18 de agosto de 2022

Soldado ruso Severodonetsk

Un soldado ruso en un puesto de vigilancia junto a las ruinas de un barrio residencial de SeverodonetskAFP

113 días de guerra en Ucrania

La estrategia rusa de tierra quemada deja a 10.000 civiles atrapados en Severodonetsk

Ucrania trata de frenar el avance ruso mientras se enfrenta a la falta de armamento pesado

Como si de un espejo se tratara, el asedio a la ciudad de Severodonetsk se desarrolla como una repetición del de Mariúpol.
Según el gobernador ucraniano de la región de Luhansk, Serguei Haidai, ya casi en su totalidad bajo control ruso, al menos 10.000 civiles siguen atrapados en la ciudad de Severodonetsk.
La localidad es una plaza clave para las tropas rusas, no tanto para las ucranianas. Rusia necesita de forma imperante conquistarla para completar la ocupación del Luhansk y continuar su avance hacia la región de Donetsk.
Las tropas ucranianas, conocedoras de que el destino de la ciudad está firmado y que su caída, como lo fue la de Mariúpol, es cuestión de tiempo, tratan de ralentizar el avance ruso y causar el mayor número de pérdidas posible a las tropas rusas.
Ucrania juega la carta de tratar de agotar la capacidad ofensiva de Rusia cuanto antes para, a continuación, lanzar su publicitada contraofensiva.
Una capacidad ofensiva que no está claro que se llegue a agotar, pese a las enormes pérdidas de tropas rusas en su intento por conquistar Severodonetsk.
El gobernador Haidai reconoció que, aunque «el ejército ruso pierde cientos de combatientes, encuentra reservas y sigue destruyendo Severodonetsk».
No sólo en Severodonetsk, Rusia está demostrando que conserva en plena forma su capacidad de atacar objetivos alejados de su frontera y del frente del Donbás.
En concreto, en las últimas horas logró bombardear un almacén de armamento enviado a Ucrania desde Estados Unidos en la localidad de Zolochiv, en la zona occidental del país.
La contraofensiva ucraniana, sin embargo, no estaría enfocada en Luhansk y Donetsk, sino en las regiones de Jersón y Járkov.
Es en estas dos regiones donde las tropas ucranianas tienen más posibilidad de éxito. Si logran desalojar a las tropas rusas de estos territorios antes de septiembre o inmediatamente después del verano, Ucrania confía en que las tropas rusas colapsen y entren en un paulatino pero constante repliegue.
Para ello hay una condición esencial: Ucrania necesita armamento pesado. Kiev ha reclamado a sus aliados occidentales 500 tanques, 2.000 vehículos blindados, 300 sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple MLRS e HIMARS y 1.000 obuses.
Son cifras inmensas a las que los países occidentales se muestran reticentes a dar respuesta. Para Ucrania, en cambio, ese armamento es esencial para igualar sus capacidades ofensivas a las rusas y dar la vuelta a la tortilla.
En Kiev se duda de la voluntad real de Occidente, y en particular de las naciones europeas, de derrotar a Putin.
Las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, pidiendo «no humillar a Rusia» y su presencia en Kiev este jueves junto con el primer ministro italiano, Mario Draghi, y el canciller alemán, Olaf Scholz, hacen temer que los principales países europeos traten de forzar a Zelenski a ceder territorios a Rusia a cambio de poner fin a la guerra.
Esta estrategia derrotista no sólo ha exasperado al gobierno ucraniano. Tampoco en Polonia, que ve de reojo la invasión rusa a Ucrania con el temor de ser los siguientes, parecen gustar estas actitudes conciliadoras.
El presidente polaco, Andrzej Duda, contestó al presidente francés: «¿Alguien le habló a Adolf Hitler de esta manera? ¿Alguien dijo entonces que habría que ayudarle a salvar las apariencias?».
Por parte del gobierno ucraniano, el asesor del ministerio del Interior, Viktor Ansrusiv, respondió a Macron diciéndole que la salida a la guerra sin humillar a Putin «lo debería discutir con las niñas de 10 años violadas en Bucha» por las tropas rusas durante la ocupación de esta localidad de la periferia de Kiev.
No son pocos los que, en una Europa cada vez más polarizada por este asunto, analistas, políticos y periodistas recuerdan los intentos de aplacar a Hitler durante el acuerdo de Munich de 1938.
Entonces, Francia y Gran Bretaña obligaron a la antigua Checoslovaquia a aceptar la cesión de parte de su territorio para contentar a la Alemania nazi. Pese a ello, el 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi invadió Polonia y dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial.
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