19 de agosto de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Salobreña

Incluso un senegalés se puede hacer madrileño aun habiendo entrado en España ilegalmente y dedicándose a vender productos falsificados en una actividad comercial fraudulenta. Pero Macarena Olona, no

Mis amigos más hondos y cercanos saben que he tenido en mi vida dos purísimos ideales de mujer, Sharon Stone y María Eugenia Rufino. La primera, por su inmarchitable belleza, y la segunda, por su empaque y sagacidad política. La sagacidad, eso tan complicado. Tuve un amigo, ya fallecido, marqués y todo, vecino de Tresgrandas, barrio de La Franca, oriente de Asturias, que a pesar de dar en la báscula más de 126 kilogramos de peso, se casó con una bellísima mujer, una rubia despampanante, veinte años menor que él, a la que en su ciudad natal, Gijón, denominaban 'La Interpol'. Mi amigo dedujo que semejante apodo tenía mucho que ver con la natural sagacidad de su joven esposa, a la que él llamaba 'Cuchi Cuchi' en plan cariñoso. Al fin, un mal amigo le sacó de su error y le contó la terrible realidad. A su 'Cuchi Cuchi' le decían 'La Interpol' porque llevaba registradas en sus tetas todas las huellas dactilares de la mitad, al menos, de los varones de Gijón, Villaviciosa, Colunga, Avilés, Cudillero y Vegadeo. La sagacidad nada tenía que ver en el asunto.
Sí, en cambio, en María Eugenia Rufino, alcaldesa socialista de Salobreña, provincia de Granada. Me mostraron hace diez años una fotografía de ella y lo aventuré: «Esta mujer será alcaldesa en el futuro». Gesto amable pero firme, cabello anaranjado, mirada dulce al tiempo que acerada, y cuerpo erguido. Debo reconocer que quedé mucho más que anonadado contemplando su imagen. Pero me olvidé de ella hasta que, pocos días atrás, se convirtió en noticia.
Salobreña es un precioso municipio granadino, bañado por el río Guadalfeo. Fue reconquistado en tiempos de Boabdil el Chico, por las tropas cristianas al mando de don Francisco Ramírez de Madrid en 1489. Todo son fechas. Al más grande, junto a don Narciso Yepes, guitarrista español, don Andrés Segovia, el Rey Juan Carlos I le concedió el título de marqués de Salobreña en 1981. Don Andrés y don Narciso consiguieron que la guitarra española se consolidara como instrumento de concierto de música clásica. Y el Rey Juan Carlos le hizo marqués de Salobreña, aunque don Andrés era natural de Linares. Pero ya había un marqués de Linares, y el Rey eligió Salobreña, lo cual ensalzó aún más a la bella localidad granadina. Y al cabo del tiempo, fue democráticamente elegida alcaldesa de Salobreña mi María Eugenia Rufino.
Hace unos meses se empadronó en Salobreña Macarena Olona, candidata a la presidencia de Andalucía por Vox en las próximas elecciones. Sucede algo extraño con doña Macarena. El PP, el PSOE y las encuestas no le conceden ninguna opción de éxito, pero el PP y el PSOE no quieren ni debatir ni competir con ella. Y por medio del comisario Bolaños, el Goebbelsuco de Sánchez, se ordenó a María Eugenia Rufino que anulara el registro de Macarena Olona para impedir su participación en las elecciones. Previamente, María Eugenia Rufino había afirmado que el empadronamiento de la señora Olona en Salobreña respondía íntegramente a la legalidad. Pero Bolaños, el Goebbelsín de la Moncloa, ordenó lo contrario, la Rufino obedeció, la Junta Electoral desestimó la anulación prevaricadora, y ahora mi alcaldesa favorita se enfrenta a una querella por prevaricación que puede costarle una pena de quince años de inhabilitación.
Es decir, que ha quedado mi segundo sueño purísimo como una sumisa tramposa.
Pero me sigue extrañando lo que preocupa al PP y al PSOE, que se presente a las elecciones una mujer a la que no le reconocen ni la más mísera opción de victoria. Y que la Moncloa sea el motor de esa persecución a quien ningunean los dos grandes partidos nacionales, aunque uno de ellos, de nacional tiene lo que yo de catarí. Un español puede empadronarse allá donde quiera cumpliendo sencillos requisitos. Incluso un senegalés se puede hacer madrileño aun habiendo entrado en España ilegalmente y dedicándose a vender productos falsificados en una actividad comercial fraudulenta. Pero Macarena Olona, no. Sí Echenique, sí Pisarello, y sí la dulce morita que pasea Yolanda Díaz. En fin, que explicaciones de qué y para qué, pero esto sí tienen que explicármelo. Y pedir perdón.
Bolaños, di algo. Te has cargado a mi purísimo sueño.
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