02 de octubre de 2022

Unas líneasEduardo de Rivas

Moreno, entre Ayuso y Mañueco

No sorprende que el PP haya conseguido darle la vuelta en cuatro años a la inercia de Despeñaperros para abajo, que no era otra que la de votar al puño y a la rosa lloviera, tronara o hiciera sol el día que había que ir a las urnas

Aunque marchara de Andalucía cuando no sabía ni multiplicar, no oculto mis raíces. Tampoco podría, porque las eses finales que olvido pronunciar son más que evidentes para el que no tiene el oído hecho al acento del sur. Pero digo con orgullo de dónde vengo; lo hacía cuando se nos tachaba de paletos, vagos y aprovechados que solo querían dormir la siesta y lo hago ahora que Andalucía se ha convertido en una comunidad de referencia. Y como andaluz, hablo con conocimiento de causa.
Andalucía ha cambiado en cuatro años. La creación de empresas ha subido, el paro ha bajado -aunque tiene que hacerlo más-, los eventos se multiplican… y hasta Obama va a Málaga a dar una conferencia y no a bañarse en la playa. Lo que se percibe cuando ahora se habla de Andalucía es diferente, Juanma Moreno ha mejorado la economía, pero sobre todo ha cambiado la perspectiva que se tiene de la comunidad y eso es lo que le agradecen los andaluces.
El 80 % aprueba la gestión del presidente de la Junta según la encuesta que publicamos hoy en El Debate y esa es una cifra muy alta para alguien que está en el poder, ya sea de un partido o de otro. Por eso no sorprende que el PP haya conseguido darle la vuelta en cuatro años a la inercia de Despeñaperros para abajo, que no era otra que la de votar al puño y a la rosa lloviera, tronara o hiciera sol el día que había que ir a las urnas, sin pararse a pensar en los ERE, los cursos de formación o el dinero gastado en prostíbulos a costa del contribuyente.
Moreno ha logrado invertir el sentido del voto y eso ya es un éxito histórico para el PP en Andalucía, pero todavía puede rematar la jugada. Cuando queda una semana para el 19-J, está en la frontera de sumar más que toda la izquierda y poder gobernar en solitario. Si lo consigue, a Moreno se le pondrá cara de Ayuso; si no, se parecerá más a Mañueco y tendrá que pactar con Vox. Salga como salga, Andalucía ganó hace cuatro años y lo volverá a hacer el domingo.
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