07 de julio de 2022

Post-itJorge Sanz Casillas

Qué pena de Telediario

Tengo un amigo –bastante más talentoso que yo– que si hubiera estudiado ruso en las horas que La Sexta dedicó al contrato del hermano de Ayuso hoy le llevaría los asuntos a Vladimir Putin

Desde que la nueva política vino a traernos la ejemplaridad que casi nunca se aplicó, vivimos una época en la que primero se demanda y después se pregunta. La Fiscalía Anticorrupción ha archivado su investigación sobre el contrato de mascarillas del hermano de Ayuso con la Comunidad de Madrid y resulta inevitable acordarse del tiempo perdido, de la pena de Telediario y de esa nueva doctrina según la cual todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. El «calumnia que algo queda» se ha visto reemplazado por el «tú denuncia y ya veremos», en una versión pegajosa del «lo hacemos y ya vemos» de la peli La llamada.
Aunque las causas judiciales tienen más vidas que un gato, hoy Anticorrupción sostiene que Ayuso no intervino en la contratación y que por tanto no hay caso. Qué hacemos ahora con Casado y Egea, que se fiaron de un papel que les llegó al despacho para ir a la guerra contra el principal activo electoral de su partido. Qué hacemos con PSOE, Podemos y Más Madrid, que son los que fueron al juzgado al calor de la trifulca en Génova. Qué hacemos incluso con las páginas de periódico y con las horas de tertulia. Tengo un amigo –bastante más talentoso que yo– que si hubiera estudiado ruso en las horas que La Sexta dedicó a tratar el tema hoy le llevaría los asuntos a Vladimir Putin.
En este periódico ya se contó que los excesos cometidos en pandemia tienen muy poco recorrido legal por las propias circunstancias del momento, y que convirtieron la compra de material sanitario en una odisea en la que, como en las guerras, «valía» prácticamente todo.
Contamos que incluso José Luis Ábalos no tendrá mayor problema por encomendar a una empresa de cuatro empleados un contrato de 53 millones de euros. O que incluso Salvador Illa saldrá indemne pese a regar con cientos de miles de euros a compañías de las que no se conoce ni la dirección ni su función social. ¿La diferencia? Que la cofradía de los pulcros nunca puso la lupa sobre ellos. ¿La razón? Que ni Ábalos ni Illa tienen la proyección electoral de Isabel Díaz Ayuso. Y que, puestos a jugar la partida, mejor comerse a la reina que a los peones.
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