovecha todo, ya sea la pandemia o la guerra de Putin, para descargar en los demás sus propios errores y problemas. La debilidad de la economía española no es por culpa de la maldita guerra de Putin como aseguró en el Congreso mientras reprochaba al PP la utilización del conflicto para atacarle. Con un desparpajo estratosférico y una jeta a prueba de hormigón armado no dudó en sentenciar lo siguiente: «Es importante decir la verdad a los ciudadanos. La inflación, los precios de la energía son única responsabilidad de Putin y de su guerra ilegal en Ucrania. Es la verdad señorías»(sic). La guerra de Putin no es el desencadenante del alza de los precios en España como asegura Sánchez pero es cierto que ha influido en una escalada alcista desde su inicio. Por tanto Sánchez no dijo toda la verdad y mintió en parte una vez más.

Las consecuencias económicas derivadas de la invasión rusa en Ucrania son menos graves en los países que habían recuperado sus PIB previos a la covid. No es este el caso de España que venía arrastrando los pies de la recuperación con un crecimiento mucho menor del que el Gobierno había previsto, de forma voluntarista y mentirosa, en unos Presupuestos Generales del Estado muy cuestionados por instituciones y organismos económicos y financieros, nacionales e internacionales. Es sabido que España sufrió la mayor caída europea del PIB por la covid y no había conseguido llegar al nivel previo a la pandemia. La guerra de Putin, ese salvavidas al que ahora quiere aferrarse Sánchez, como excusa de su deficiente gestión para justificar la irresistible escalada de los precios y la renqueante situación económica es el epítome de los muchos errores cometidos previamente por el Ejecutivo.

Antes de que los tanques rusos entraran en Ucrania la tarifa eléctrica alcanzaba subidas históricas nunca antes conocidas, la gasolina superaba el euro y medio por litro, algunas fábricas habían decidido parar temporalmente sus producciones ante la imposibilidad de hacer frente a los costes de la energía y la inflación venía incrementándose desde el segundo trimestre de 2021 hasta dispararse tras el verano con datos preocupantes: los precios subieron en octubre un 5,4 por ciento, en noviembre 5,5 por ciento, en diciembre 6,5 por ciento y han escalado en febrero al 7,6 por ciento. España sufre la mayor inflación de las grandes economías de la Unión Europea.

Mucho antes de que la guerra lo complicara y agravara todo, el Gobierno había fiado las expectativas del crecimiento del PIB a los fondos de recuperación europeos en medio de una notable incertidumbre sobre la falta de transparencia y los criterios de reparto. Además había desconfianza entre los inversores por las previsibles subidas de impuestos generalizadas y por leyes intervencionistas como la de la vivienda. Previo al inicio de la invasión rusa en Ucrania empezaba a ralentizarse la creación de empleo y se le había advertido al Gobierno sobre la inconveniencia de indexar la subida de las pensiones al IPC, precisamente por la presión constante y en aumento de los precios. Ahora nos encaminamos hacia una posible economía de guerra, el Banco Central Europeo retira estímulos y asoma por el horizonte el fantasma de la estanflación, pero ello no ha sido obstáculo para que Sánchez en otro alarde de irresponsabilidad haya anunciado el gasto, sin anestesia, de más de 20.000 millones de euros para políticas de igualdad.¡¡Miles de millones de euros en manos de la incompetente e inconsistente ministra de Igualdad que dice, sin tener idea de lo que significa, que a Putin se le para los pies con una diplomacia de precisión!! Que el último apague la luz.

Esos son los hechos ciertos, señorías, no las medias verdades y alguna mentira absoluta con las que el presidente del Gobierno trató de engañar y confundir a los ciudadanos desde el Congreso endosándole al sátrapa ruso la responsabilidad sobre los males de la economía española. Ya hemos dicho que Sánchez pasará a la historia como uno de los políticos que miente con mayor sinceridad. Ahora que hemos sabido que protagoniza una serie documental de varios capítulos para Netflix, filmada dentro y fuera de La Moncloa sobre su actividad presidencial, sugiero a los productores que no le den muchas vueltas al título de la serie y se inspiren directamente en el que se tradujo para España de una simplona y divertida comedia del histriónico actor canadiense Jim Carrey: «Mentiroso Compulsivo».

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