28 de noviembre de 2022

Gerhard Ludwig Müller

Gerhard Ludwig MüllerWikimedia Commons

Gerhard Müller: «El diabólico Nuevo Orden Mundial es una pesadilla hecha realidad»

El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial «tiene su origen en un pensamiento diabólico-destructivo y no teológico», según el cardenal Müller

Cuando alguien habla del Nuevo Orden Mundial piensa en teorías de la conspiración que a la gente no le interesan, siempre y cuando tengan sus comodidades aseguradas; sus series de Netflix, su comida de Glovo, etc.
Pero el que fuera el antiguo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, no es una de esas personas y sabe muy bien cuál es la situación que, sobre todo, afecta a Occidente.
En una entrevista en el medio Alemán Katholische Nachrichten, el Cardenal Müller conversaba con el periodista Lothar C. Rilinger sobre lo que los fact-checkers tildan de «teoría de la conspiración».
Parece ser que las 'agencias de la verdad' no han escuchado a los numerosos políticos internacionales que han empleado el término desde que George Bush lo empleó por primera vez en 1991 y que definía como un «sistema internacional basado en los valores estadounidenses y en el que EE.UU desempeñaría el principal papel como consecuencia de sus intereses globales».

¿Un Nuevo Orden Mundial?

Ante esta pregunta del periodista alemán, el Cardenal Müller daba una extensa respuesta, de la que cabe destacar lo siguiente:
«El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial, tiene su origen en un pensamiento diabólico-destructivo y no teológico».
«El programa de un Nuevo Orden Mundial bajo la condición de una economización total del hombre, en el que las élites financieras y políticas autoproclamadas quedan como sujetos pensantes y controladores, tiene el precio de despersonalizar a las masas. El ser humano es sólo el producto biológico en bruto que se actualiza en un ordenador, en una red total de información. Entonces ya no hay persona, no hay inmortalidad del alma, no hay ser vivo con corazón y mente, espíritu y libre albedrío. Sigue siendo una construcción sin hogar y sin esperanza».
«Esto implica la reducción del 99% de la población mundial a una biomasa astillada, a un material humano o a un grupo de consumidores, a bots. Los seres humanos sólo tienen tanto 'valor' (económico, no moral) como contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema de dominación y explotación».
Esa deshumanización no es más que el producto de un ser humano, concebido desde una perspectiva materialista (ya sea liberal o marxista), es decir, despojar al ser humano de toda realidad metafísica, despojarle de Dios; que vale en tanto en cuanto «contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema».

La guerra fría no fue más que la lucha de dos modelos de sistema materialista; despojando ambos a la sociedad de Dios y de toda realidad trascendenteCardenal Gerhard Ludwig Müller

Es decir, para el sistema occidental capitalista (al igual que para el comunista) el ser humano tiene valor si funciona y trabaja como un engranaje más en la gran maquinaria de producción mundial (recordemos que el comunismo también tenía pretensiones internacionales). ¿Ha demostrado la historia que un Estado o una sociedad sin Dios puede tener éxito? El Cardenal Müller, responde con claridad:
«Hannah Arendt, resumió el credo nihilista del siglo XIX con la palabra de Dostoievski: Todo está permitido cuando el hombre no cree en Dios como su Creador y su Juez».
«Desde el filósofo de la Ilustración Pierre Bayle (1647-1706) ha habido bastantes intentos de desarrollar una ética atea o evolucionista-materialista con el objetivo de desvincular la ética individual y social de su fundamento trascendente».
«Sólo la relación personal del yo con su juez divino [...] hace posible que la moral no sea una referencia a valores objetivos, sino una relación personal con el autor y epítome de lo verdadero y lo bueno».
El materialismo, en su vertiente liberal o en su vertiente marxista, es la filosofía que más daño ha hecho al ser humano.
La guerra fría no fue más que la lucha de dos modelos de sistema materialista; despojando ambos a la sociedad de Dios y de toda realidad trascendente. Lo único que les diferencia es la forma de materializar esa concepción nefasta del hombre.
Finalmente sólo quedó uno, y es quien pretende hacerse hoy con el poder global, a través de sus organismos, foros mundiales y sus agendas que disfrazan con caretas de filantropía; con esa ética «atea o evolucionista-materialista» de la que hablaba Müller. ¿Es el Nuevo Orden Mundial basado en el poder del mercado legítimo?
«Sólo el Hijo de Dios, que asumió nuestra humanidad, pudo cambiar el mundo a mejor de una vez por todas, porque venció el pecado, la muerte y el diablo y nos trajo el conocimiento y la salvación de Dios».
Gracias a la influencia económica las ideas de estas personas van calando en las sociedades a través de los Estados que dependen en gran medida de las empresas de estas personas. Se puede observar de forma muy gráfica cada vez que un político porta, con sumiso orgullo, el pin del circulito de colores (Agenda 2030).

¿Coartar la libertad de expresión?

El debate y la critica a esas políticas globalistas sufre la persecución mediática cada vez que sale a flote; algo lógico sabiendo que la gran mayoría de medios y plataformas de comunicación pertenecen a estos «filántropos».
El obispo Müller no escatima en calificativos para con quien hacen de mamporreros del sistema:
«Hoy en día, la palabra »conspiracionista« es un término de lucha ideológica utilizado por antifascistas retrasados mentales que llevan a cabo su «lucha contra la derecha», utilizando métodos totalitarios, es decir, «intimidando a los medios de comunicación, amenazando con la violencia, como por ejemplo contra los jueces del Tribunal Supremo que negaron el derecho humano al aborto».
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