05 de julio de 2022

En los milagros eucarísticos se analiza la presencia de tejidos y sangre humana, como el de Lanciano o el de Buenos Aires

En los milagros eucarísticos se analiza la presencia de tejidos y sangre humana, como el de Lanciano o el de Buenos Aires

Los milagros eucarísticos desde Egipto en el siglo IV hasta el Buenos Aires del Papa Francisco

El Misterio del Pan y el Vino consagrados en la Misa es un desafío para la fe, y se topa con sucesos extraordinarios que la ciencia analiza para certificar la presencia de carne y sangre humanas

La Eucaristía es quizá el gran misterio del cristianismo. Un Misterio sobre el que hay división entre protestantes o anglicanos, de un lado, y católicos y ortodoxos, de otro lado. La Iglesia católica afirma que, bajo las especias eucarísticas del pan ázimo y el vino con unas gotas de agua, está otra substancia: el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo. Como alguna vez comentó Benedicto XVI, la hostia consagrada que comulgan los cristianos es el de Cuerpo de Cristo resucitado. Por el contrario, las confesiones protestantes asumen que el sacramento es un mero símbolo, un memorial.
La dificultad que entraña creer de verdad que el pan y el vino consagrados son carne y sangre de Cristo se ve compensada a lo largo de la historia con diversos ejemplos de devoción. En unos casos, se ha remarcado tanto la divinidad del sacramento, que se ha limitado su acceso. Durante generaciones, se hubo de guardar un ayuno eucarístico –que no admitía ni la ingesta de agua– de varias horas. En el catecismo de San Pío V incluso se indica la abstinencia del uso del matrimonio durante tres días. En los misales previos a las reformas de Pío XII –reformas de los años finales de su pontificado– se contemplaba la posibilidad de la celebración de misas sin comunión de los fieles. Por el contrario, y como sucede en la actualidad, la devoción pone el acento en la necesidad de acercarse al Santo Sacramento e incluso de comulgar a diario.

Sangre AB y carne del corazón

En paralelo a los diferentes tonos de devoción, la historia de la Iglesia está jalonada de lo que se denominan milagros eucarísticos. Se suele destacar, como uno de los más antiguos, el de un lugar llamado Lanciano, acaecido en la Italia del siglo VIII. Un monje que dudaba sobre la presencia real de Cristo en la Eucarística vio cómo la Hostia se transformaba en carne y el vino del cáliz en sangre. Esa carne y esa sangre se han conservado hasta hoy, y han sido objeto de un estudio médico en 1970, con permiso de Roma y bajo iniciativa del obispo. Se evaluó todo lo posible, y por todos los medios disponibles: desde pruebas químicas, microscópicas o cromatográficas hasta determinación del grupo sanguíneo y detalles sobre proteínas y minerales. Según las conclusiones del análisis, se trata de tejido vivo humano de verdad: sangre AB y carne del corazón. En 1973 una nueva comisión científica, bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud, ratificó los datos.

Santa María Egipciaca

El listado de milagros de este tipo es abundante. El beato Carlo Acutis (1991–2006) se dedicó con fruición a documentar y catalogar todos los milagros eucarísticos de que se tenía constancia. Carlo comulgó a diario desde su Primera Comunión a los siete años. Los más antiguos milagros eucarísticos datan del Egipto de los siglos III–V, como el de Santa María Egipciaca, de quien, según algunas fuentes, se dice que caminó sobre el río Jordán para poder recibir la Comunión, de manos de San Zósimo. Santa María Egipciaca, tras una juventud dedicada a la prostitución, se convirtió y se entregó a la vida retirada en el desierto, donde se obraron estos prodigios. Este tipo de milagros eucarísticos –curaciones, portentos inexplicables, salvaciones de buques a punto de zozobrar– suponen una categoría propia.
la investigación científica del 'Milagro de Lanciano' mostro la existncia de sangre y carne humana

la investigación científica del 'Milagro de Lanciano' mostro la existencia de sangre y carne humana

Tejido humano

Ejemplos de sucesos documentados y de difícil explicación científica, relacionados con la Eucaristía, hay en abundancia en la Edad Media, pero se extienden a toda época y lugar: hablamos de un centenar largo, según el trabajo de Acutis. Desde Colombia hasta España, desde Austria o Bélgica hasta Croacia, Francia o Perú. Varios del siglo XX y también del siglo XXI. Por ejemplo, en la localidad polaca de Sokółka se cayó una hostia al suelo durante la comunión, en una misa celebrada en octubre de 2008. Se decidió, como sucede en otros casos, recoger la hostia y colocarla en un recipiente con agua –el que suele ubicarse junto al sagrario. Una monja guardó el cuenco en una caja fuerte junto con los cálices, y, al cabo de una semana, descubrieron que, unido al pan eucarístico, había emergido una especie de coágulo rojo. Un análisis histológico realizado tres meses después determinó que ese coágulo tenía todo el aspecto de ser tejido del miocardio.

Músculo cardiaco

Otro hecho muy similar sucedió cinco años después también en Polonia –en Legnica, para ser más concretos–, y el día de Navidad. Al igual que en Sokółka, una hostia consagrada cayó al suelo, la recogieron y dejaron en el recipiente con agua del sagrario. Al cabo de diez días, la hostia mostraba una mancha roja que se analizó un año más tarde. Según el estudio científico de dos institutos forenses distintos, resulta ser tejido humano con visos de «músculo cardiaco que muestra alteraciones similares a las ocasionadas durante una agonía».
Acontecimientos de características comparables se han reportado y analizado en Betania (Venezuela) en 1991, en Tixtla (México) en 2006, y en Buenos Aires durante los años 90. En el caso de Tixtla, no hubo que esperar a que una hostia se cayera por accidente, sino que, al repartirse la comunión a los fieles, una forma consagrada dentro del copón presentaba manchas rojas de sangre. Por su parte, lo llamativo de los sucesos de Buenos Aires es que se repitieron entre 1992 y 1996 en casi media docena de ocasiones. En aquellos años, desempeñaba su labor episcopal en la capital argentina –era obispo auxiliar– Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.
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