19 de agosto de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Las pistolas de Blas de Lezo

No hay pruebas documentales de ello, pero la tradición familiar sostiene que estas pistolas, fabricadas por un armero inglés, fueron rendidas a Blas de Lezo por el almirante Vernon antes de zarpar en retirada de Cartagena hacia Jamaica

Palabras pronunciadas por el autor en el acto de donación al Museo Naval del Caribe en Cartagena de Indias de una réplica exacta de las pistolas de Blas de Lezo que se conservan en el Museo Naval de Madrid.

No les oculto que hoy es un día muy emocionante para mi mujer, Mónica Prado, y para mí y les estamos muy agradecidos por este acto. Yo visité Cartagena de Indias por primera vez en mayo de 1994, hace casi tres décadas. Entonces La Heroica estaba muy abandonada. A lo largo de los últimos 28 años esta ciudad ha recuperado su esplendor por el esfuerzo de los colombianos y con la ayuda, permítanme decirlo, de España. Y qué menos debía hacer la Madre Patria. Porque a mí me gusta decir y repetir que Cartagena de Indias es la ciudad más española del mundo. Aquí he vuelto muchas veces con amigos que no la conocían. Y no hay para mí mayor placer que acompañarlos a descubrir Cartagena.
Sin duda es de la mano de Patricia y Carlos Julio Ardila con quien más veces hemos venido Mónica y yo, puntual siempre su invitación al Hay Festival. Pero fue con Nohra y Andrés Pastrana con quienes primero conocí a fondo esta ciudad que me sigue conmoviendo. Y fue aquí donde el 2 de diciembre de 2001 el presidente Pastrana, que me había otorgado la nacionalidad, me tomó juramento. Y lo hizo en el fuerte de San Juan de Manzanillo con la sola compañía de Camilo Gómez y de mi hoy difunta mujer, Clara Isabel de Bustos. Ustedes saben mejor que yo que San Juan de Manzanillo fue el lugar en el que el 5 de abril de 1741 Blas de Lezo, el leal teniente general de la Armada del Rey Felipe V, ordenó que se concentraran a los miembros de la Armada que se replegaban de Bocachica. Desde allí reorganizó sus tropas para reforzar las fortificaciones y creó grupos combinados con indios flecheros a los que apostó en lugares estratégicos, para dar la batalla contra las tropas del almirante Edward Vernon. El hombre al que el Rey Jorge II de Inglaterra había dado la orden de conquistar Cartagena, la Puerta del Imperio en Tierra Firme. Todos sabemos cómo acabó aquella batalla y lo que supuso para España y para Nueva Granada.
Cuando yo vine por primera vez a Cartagena jamás había oído mencionar el nombre de Blas de Lezo. Sin duda por incultura mía. Pero también porque era una figura absolutamente desconocida para la inmensa mayoría de los españoles, que no sabemos honrar la memoria de nuestros héroes. Y de hecho, Blas de Lezo fue el único de los defensores de Cartagena cuya gesta no fue reconocida por el Rey, que dio crédito a las difamaciones del virrey Sebastián de Eslava, que jamás aceptó el mando de Blas de Lezo en la defensa de la ciudad.
El gobernador del Estado de Bolívar, Vicente Blel con Ramón Pérez-Maura ante la reproducción de las pistolas de Blas de Lezo donadas por éste al Museo Naval del Caribe en Cartagena de Indias.

El gobernador del estado de Bolívar, Vicente Blel, con Ramón Pérez-Maura ante la reproducción de las pistolas de Blas de Lezo donadas por éste al Museo Naval del Caribe en Cartagena de Indias

En mis sucesivas visitas a Cartagena fui descubriendo la figura de Lezo y lo empecé a estudiar. Desde que juré mi nacionalidad en el fuerte de San Juan de Manzanillo, quise buscar alguna forma de manifestar mi gratitud a esta ciudad por el honor de permitirme convertirme en colombiano en este lugar. Y hace unos años se dio una circunstancia verdaderamente única. Mi buen amigo Javier Barcáiztegui, marqués de Tabalosos y descendiente de Blas de Lezo, tenía en su poder, por herencia familiar, las pistolas de Blas de Lezo. Javier hubiera querido estar aquí hoy, pero no ha podido ser.
La trazabilidad de las pistolas es relativamente sencilla: doña Ignacia de Lezo y Pacheco, hija de don Blas de Lezo, contrajo matrimonio con el primer marqués de Tabalosos, don Eugenio Fernández de Alvarado y Colomo. Y por esa vía las pistolas han pasado de padres a hijos hasta mi amigo Javier, que es el VIII marqués de Tabalosos. Son unas pistolas que no es común ver porque no son pistolas de salón, que es lo que normalmente llamamos «pistolas», sino que lo son de combate y por tanto de gran envergadura.
No hay pruebas documentales de ello, pero la tradición familiar sostiene que estas pistolas, fabricadas por un armero inglés, fueron rendidas a Blas de Lezo por el almirante Vernon, antes de zarpar en retirada de Cartagena hacia Jamaica. Se las habría enviado al almirante Lezo por medio de un bote de órdenes. El pasado sábado se cumplieron 281 años de la victoria de Blas de Lezo. Recordemos que ésta fue la última de cuatro batallas que libraron Vernon y Lezo: se habían enfrentado en la batalla de Vélez-Málaga en 1704 en la que Lezo, a los 15 años, perdió su pierna izquierda; en 1705 en la captura de Barcelona; en 1708 en la batalla de Mahón y posteriormente comenzaron una correspondencia entre ellos de la que se conservan algunas cartas.
Señoras y señores, gracias. Gracias por permitirme hacer este pequeño regalo al Museo Naval del Caribe y muchas gracias por permitirme tener el orgullo de ser colombiano.
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