26 de septiembre de 2022

Prisionero de guerra ruso en Ucrania

Prisionero de guerra ruso en UcraniaAFP

Día 171 de guerra en Ucrania

Filtran denuncias de familias de combatientes rusos: «No sé de quién es el cuerpo que enterramos»

El ejército ruso debe hacer frente a cientos de familias enfurecidas por el abandono de sus hijos en el campo de batalla

Sofía, la novia del soldado ruso Anatoly Nikolaevich, habló por última vez con su novio el 23 de febrero de 2022, un día antes de que se iniciaran la invasión a Ucrania. La siguiente vez que lo vio sólo era un montón de carne calcinada.
Durante meses Sofía había intentado localizarlo. Las llamadas a su unidad eran innumerables y siempre le decían que estaba bien, pero que no podía hablar con él.
Finalmente, sin dar explicaciones, el ejército pidió el 13 de abril a los padres de Anatoly una muestra de ADN. El soldado había muerto tras sufrir quemaduras mortales. Sólo quedaba de él un cuerpo irreconocible con el 90 % del cuerpo carbonizado.
La familia nunca recibió una explicación del modo en que falleció el soldado. No hubo testigos de la muerte. Tampoco recibieron nunca el resultado de la prueba de ADN. Aun así, celebraron el funeral y enterraron el cadáver.
A finales de marzo, la novia de Anatoly lo reconoció en unas imágenes de televisión de prisioneros de guerra rusos en manos del ejército ucraniano.
«Me dirigí a la Oficina del Defensor del Pueblo y ofrecí mi ayuda para rescatarlo junto con los demás capturados. Sin embargo, me pidieron el documento de la morgue, un documento que tienen los padres de Anatoly», narró Sofía.
Para su sorpresa, los padres del soldado se negaron a cooperar. Habían dado por muerto a su hijo y «estaban contentos con la compensación monetaria».
La denuncia de Sofía, realizada ante la fiscalía militar rusa, es una de las muchas que se han publicado tras una investigación conjunta entre The Insider y Bellingcat.
Los testimonios y las denuncias reflejan el mal estado en que luchan los soldados rusos y la violación sistemática de las reglas de la guerra que realiza el ejército ruso en Ucrania.

Crucero Moskva

La mayor parte de las quejas de las familias rusas es por falta de información sobre el estado de sus hijos, hermanos o padres.
Entre las denuncias filtradas hay varias que hacen referencia a marineros perdidos en la explosión del crucero porta misiles Moskva, hundido el 14 de abril en el mar Negro tras un ataque ucraniano con misiles Neptune.
«Mi hijo, Kozyr Akim Aleksandrovich, nacido el 23 de febrero de 1999, fue llamado a filas el 18 de octubre de 2021». «Nunca firmó un contrato. Lo enviaron a participar en unos ejercicios en el crucero Moskva. Por el momento, no tengo información sobre él. Por favor, hágame saber el paradero de mi hijo», dice desesperado un padre.
Un segundo caso: «Mi hijo, Tarasov Mark Mikhailovich, nacido el 24 de octubre de 1997, hizo el servicio militar obligatorio en el crucero Moskva. En la noche del 14 de abril, el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa recibió un mensaje de que se había iniciado un incendio, lo que provocó que la munición detonara, y la tripulación fue evacuada por completo. En la tarde del mismo día, se informó que el crucero se había hundido. Hasta ahora no sabemos si nuestro hijo está vivo».

Como perros

En muchas denuncias, el enfado de las familias hace que se eleve el tono a pesar de ser cartas enviadas a la fiscalía militar: «Entiendo que esto es el ejército, pero no se puede tratar a nuestros hijos como si fueran perros».
«Les pido que tomen medidas contra los comandantes de unidades sin escrúpulos y los devuelvan al territorio de la Federación Rusa», dice la hermana de otro soldado.
Las denuncias de actuaciones irregulares en el ejército son constantes: «Como padres, creemos que nuestros hijos fueron enviados de manera fraudulenta a participar en la ‘operación militar’ y ahora sus vidas corren peligro. Les pedimos que encuentren a nuestros hijos desaparecidos y que los lleven urgentemente a un lugar seguro».
Muchas de las denuncias, de hecho, se refieren a la firma fraudulenta de contratos ilegales que ataban al ejército a jóvenes que hacían el servicio militar.
Uno de los reclutas firmó el contrato convencido de que era para trabajar en la orquesta del Ejército. Lo que firmó en realidad fue un contrato como tirador. Nada más firmar, lo enviaron al frente.
En la investigación se filtraron también denuncias de los propios soldados que cuentan cómo se enteraron de que habían sido enviados a la guerra, y no a participar en ejercicios, cuando ya se encontraban en territorio ucraniano.
También son frecuentes las denuncias de saqueos, robos y violencia incluso contra la propia población rusófona que supuestamente iban a proteger.
Uno de los testimonios es de una familia rusa que vive en la región ucraniana de Donetsk ocupada por las tropas rusas: «Somos ciudadanos de la Federación Rusa, mis abuelos, rusos, ciudadanos de la URSS. Pero la brutalidad que experimentaron mis familiares por parte del ejército ruso no se puede ocultar». «¿Vinieron a protegernos o a robarnos y matarnos?».
En otra denuncia, un ucraniano prorruso narra indignado que, en su pueblo, en la región de Luhansk, los soldados rusos «se llevaron un botín de 15 coches llenos de cosas robadas hacia un lugar desconocido. Los vehículos iban armados con ametralladoras y con la marca militar de la letra ‘V’».
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