02 de julio de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Napoleonchu en Palacio

Imagino que a los progres como Napoleonchu llevar un arma –aunque sea blanca– les produce rechazo. Así que llevan el tahalí vacío. Que a mí me parece como si los indios apaches luciesen el carcaj vacío de flechas. Esto es lo que hay

Ayer fue la recepción anual de SS.MM. los Reyes al Cuerpo Diplomático acreditado en España. El acto tiene lugar en el Salón del Trono, el más importante del Palacio Real –como es obvio– y se acude a él con las máximas galas –si es que las tienes–. Lo de Albares ayer fue especialmente penoso. Realmente no sé si Napoleonchu al que hoy nos informa en estas páginas Alfonso Ussía que también han bautizado como Piojete fue aconsejado en su indumentaria por la que dice que es su asesora de libre designación para protocolo, Irene Rodríguez, o ella no tuvo tiempo de asistirle por estar muy ocupada organizando su nueva vivienda.
Lo que más llamaba la atención es que el jefe de la diplomacia española sólo tuviera una ¡UNA! condecoración que ostentar después de 22 años de carrera diplomática. Es casi imposible ser diplomático y tener tan pocas después de más de cinco lustros de ejercicio profesional. O quizá las tiene tan menores que prefería no ponérselas. Pero eso sería una afrenta a los embajadores de los países acreditados en Madrid –y presentes en el Palacio Real– que se las hubieran otorgado. Suponiendo que hubiese alguno que también lo había condecorado. En el Extracto de Hojas de Servicio de 2010, el último que he podido consultar, Napoleonchu no tenía ni una de ninguna clase. Quiero imaginar que su breve estancia como embajador en la República Francesa le habrá ameritado alguna. Lo que me deja pasmado es que haya podido hacer el feo a nuestros vecinos.
Sí llevaba una única condecoración, la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica. Pero cuando sólo te pones una condecoración, lo menos que podía haber hecho su asesora de protocolo era asegurarse de que no la llevaba torcida, como se aprecia en las fotos que era el caso.
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EFE/JUAN CARLOS HIDALGO

Supongo que Napoleonchu quiso dar un signo de modernidad y pacifismo al ponerse el tahalí sin espadín. El tahalí es la pieza de cuero que, pendiente del cinturón, sostiene el sable o el espadín. Imagino que a los progres como Napoleonchu, llevar un arma –aunque sea blanca– les produce rechazo. Así que llevan el tahalí vacío. Que a mí me parece como si los indios apaches luciesen el carcaj vacío de flechas. Esto es lo que hay. Un absurdo intento de demostrar buenismo y corrección política.
Pero lo que más me pasmó de como se uniformó ayer el ministro de Asuntos Exteriores fue el que decidiese no ponerse los guantes del uniforme. Los guantes se usaron toda la vida para no transmitir enfermedades en el saludo –es posible que Napoleonchu no se aprendiera ese punto del temario de la oposición–. Así que en estos días en que el Gobierno decreta que tenemos que ponernos mascarilla por salir por la puerta de la calle, quien se pone un uniforme que tiene guantes, y con los que podría dar la mano a todo el cuerpo diplomático acreditado en Madrid, decide no usarlos. Él no está para dar la mano al embajador del presidente de la República Francesa, al del Emperador del Japón o al nuncio de Su Santidad, que además es el decano del Cuerpo Diplomático, mal que les pese. Napoleonchu no se rebaja a eso.
Eso sí, la mascarilla firme e impasible el ademán.
P.S. Algunos días hay que comentar uniformes y condecoraciones para no hablar del ridículo que el ministro de Asuntos Exteriores hizo perpetrar ayer al Rey pronunciando un discurso en el que delante de todo el Cuerpo Diplomático hizo una referencia específica al conflicto bilateral con Marruecos. Y sin que estuviese presente la embajadora marroquí, que sigue en su país. Inverosímil. Este ministro no sabe la diferencia entre lo bilateral y lo multilateral. Ni siquiera ponerse el imperdible de la condecoración. No paramos de mejorar.
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