La muselina
Este texto espero que sirva a los futuros amantes de no confiar en exceso en sus queridas
Don Cenobio había llegado a un acuerdo con su mujer para hacer compatible la infidelidad de su amante.
Su amante se llamaba Blancanieves, como la del cuento, y ella a él le llamaba Cen, porque consideraba que Cenobio era un nombre muy ordinario.
Un día Blancanieves le pidió a Cen un regalo nada habitual; quería tener una isla en el Egeo, como Onasis con Eskorpios, y compró una isla que era diminuta y sin posibilidad de servicios, y la llamó Alakranas.
Cenobio pisaba los 80 años y Blancanieves los 40. La fortuna de la familia estaba perfectamente repartida y Cenobio había acumulado millones y millones de pesetas elaborando tartas de boda con el mensaje «para la novia y el novio, las tartas de don Cenobio».
El éxito fue espectacular y don Cenobio consiguió encajar en las bodas de miles y miles de personas sus «tartas de don Cenobio». Fueron tantas las bodas, y después primeras comuniones y bautizos, que, si bien es cierto que fallecieron muchos clientes, acumuló una gran fortuna.
Ella le dijo una tarde: Cen, estoy deseando conocer nuestra isla y Cen corrigió sus intenciones; mira Blancanieves esa isla la hemos comprado aunque no servía para nada, porque tu querías tener una como la de Onasis, pero claro, es imposible. Creo que lo único con vida que hay en nuestra isla Alakranes, son una pareja de gatos famélicos y eso porque Alakranes no tenía ningún ratón.
Blancanieves, que era bastante ordinaria, liberó a Cen de visitar la isla a cambio de un viaje a Nueva York en soledad. Cen, sólo te pido un favor, que mi muselina (confundió la limusina con la muselina), sea blanca y muy grande y el chófer muy negro y perfectamente uniformado.
Volvió con toda clase de cachivaches, ropas y recuerdos, entre ellos una reproducción en oro macizo de la estatua de la libertad, que fue la causa fundamental de la muerte de don Cenobio, porque en un momento de iracundia no dominada, Blancanieves agarró por la base la estatua de la libertad y le abrió la cabeza.
Este texto espero que sirva a los futuros amantes de no confiar en exceso en sus queridas.
Toda una vida triunfando con las tartas y acabar de esta manera…
Una oración por su alma.