02 de julio de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Ayuso lo tiene claro

Mantiene un plus que la distingue en su partido: al final es la única gran figura del PP que se atreve a desafiar abiertamente el rodillo mental de la izquierda

A Isabel Ayuso le tocará ver pasar desde el andén el primer tren rumbo a la Moncloa del PP post Casado, porque Feijóo es el maquinista lógico y natural tras las cuatro mayorías absolutas consecutivas que luce en su palmarés.
Pero la presidenta de Madrid tiene 43 años. En el futuro podría llegar también un tren para ella. El plus que habla a su favor es que Ayuso continúa ofreciendo algo que escasea en su partido: es la única gran figura del PP que se atreve a desafiar abiertamente el rodillo mental de la izquierda. Y eso es muy relevante, porque en contra de lo que piensan algunos autores, al final lo que mueve el mundo son las ideas, no las hojas Excel. Si no se discute el imperio ideológico del mal llamado «progresismo», nos quedaremos en la aceptación de la mediocridad, de la igualación a la baja y hasta en el ensalzamiento de la pura gandulería como ingrediente de una vida buena. La secretaria general de Podemos, la hija de Verstrynge, una chica bien de la izquierda volteiriana (en este caso de Zadig&Voltaire) nos acaba de explicar que «la cultura del esfuerzo genera fatiga estructural y ansiedad». Es decir, lo positivo y sano es tocarse la zanfoña y que el providencial Estado intrusivo nos pastoree.
Ayuso protagonizó este lunes un desayuno-debate de este periódico, que tuvo lugar en los salones del Palace, y allí dejó una frase que lo dice todo para quien tenga las orejas un poco abiertas: «La economía es lo primero, pero no puede ser lo único». En ese espíritu, advirtió que «hay que defender un modo de vida frente a los que quieren fabricar otro país». Recordó la importancia de «combatir ideas tóxicas». Me agradó que señalase que cuando a los chavales solo se les ofrece adocenamiento y mediocridad, cuando «no se les inculca el esfuerzo», lo que se obtiene es «una juventud cada vez más sola y deprimida».
El nuevo PP va adoptando un cariz tecnocrático y piensa que para intentar pescar votos en el centroizquierda es preferible no mojarse con los cruciales debates morales. En ese contexto reservón en lo moral, se agradece la desenvoltura con que la presidenta de Madrid defiende la importancia de las causas de «la libertad y la vida».
Tras el atolondrado festival manirroto de Sánchez, Calviño y Montero, ajustar la economía será una operación de urgencia, porque las arcas públicas están en la UCI. Pero si te conformas con cuadrar un poco las cuentas –dejando intacto todo el marco mental que nos ha llevado a este despilfarro que es la subcultura del subsidio y la igualación a la baja– al final solo habrás recauchutado un poco una rueda que está condenada a volver a reventar en el próximo bache. Ayuso propone subirnos a un coche nuevo, que deje atrás los códigos socialdemócratas («del socialismo se sale», repite con gracejo irónico, como si estuviese hablando de una droga dura). Feijóo, por ahora, está más bien por cambiar las bujías y el aceite y tunear un poquito la carrocería, pero para continuar montados en el vehículo que ha dejado diseñado el PSOE. Probablemente, le sirva para ganar las elecciones y echar a Sánchez, que es la prioridad absoluta ahora mismo de este país. Pero después habrá que elegir entre Lampedusa y Thatcher.
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