05 de julio de 2022

valduero

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Estilo de vida

Un vino brujo para la noche de San Juan

Para saltar las hogueras de San Juan, no lo dudes, el blanco de Valduero es tu pócima sagrada

Vale, los romanos no son los celtas que hacían del solsticio de verano –y que casi coincide con nuestro San Juan– una fiesta pagana de purificación en torno al fuego y al agua, pero sí que son los culpables de que el vino brujo de esta noche sea el blanco de la uva albillo con la que poblaron de viñas las tierras que baña el río Duero.
Para saltar las hogueras de San Juan, no lo dudes, el blanco de Valduero es tu pócima sagrada. Primero, porque es bajo en alcohol, pero al tomarlo fresco –hazme caso, enfríalo sin miedo en una cubitera rebosante de bloques de hielo– porque la frescura hace que la sensación alcohólica sea aún menor y el trance por la boca sea propia de los Dioses celestiales a los que esta noche nos dedicamos.
Te lo aviso con tiempo para que en el fragor de la oscuridad, con la hoguera, el crepitar de las ramas y la sensación de hermandad no te vayas a poner melancólico, pero que sepas que te estarás bebiendo una uva milenaria, que plantaron los romanos por tierras recias castellanas y ellos sí sabían de fiestas, que las llevaban a un estado superior, ya sabes; orgías y bacanales, que no es el caso de esta noche.
Vino blanco

Vino blanco

Beberte la albillo es ingerir siglos de historia y, además, desde hace poco, está metida en la D.O. de Ribera del Duero y eso es subirla a otro nivel. Ya no es uva de mesa, ahora recibe el trato de Excelentísima uva. Es alucinante que estuviera llamada a morir, pero, gracias a las hermanas Viadero, que rescataron siete hectáreas de albillo en 1990, ahora es súper ventas. Sí, que vengan los chinos a saltar hogueras o hacerles fotos, es todo lo cerca que estarán de esta joya. Durante muchos años, tuvieron que comercializarla como vino de mesa y ahora es la marquesa de la zona con grandeza de España. Y es que mi amiga Yolanda Viadero, es cabezota –pero una ágil saltadora de hogueras– y claro, tuvieron que rendirse a sus pies los señores de la santa custodia y es ya es D.O. –Denominación de Origen–.
Frescura, aromas tropicales de piña y de todo lo que tu gusto te quiera evocar, pero olvídate de lo que ya conoces porque no es nada típico. Es chisposo y tiene esa pizca de carbónico natural que es la mismísima chispa de la vida. Y hazme el favor, bébelo en copa, ancha, larga, corta, en verde, azul o transparente, como quieras pero que sea de cristal. Si me paso por tu hoguera y te veo bebiendo mi admirado y brujo blanco albillo de Valduero en un vaso de plástico, mejor que no leas mi pensamiento porque desatarás la furia del dios celta Sucellos.
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