10 de agosto de 2022

Miles de docentes trabajan gratis o por cantidades mínimas en las universidades sin contratos ni seguridad social

El rendimiento del primer año y el origen socioeconómico afecta al abandono educativoPixabay

Educación

¿Por qué los universitarios tiran la toalla con los estudios?

La media de abandono de las universidades presenciales es del 13,5 %, aunque esta cifra se dispara hasta el 20,8 % al incluir las no presenciales y especiales

El abandono universitario supone un grave problema tanto por la frustración que genera entre los estudiantes como por el despilfarro de recursos públicos que provoca, que según diversas estimaciones podría situarse entre los 400 y los 974 millones de euros.
Según un informe difundido por el Ministerio de Universidades, el 13,5 % de los estudiantes presenciales abandona sus estudios antes de acabar el grado que cursa, pero si incluimos las no presenciales y especiales, esta cifra se dispara hasta el 20,8 %. No obstante, hay que diferenciar entre ambos perfiles, puesto que los alumnos online tienen unas características totalmente distintas.
Y es que los alumnos que estudian en universidades no presenciales suelen superar los 30 años y compaginan los estudios con el trabajo y la familia, reduciendo sus posibilidades de atender sus responsabilidades académicas. De hecho, la tasa de abandono en la UNED es de cerca del 60 % de los alumnos.
Hay dos motivos que influyen especialmente a la hora de analizar el abandono escolar: la trayectoria del estudiante y su origen socioeconómico. El primero resulta lógico, ya que cuanto mayor éxito tenga a lo largo de su vida académica, mayor probabilidad tendrá de continuar.
El asunto socioeconómico es otro cantar. Los estudiantes cuyos padres tienen estudios universitarios presentan menores posibilidades de abandono que los estudiantes cuyos progenitores varones no han logrado un título de educación superior. También influye la situación laboral del padre, penalizando más a los estudiantes cuyo progenitor se encuentra en situación de desempleo. Es decir, los estudiantes de origen más humilde tienen más difícil salir de esa rueda a través del sistema educativo.
También influye si la universidad se encuentra o no en la península. Tanto en Canarias como en Baleares hay una tasa de abandono muy superior a la media nacional. Esto se debe, entre otros motivos, a «las características de la economía y del mercado laboral de las islas, fuertemente orientados hacia el turismo y el sector servicios, que ofrecen trabajo a personas sin cualificación universitaria», señala la autora.

Mayor abandono para los becados

En otro de los puntos del estudio, Fernández-Mellizo destaca que los alumnos con beca tienen mayor probabilidad de abandono que aquellos no becados. La autora justifica esta aparente contradicción a que los estudiantes, a pesar de la ayuda que reciben, «tienen una situación de vulnerabilidad social y económica mayor que sus compañeros».
«Hay que tener en cuenta que las becas se suelen resolver y cobrar meses después de empezado el curso e, incluso, la parte variable hacia el final de curso. Además, los becarios con bajo rendimiento pueden perder la beca y esto les hace especialmente vulnerables al abandono», apunta.

Apostar por el rendimiento temprano

Para reducir el abandono universitario, Fernández-Mellizo propone, entre otras recomendaciones, desarrollar dentro de las universidades programas especiales para estudiantes con mayor riesgo de abandono y aumentar la cuantía de las becas para compensar el «coste de oportunidad» que supone para estos alumnos estudiar.

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