Fundado en 1910
Pecados capitalesMayte Alcaraz

El asesino en serie era elle

Ya se ha visto que las secuelas de estas políticas lunáticas es un retroceso brutal en igualdad y ante la violencia machista. Un maltratador solo tiene que decidir mientras desayuna que se siente más Julia que Julio para que se le aminoren las medidas reforzadas contra los agresores

La ingeniería social del sanchipodemismo ha dejado monstruos escalofriantes en España. Incluso después de que Pablo Iglesias e Irene Montero fueran depurados de las instituciones –si bien ella todavía mama de la suculenta teta europea–, su devastador legado sigue recordándonos que hubo un día en que parte de España votó dejar en manos de los terroristas la lucha antiterrorista, de los okupas la política de vivienda, de los depredadores sexuales la protección de nuestras víctimas, de los devotos de la cultura de la muerte las políticas de natalidad y los cuidados paliativos, de los xenófobos nacionalistas la solidaridad entre regiones, … en definitiva, de los muertos de hambre, el pan nuestro de cada día.

Así que este es el último capítulo del parte de destrozos: Joan Vila, uno de los asesinos en serie más abyectos de nuestro país, será en breve Aida Vila. Todos recordamos al conocido como celador de Olot, que fue condenado a cerca de 30 años de cárcel por acabar con la vida de once ancianas en la residencia donde trabajaba. Su modus operandi, entre otros métodos crueles, era hacer beber un líquido desatascador de tuberías para quemar las vías respiratorias de sus víctimas. Como buen criminal, ha decidido aprovecharse de la irresponsabilidad culposa de nuestros gobernantes de izquierda y desde prisión ha protagonizado una transición de cambio de sexo y conseguido que le trasladen al módulo de mujeres de la cárcel de Figueras, donde cumple condena. El tipejo sigue entre rejas y no se va a mover un ápice su abultado y justo castigo, pero ha decidido reírse a mandíbula batiente de nuestro sistema judicial –sobre todo, de las familias de aquellas señoras a las que mandó a la tumba– y, estafando a la sanidad pública que pagamos todos, va a ser sometido a un tratamiento quirúrgico de cambio de sexo, intervención que se le realizará en la misma cárcel.

De su capacidad de simulación e impostura da cuenta que el juzgado de vigilancia penitenciaria y la Audiencia de Gerona le han denegado el tercer grado en base a informes que le atribuían «encanto superficial y capacidad de manipulación, mostrada para conseguir sus intereses». De hecho, no muestra arrepentimiento por las atrocidades que cometió y como premio nos disponemos a sufragarle el enésimo fraude de ley. La criatura que hoy quiere seguir mofándose de todos nosotros ya ha conseguido salir del módulo masculino, donde no era precisamente el más popular, para disfrutar de la compañía de otras internas, mientras sigue siendo un hombre, no una mujer, acogido a la aberrante ley de las Montero, Pam y Belarra.

Pero el esperpento no acaba ahí. El conocido como asesino de Halloween, que intentó matar a una chica de 22 años en Barcelona, también ha comenzado un tratamiento hormonal que le convertirá en Mari Pili en el Registro Civil y, consiguientemente, en el DNI. Todo convenientemente pagado por la Seguridad Social, claro. Hay un tercero, que violó, mató y quemó a dos mujeres agentes de la Policía Nacional en Hospitalet, que también ha requerido cambiar su biología en la misma cárcel, malbaratando a los médicos que deberían atender en los hospitales públicos a enfermos que no son la escoria de la sociedad como estos carniceros.

Ya conocíamos que, gracias a la Ley Trans de 2023, que permite la rectificación registral del sexo sin necesidad de informes médicos, psicológicos ni tratamientos hormonales, numerosos aspirantes a oposiciones de los Bomberos o de la Policía Municipal han logrado ser evaluados con los baremos de la mujer para reducir la exigencia física. Esta norma borra la categoría biológica «mujer» y ha sido contestada por los sectores feministas del PSOE. Pero Pedro Sánchez, lejos de revocar la ley, terminó purgando a compañeras como Carmen Calvo o Adriana Lastra que consideraban inaceptable el cambio legislativo. Es decir, el presidente del Gobierno es el principal responsable de que esté vigente esta perversión. Esta ignominia.

Ya se ha visto que las secuelas de estas políticas lunáticas es un retroceso brutal en igualdad y ante la violencia machista. Un maltratador solo tiene que decidir mientras desayuna que se siente más Julia que Julio para que se le aminoren las medidas reforzadas contra los agresores. Los derechos de las personas transexuales ya estaban protegidos, siempre que se dieran unas circunstancias de aval médico y seguridad jurídica imprescindibles. Hasta que llegaron elles a destrozar nuestro Código Penal, nuestra convivencia, nuestro sentido común y, además, la necesaria reparación moral de las víctimas.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas