02 de julio de 2022

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El traje de gitana: trucos y curiosidades del único atuendo regional que cambia sin cesar

El traje de gitana, flamenca o faralaes, como se le quiera llamar en cada ciudad, tomó su forma actual entre 1895 y 1920, siendo oficial a partir de los años 30

¿Ysi le dijeran que el traje de maño cambia cada temporada o que el atuendo de las falleras tiene colecciones y fluctúa según modas? Va a ser que no. Como en tantas particularidades, a los andaluces nos gusta enredar. En el mejor sentido de la palabra, por supuesto. Las andaluzas tenemos un traje regional que cambia cada año con las modas y tendencias, algunas de ellas –las tendencias– tan traicioneras que pueden revelar fácilmente el año en el que se elaboró la prenda en cuestión. Y eso en Sevilla es grave porque allí toda la que puede se hace uno por año, mínimo. Venga, vamos a por un breve resumen de la historia del traje de gitana, sus piezas y curiosidades.
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Todo comenzó con las largas batas cuajadas de volantes en telas de lunares con las que acudían las gitanas a las ferias del ganado repartidas por toda Andalucía. Era a mediados del siglo XIX y ellas trataban de engalanarse para ir cómodas en las largas citas comerciales más importantes del año, cuando gitanas y campesinas acompañaban a sus maridos a vender o comprar ganado, grano o alguna otra cosa.

Como en tantas ocasiones en la historia, la moda fue de la calle a los salones

En realidad, ya por 1850, la moda era protagonizada en Europa por los vestidos cuajados de volantes, bien representados por la andaluza emperatriz francesa Eugenia de Montijo. Y como en las ferias de ganado las gitanas pusieron de moda un tipo de vestido similar al antiguo traje de «maja» –algo entonces pasado de moda–, la burguesía local les copió el estilismo. Como en tantas ocasiones en la historia, la moda fue de la calle a los salones.
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El traje de gitana, flamenca o faralaes, como se le quiera llamar en cada ciudad, tomó su forma actual entre 1895 y 1920, siendo oficial a partir de los años 30, ya acompañado de su mantoncillo de flecos, su abanico, su collar, sus flores en el pelo y sus peinetas. La ocurrencia de la gran Iberoamericana de Sevilla en 1929 dio un fuerte impulso a la consolidación del «traje de gitana» como atuendo femenino andaluz por antonomasia.
Y lo que entonces se convirtió en traje regional pasó con los años a representar al mundo del flamenco, a la ropa de feria festiva y a convertirse en una moda con sus tendencias y estilos, hecho que impulsa hasta la fecha a las andaluzas a seguir renovando su repertorio anualmente para no quedarse antiguas en el corte, número de volantes, tipo de escote, estilo de mangas, dibujos de los tejidos o colores de moda.
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Con las visitas de Jackie Kennedy y Grace Kelly a Sevilla, ya en el siglo XX, hubo un duelo total de estilo, moderado por la duquesa de Alba, que era quien las recibía. Grace vistió un traje de gitana no muy largo, algo que se llevaba por entonces y Jackie prefirió montar a caballo como un hombre, vestida de corto. Ambas guapísimas pero enzarzadas por ver quien era la reina de los Estados.
La moda flamenca ha inspirado a creadores como Givenchy, Balenciaga, Galliano, Valentino o Yves Saint Laurent, y representa además como ninguna otra la imagen de España en el mundo.
Y ahora entre nuestras mejores creadoras patrias de vestidos de flamenca está Fabiola, que desfila o hace presentaciones privadas a las clientas. Fue ella la responsable de los vestidos de faralaes de Máxima de Holanda y sus hijas cuando visitaron Sevilla hace unos años.
Máxima de Holanda y su familia vestidos con vestidos de faralaes de Fabiola

Máxima de Holanda y su familia vestidos con vestidos de faralaes de Fabiola

Lourdes Montes, la mujer de Francisco Rivera, y Rocío Terry forman un dúo estupendo en Miabril, ya que recuperan los vestidos de otras épocas, las modas más clásicas e intemporales con deliciosos accesorios. Incluso Eugenia Martínez de Irujo se apuntó en primera fila a su desfile. Miabril ha abierto tienda en Sevilla este año y sus vestidos son flamencos flamencos.
Y Juana Martín es desde hace años un brutal referente del traje de gitana, con cortes impecables y casi que diría inigualables, además de tener incursiones en el mundo de la moda de calle y la costura.
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