El pito guardado
Lo decía el formidable y mítico ganadero: «Los toros que me salen mal, no son malos, son alimañas». Y el Rey bastante hace con lidiar alimañas, y en ocasiones, cortándoles las dos orejas y el rabo, como hizo deteniendo con sus palabras el golpe de Estado en Cataluña
Me preocupa la desinformación de muchos españoles de buena voluntad que manifiestan su decepción por la actitud del Rey ante la invasión de Ceuta. El Rey no puede actuar sin el permiso del Gobierno. Cuando Don Juan Carlos se desprendió de todos los poderes heredados de Franco, asumió la Auctoritas de la Corona y su papel de árbitro. Don Juan, que no estaba de acuerdo con tan excesivo desalojo del poder en la persona de su hijo, lo resumió con una sentencia castiza: –Un árbitro sin pito–. Porque Don Juan hablaba, y muy bien, el español de Madrid. A una señora que le mostró su asombro por su acento chamberilero, Don Juan le aclaró su pasmo: –Soy de provincias, pero pasé mi infancia y mi primera juventud en la calle de Bailén número uno–. No hay manera más castiza de referirse al Palacio Real. Y al Palacio de la Granja en San Ildefonso.
El Rey Felipe VI es un escrupuloso cumplidor de la Constitución. Y reina en España con el peor Gobierno de nuestra Historia, plagado de traidores, analfabetos, trepadores, memas y tontos. Exceptuando a Zapatero, el Rey Juan Carlos tuvo mejores o peores Gobiernos, pero todos ellos inmersos en la lealtad a España y su Constitución. Ello le permitía algún desahogo. Me han preguntado si Don Juan Carlos, en una situación como la invasión de Ceuta, habría llamado a Mohamed. Probablemente sí, y se hubiera adelantado al permiso del presidente del Gobierno avanzándole su intención. –Dejámelo a mí, que esto lo arreglo yo–. Claro, que su presidente del Gobierno no era Sánchez, de lidia más difícil que un 'Victorino' con las peores intenciones.
Lo decía el formidable y mítico ganadero: «Los toros que me salen mal, no son malos, son alimañas». Y el Rey bastante hace con lidiar alimañas, y en ocasiones, cortándoles las dos orejas y el rabo, como hizo deteniendo con sus palabras el golpe de Estado en Cataluña. Ahí no tuvo que lidiar a una alimaña, sino a Rajoy, un manso que retrasó hasta lo indecible la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y cuando al fin lo aplicó, lo hizo con disfraz de suave masaje.
Al Rey no se le puede exigir que confunda su papel. Si Sánchez no hubiera metido, azuzado por Podemos, al criminal Brahim Galli, con pasaporte falso en España, la invasión de Ceuta no se habría producido. Pero si Sánchez, el psicópata de la egolatría, hubiese llamado al Rey para pedir su intervención, la respuesta inmediata de Don Felipe no se hubiera hecho esperar, y todos los desastres de nuestra actual diplomacia se habrían solventado con su llamada. Eso, la Auctoritas que se manifiesta en todos los actos, presencias y palabras de La Corona.
No obstante, y cumpliendo estrictamente con la letra y el espíritu de la Constitución, el Rey cuenta con un poder, que en casos o situaciones extremas que pongan en peligro la unidad de los territorios de España, puede ejercer sin que nadie le pueda acusar de extralimitación en sus funciones. No creo que sea el caso de Ceuta, que tarde y mal, poco a poco, se irá normalizando, aunque el adorado Biden de nuestros tontos se haya situado en el lado de los marroquíes.
El Rey es el único general y almirante de cinco estrellas de nuestros Ejércitos. Es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas españolas, y como su padre, Juan Carlos I, respetado y querido por sus soldados hasta extremos impensables en otros tiempos. Sucede que el cumplimiento de ese poder constitucional precisaría de un escenario de mayor gravedad que la invasión de Ceuta provocada por nuestro Gobierno alimañero. Pero ahí está, y si lamentablemente se produjera un conflicto de traición territorial protagonizado por los separatismos o el comunismo, no albergo duda alguna de que el Rey obedecería al mandato de la Constitución.
El único poder real del Rey. El único poder del árbitro. Y en este caso, Don Juan se equivocó. El árbitro puede hacer sonar el pito.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 20 de mayo de 2021