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En primera líneaMiguel Rumayor

El fin del buenismo

Estos días la ideología buenista está feneciendo, quizá infartada como Dorian Gray, viendo su ridículo rostro reflejado en el espejo de la genuina bondad de León XIV. El Papa escribió su discurso como un epitafio en la bóveda del Congreso, el 'Requiescat in pace' de esta insoportable monserga

El buenismo es el bótox de la bondad. A primera vista produce turgencia, alisa los rostros y consigue el espejismo que desea. Se inyecta en la personalidad de los ciudadanos, perfilando una sonrisa pánfila y la mirada lela de la vaca rumiando. Está en el corazón de la ideología 'wokista', del comunismo identitario, del ecologismo deshumanizado y de todas las políticas de magdalenas y mandalas espurreadas por los parlamentos del país. Un fardo insoportable que ha contribuido a vaciar de valores cristianos nuestra sociedad. Destroza la libertad, inutiliza la educación, ataca la familia y convierte la cultura oficial subvencionada y su mundito basuril en el modo de vida de unos cuantos.

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El Debate (Asistido por IA)

Zapatero, el Papa Luna del buenismo en España, cae y arrastra consigo esta filfa y sus agotadoras chapas de voz quebrada sobre la relación conyugal entre el viento y la tierra y el socialismo de tener poco. Y con él sucumben otros apóstoles del buenismo, los oscuros candiles del moralismo marxista, en un mundo –su mundo– donde impera la maldad que ellos mismos provocan, la negación del fuero interior de cada persona y la extensión de la pobreza y el maltrato de la vida humana en casi todos sus ámbitos.

Conviene recordar que ser bueno no tiene nada que ver con ser buenista. Para ser bueno, de veras, hay que aventurarse a buscar la bondad. Significa entender que el fin no justifica los medios y que la bondad, sin el bien y la belleza, carece de sentido y no puede ser llamada bondad. El mensaje de León podría resumirse en esta frase: donde hay caridad sin justicia no hay caridad, y donde hay justicia sin caridad no hay verdadera justicia.

El bueno de verdad no juzga a los otros, piensen lo que piensen o hagan lo que hagan. Deja hablar y no es sectario, porque cree que nunca tiene toda la razón y, por eso, se abre a escuchar opiniones y puntos de vista distintos al propio. Ser bueno conlleva creer que la verdad existe, que no se posee y que, si uno quiere, coopera libremente con ella, y que para alcanzar el tesoro de su conocimiento se requiere recta voluntad y, en ocasiones, mucho trabajo. Ser bueno puede ser jodidamente duro, porque supone amar a los demás hasta que duela, como solía decir Teresa de Calcuta, quien por cierto nunca se creyó buena como aquel que en verdad lo es.

Si Zapatero cae al abismo no es porque ahora sepamos que era joyero. Tampoco porque, por su inmenso talante, haya asentado sus cuantiosos reales entre sinvergüenzas, dictadores y gentuza de la peor estirpe. Se despeña, tal vez, por destrozar nuestra Transición y su maravilloso espíritu de concordia y por tratar de instilar odio entre los nietos de la Guerra Civil. Por haberse pasado primero al PSOE y sus votantes, y después a todos los españoles, por el forro de su pacifismo huero y su inexistente sentido de la justicia social. Por visitar cárceles chavistas como quien recorre museos y, según recoge el informe de la UDEF, por robar la comida a los venezolanos más pobres. Se hunde, al fin, por ser un político moralista al que la moral no le importa.

Dice Alexis de Tocqueville en La democracia en América que un sistema de derechos y garantías no puede sostenerse sin un fondo moral sólido desde el que construir todas las instituciones. Ese caudal era el que tenía España desde 1978 y así hemos tratado de sacarla adelante con todos nuestros defectos como pueblo, hasta que apareció este bobismo dogmático.

Estos días la ideología buenista está feneciendo, quizá infartada como Dorian Gray, viendo su ridículo rostro reflejado en el espejo de la genuina bondad de León XIV. El Papa escribió su discurso como un epitafio en la bóveda del Congreso, el Requiescat in pace de esta insoportable monserga.

  • Miguel Rumayor es diputado de la Asamblea de Madrid
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